"Pan..., pan..., pan...". El tenor José Manuel Zapata comienza estas páginas con el latido de un corazón, el redoble de entre unas 160 y 180 pulsaciones por minuto de un feto durante la octava semana de gestación.. "Pan..., pan..., pan...". El mismo ritmo del allegro vivace que divide el réquiem de Verdi. "Pan..., pan..., pan...", escribe Zapata para demostrar que la melodía, la música, tiene su origen en el instante en el que comienza la vida. 

Así lo describe y desarrolla Zapata en Música para la vida. From Bach to Radiohead (Planeta), un libro en el que el cantante propone una visión personal de la música al mismo tiempo que confecciona una aproximación divulgativa que ahonda en su propia vida para explicar una vocación: desde sus años de niño poco aventajado para el solfeo en un barrio obrero de Granada con vistas a un patio de luces, el hallazgo de la voz de Gardel y las actuaciones espontáneas que arrancaban aplausos entre las vecinas. Cantar, dice, lo hacía feliz.

Tardó quince años en convertirse en músico profesional, cuando a los 18 comenzó a cantar como parte de un coro e inició luego su carrera en solitario. Con más de dos décadas sobre los escenarios, Zapata ha actuado en el Metropolitan Opera House de Nueva York, el Teatro Real de Madrid, el Gran Teatro del Liceo de Barcelona, el Rossini Opera Festival, la Ópera de Berlín, el Teatro Chatêlet de París, el Semperoper de Dresden, el Teatro Massimo de Palermo, el Theater an der Wien de Viena, la Deutsche Oper Rhein o el Palais de Beaux Arts de Bruselas. 

Expansivo, eléctrico y enérgico, Zapata no sólo representa papeles líricos, también crea espectáculos que le permitan disfrutar la música y acercarla al gran público. Ha escrito y co-dirigido los montajes Barrockeros, Óperame, Los Divinos, El hombre que se llamaba Amadeus, From Bach to Radiohead, el Concierto para Zapata y orquesta o Del Revés. En Zapata el elitismo no existe, aunque eso no lo exime de dar al público una aproximación más elaborada de lo que la música supone y así lo transmite. Es habitual escuchar su voz y su participación como colaborador en medios como Onda Cero y más recientemente en el programa De Pe a Pa (RNE), de Pepa Fernández. 

Zapata Tenor
El cantante lírico Zapata Tenor publica el libro Música para la vida. Clara Rodríguez

Los intérpretes se esfuerzan por divulgar la música. Desde Pavarotti o Monserrat Caballé en su momento, hasta ahora Ainoa Arteta o usted… ¿por qué permanece la idea de la ópera como algo elitista?

Lo estamos intentando, cada vez más. En el mundo de la música sinfónica, a los músicos de orquesta les gusta mucho hacer discos y les cuesta abrirse. Tenemos muchos prejuicios hacia lo que se debe y lo que no se debe hacer. Eso es un problema. Pero cada vez hay más cantantes de ópera que procuran salir e intentan permear la sociedad. Nos ven como unos bichos. ‘Qué normal eres’, me dicen a veces. ‘Pues claro, normal’, contesto. La soprano española Ainhoa Arteta ha procurado hacerlo, con Masterchef. El tenor italiano Luciano Pavarotti comenzó a hacerlo. Lo pusieron verde con los tres tenores: que si están bajando la ópera a la tierra; que, si cómo se le ocurre interpretar en espacios abiertos, eso debe de hacerse en un teatro. La verdad es que yo me aficioné a la ópera y la música por ese tipo de conciertos. 

Cada vez hay más cantantes de ópera que procuran salir e intentan permear la sociedad"

Plácido Domingo, que comenzó cantando zarzuela, también ha tenido un arraigo popular.

De hecho, conocí a Plácido cantando tango. En el caso de Monserrat Caballé, ella se convirtió en la única soprano, además de María Callas, a la que todo el mundo conoce. Fue por cantar con Fredy Mercury aquel Barcelona. Ya vino luego Hijo de la luna.

