La cineasta estadounidense Kelly Reichardt se ha convertido en artesana de la sencillez, de las amistades robustas y de los sentimientos más puros, sin artificios ni imposturas. La directora "indie" más admirada del momento llega a los cines españoles este viernes con First Cow, un western en el que narra una bonita historia de amistad y de lealtad en el contexto más oscuro y difícil de la búsqueda del sueño americano. Esta película, que encabezó algunas listas norteamericanas con los mejores filmes de 2020, es todo un acontecimiento cinematográfico que promete cocinarse a fuego lento, viajar de boca en boca y convencer por unanimidad al público sediento de buen cine.

El arranque de la película y su desarrollo son sencillos: un joven que trabaja como cocinero para un grupo de cazadores de pieles en las montañas de Oregon, en Estados Unidos, a quien conocen como "Cookie" (John Magaro), conoce a un emigrante chino, King-Lu (Orion Lee), que huye de un ajuste de cuentas. Entre los dos crece un amistad inquebrantable y sincera y juntos tratarán de sobrevivir y prosperar en el entorno hostil de principios del siglo XIX. Pero esa aparente sencillez y simplicidad son solo el caparazón bajo el que se esconde una historia sincera, leal, intensa e incluso romántica.

Cualquier espectador que conozca la filmografía de Reichardt puede establecer algunos paralelismos entre sus películas, tanto en la estética como en el contenido de sus historias. Se puede pensar en la puesta en escena de Old Joy (2006), probablemente su película más conocida y que mejores críticas ha cosechado, protagonizada por el cantante Will Oldham -conocido artísticamente como Bonnie 'Prince' Billy- y Daniel London, y con música original de Yo La Tengo. Aquella historia contemporánea de dos amigos también se desarrollaba en las montañas de Oregón.

Sin embargo, First Cow está muy emparentada con Wendy & Lucy, una joya en la filmografía de esta cineasta estadounidense, que pone en escena una de las historias de amistad más leales e incondicionales: la de un perro y su dueña. En ella, Michelle Williams, en una actuación memorable, sobrevive a duras penas en un pueblo en mitad de la nada mientras busca desesperada a su perro perdido. Sin un apenas dinero, sin un lugar en el que dormir y con un coche averiado que solo sirve como chatarra, detiene sus planes de manera indefinida hasta encontrar a su mejor amigo.

Ahora, Reichardt, en una película con forma de western, narra una historia universal que vuelve a esa fidelidad, a pesar del entorno hostil y despiadado que rodea a sus protagonistas. Si en First Cow, a principios del siglo XIX, los peligros eran los forajidos, bandidos y buscavidas, así como cualquier inclemencia climática y geográfica, en Wendy & Lucy las adversidades se convierten en la falta de oportunidades, la precariedad y la voracidad de un sistema pudiente que ha abandonado a los más frágiles.

Un western sobre el sueño americano

El espectador se dará cuenta pronto de que First Cow es un western que no lo aparenta. Este filme, seleccionado en la Sección Oficial de la Berlinale en 2020 y una de las favoritas del pasado año para la crítica (Time, IndieWire, The New York Times o The Hollywood Reporter, entre otros) aunque ausente en la temporada de premios -con la excepción del premio a Mejor Película para el Círculo de Críticos de Cine de Nueva York-, consigue despojarse del tiempo en el que se desarrolla, incluso del salvaje oeste en el que está ambientado y que tanto cala en cualquier historia, para mostrar la esencia humana y las particularidades de la bondad en su mayor expresión.

Al igual que ocurrió en Old Joy y en Wendy & Lucy, de nuevo vuelve a adaptar un texto de Jon Raymond, quien colabora en el guion de esta cinta. "Aquella película hablaba de dos amigos que descubren que ya no tienen mucho en común, mientras que aquí es lo contrario, dos extraños que construyen una amistad a partir de una situación de necesidad, en medio del bosque", señaló Reichardt acerca de las similitudes entre Old Joy y First Cow durante una clase magistral organizada el pasado mes de abril por la distribuidora Avalon y el Festival Rizoma, que recientemente le dedicó una retrospectiva.

El mito genuino dice que con iniciativa cualquiera puede salir adelante, pero hay unas estructuras que hacen que, en realidad, ese sueño solo esté al alcance de las personas con poder, ya sea poder económico, de género o de raza"

Reichardt (Florida, Estados Unidos, 1964), prácticamente una desconocida en España a pesar de su dilatada trayectoria, confesó entonces su inclinación por personajes en las periferias y en los márgenes de las oportunidades que le permiten cuestionar el mito del sueño americano y toda la inocencia que se esconde tras los relatos.

"El mito genuino dice que con iniciativa cualquiera puede salir adelante, pero hay unas estructuras que hacen que, en realidad, ese sueño solo esté al alcance de las personas con poder, ya sea poder económico, de género o de raza", apuntó en conversación telemática con los seguidores que se reunieron en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. A partir de este viernes, su nombre seguro que dejará de sonar extraño para el público mayoritario.