¿De existir un fiel de la balanza, sería la crítica especializada la que aleja al espectador promedio? ¿Es la responsable de que se descompensen las cosas?

A veces leo críticas especializadas que parecen autopsias. Mi duda es a cuánta gente del gran público le interesan esas disecciones de lo que ocurre en un escenario y que muy pocas veces reflejan la función en sus aciertos. Siempre hablan de los problemas. Nunca del disfrute, ni lo que ha salido bien.

Me interesa el allegro vivace al que alude. Lo musical como un tempo, pero también como forma anímica, incluso como una impronta vital. 

Ese es el tempo en el que late el corazón de los fetos en la octava semana de gestación. Fue lo primero que escuchamos de mi hija María cuando el ginecólogo puso el aparatillo sobre el vientre de su madre. Son tres PAM por segundo, alrededor de unas 160 pulsaciones por minuto: la vida y la música comienzan ahí. Es el ritmo. Al igual que la melodía, la vida también tiene ritmo. 

¿Cómo exactamente?

Eso lo demuestra el Dies Irae, que es una de las mejores partes del réquiem de Verdi, que te pone los pelos de punta. Es una misa de difuntos y tiene justo esa misma cadencia del alegro vivace. Es una forma onírica de entender que la música nos acompaña siempre: desde que llegamos a la vida hasta que nos marchamos a otro sitio. 

¿Es decir, prima la musica… dopo le parole?

Brava. Es muy buena esa expresión italiana.  De hecho, tampoco se sabe si primero comenzamos a cantar antes que hablar. Si primero hubo sonidos antes que palabras. 

Espero que este silencio, este año de sordera que hemos tenido que aceptar a la fuerza nos sirva para apreciar nuestro patrimonio y nuestras orquestas"

El 2020, el año Beethoven, fue muy extraño. Fue, literalmente, un año sordo. ¿Cree que era necesario 

Ha sido un año de silencio. Que es parte de la música y el año Beethoven justamente ha pasado así. Lo bueno de la tecnología es que tienes el concert hall. Facilita que las obras estén bien grabadas. Nos hemos agarrado al año Beethoven digital. No nos quedó más remedio. Espero que este silencio, este año de sordera que hemos tenido que aceptar a la fuerza nos sirva para apreciar nuestro patrimonio y nuestras orquestas. Siempre lo digo: ‘Cuidad las orquestas, esta gente es vuestro patrimonio. Ha dado su vida para daros felicidad, emoción y para que hagáis un montón de cosas con la música que ellas os ofrecen’. Espero que este año haya servido para poner en valor esa labor que tienen en la sociedad. Cruzo los dedos.

Zapata Tenor
Zapata Tenor canta para los lectores de Vozpópuli. Clara Rodríguez

No ha habido ningún director español en el Concierto de Año Nuevo, uno de los mayores escaparates divulgativos de la música sinfónica. ¿Por qué?

No lo sé. Tenemos y hemos tenido directores muy buenos: López Cobo, Miguel Ángel Bon Martínez ha dirigido un montón de veces en Viena. Ocurre que en el concierto de año nuevo hay una parte de imagen, política cultural... ¿Quién es el mejor? ¿Ricardo Muti? Por supuesto que él maravilloso. También Barenboim, Zubin Mehta … 

Se está yendo por las ramas. 

(Risas) No lo sé. Hay muy buena tradición de directores españoles. A ver, el concierto de Viena no es difícil para un director: son polcas y valses. De todas formas, creo que el único hispanohablante y latino ha sido Dudamel. Barenboim, que además de argentino, está muy ligado a Israel y al contexto centroeuropeo. Por eso, insisto, no entiendo muy bien el baremo, creo que hay mucho de imagen y marketing, porque Pablo Heras-Casado podría perfectamente optar a dirigirlo y muchos otros. 

¿Cómo valora El concierto para Zapata y orquesta como experiencia?

Es mi gran hijo artístico. Cuando llegué a Granada y les propuse hacer humor, les expliqué: "vais a tener que bailar, interpretar, levantaros, hacer ruido. Dadme la oportunidad. Vamos a hacerlo". Eso les ha servido de coaching en el mundo orquestal. Les ha servido para encontrarse, para mirarse, para reconocerse. Hace poco estuvimos en Bilbao. Es que no sabes lo bien que nos viene esto. Terminan sonando muy bien, porque recuerdan por qué se dedican a la música y por qué han consagrado su vida a la música.

Estos músicos no tienen vacaciones:  llevan con ellos su violín o su instrumento y todos los días se dedican a ensayar, porque si no lo pierden. Es una esclavitud y un sacrificio, que les gusta, por supuesto, pero la gente desconoce esa entrega. En Granada ha sido maravilloso, más que cualquier interpretación de ópera. Porque al final cada quien tiene su propio Barbero de Sevilla, pero crear un espectáculo después de transformar a una orquesta y al público, es tremendo. 

¿Qué distingue a la voz del resto de los instrumentos? 

Es la que menos dura en condiciones óptimas, excepto si eres Plácido Domingo. 

Pero él se reconvirtió a barítono. 

¡Pero incluso como barítono sigue sonando una voz fresca! Lo de Plácido Domingo es un milagro. Piensa que tiene casi ochenta años. Una de las primeras cosas que permiten ver que una voz se hace vieja es el vibrato, la oscilación de la voz,  y en general, cuanto mayores nos hacemos, más se nota el vibrato y él no. Lo tiene como cuando tenía 27 años. Lo único es que ha perdido zona aguda y ahora es un barítono. La zona aguda de la voz, el famoso Do de pecho, lo ha dado cuatro veces, lo ha grabado y de vez en cuando lo insertaban en las grabaciones. Pero, esa que es la gran nota del tenor… no la tiene. 

No hay otro instrumento en el mundo que produzca la emoción que genera la voz humana"

¿Es ingrata la voz?

Sí, pero tiene una capacidad de expresión que no tiene ningún otro instrumento, porque una trompa no puede cantar con las palabras. No hay otro instrumento en el mundo que produzca la emoción que genera la voz humana. 

No sólo de Nessum Dorma vive el hombre…

Por eso en el libro intento hablar de otras arias (piezas musicales) que despiertan sentimientos. No es sólo una cuestión de esnobismo. Podemos seguir emocionándonos con Nessun Dorma, pero hay muchas otras mas cosas y que da pena que no se conocen.

¿James Rhodes toca o no toca el piano?

(Risas) Claro, con su nivel. 

Creo que ya me lo ha dicho todo.

Bueno, yo tenía bastante prejuicio. A mí me gusta Sokolov, Baremonbim, Trífonov, Garvayo y Perianes. El tema lo descubrí cuando leí Instrumental, su libro. Ahí él dice: "yo no soy un pianista de ese nivel, ni lo voy a ser nunca, porque es imposible, soy un pianista de conservatorio". Eso me reconcilió un poco con él. Tuve oportunidad de conocerlo en una entrevista y me parece que le apasiona lo que hace al transmitirlo. Lo que ocurre es que se ha metido en tropecientos mil millones de jardines distintos… y se ha convertido en el Yin y el Yang. Hay gente que lo ama y lo odia, pero coge el Liceu de Barcelona, lo alquila y habrá 2.250 que escucharán, aunque sea un ratito, Chopin o Mozart de esa manera, porque no es Sokolov ni Björk. Es un extraterrestre tocando el piano. Y él mismo lo dice. Pero si el 10% va a buscar otras cosas a partir de lo que vea ahí, me doy por satisfecho. Él no le está quitando público a nadie. James Rhodes no a sustituir jamás a Javier Pericane con la Sinfónica Nacional. Su show está basado en la música clásica, pero no está a ese nivel. Y él lo reconoce. 

De Bach a Radiohead … ¿qué hay?

Buena música…