Historias de la Historia

El virus que mató a 40 millones de personas

La inquietud mundial que provoca el coronavirus se explica por los antecedentes. En 1918 una gripe mató a más gente que la Primera Guerra Mundial

El hacinamiento de los afectados favoreció la letalidad de la pandemia
El hacinamiento de los afectados favoreció la letalidad de la pandemia

La Gran Guerra ha terminado a las 11 horas del día 11 del mes 11 –noviembre- de 1918. Las campanas de las iglesias comienzan a sonar con toque de júbilo y todo París se echa a la calle a celebrarlo. Todo París menos Picasso. El pintor español está con un reducido grupo de amigos, Fernand Léger, Max Jacob, Blaise Cendrars, en el cementerio de Père-Lachaise enterrando a otro amigo querido, Apollinaire.

Este poeta genial nacido en Roma, inventor del concepto “surrealismo”, contestatario, antimilitarista, feminista y erotómano, que fue incluso encarcelado tras el robo de la Gioconda en el Louvre –junto a su amigo Picasso, por cierto-, se ha presentado voluntario para luchar por Francia en 1914, al estallar la Primera Guerra Mundial. Apollinaire es italiano, su país no está en guerra, y él ha sobrepasado ampliamente la edad militar, pero aun así se va al frente. En 1916 recibe una herida grave en la cabeza de la que nunca terminará de curarse, pero lo importante es que logra sobrevivir dos años en el infierno de las trincheras. Sin embargo no aguantará más de dos días frente al virus de la gripe.

Es como si unos crueles dioses hayan decidido en su Olimpo acabar con el hombre. La Gran Guerra, que luego llamaremos Primera Guerra Mundial, ha supuesto la mayor masacre de la humanidad, unos nueve millones de muertos en los campos de batalla, y cuando termina ese matadero, solapándose por unos meses con él, comienza el de la gripe, que multiplica alegremente –valga la contradicción- el número de fallecidos: 25 millones, 30, 40, 50 millones… Los cálculos varían ampliamente, pero lo cierto es que faltan datos de zonas muy pobladas como China. Solamente en la India hay siete millones de muertos, y un millón en la poco poblada África Occidental Francesa. En Oceanía fallece la cuarta parte de la población y en Estados Unidos, solamente en octubre de 1918, coincidiendo con el último mes de la guerra, hay 200.000 muertes.

Ojo a Estados Unidos, porque las últimas investigaciones del Smithsonian Institute apuntan a que allí está el foco inicial de la pandemia. Su cifra de víctimas mortales, 650.000, es relativamente baja –en comparación con la India, por ejemplo- pero lo peor es que son los americanos los que, con su mejor intención, traen la plaga a Europa. En 1918 entran en combate un millón de soldados estadounidenses. Les llaman los doughboys, los chicos de los donuts (doughnuts, en inglés) y son un factor decisivo para inclinar la balanza a favor de los Aliados. Sin ellos no se sabe cómo habría acabado la Gran Guerra.

Pero aunque en Francia piensan que han traído la salvación, han traído la muerte, una muerte mucho más certera que la del campo de batalla, según las cifras que hemos dado. Una característica del virus A N1H1, agente de esta pandemia, es que afecta a los jóvenes más que a la gente de edad, en contra de lo habitual. Pese a la letalidad de lo que Churchill llamaría “el todo o nada de Ludendorff”, la última ofensiva alemana, de los 160.000 doughboys muertos en Francia, un tercio es por la gripe.

El soldado de Nápoles

Si la gripe nació en Estados Unidos y la esparcieron por el mundo los norteamericanos, ¿por qué la llamaron Spanish influenza, gripe española? Será el corresponsal del Times en Madrid quien, tras caer enfermo de gripe el rey Alfonso XIII, mande una crónica a Londres hablando de la “gripe española”. Se da la circunstancia de que España, al no haber entrado en la guerra, no ha impuesto la censura de prensa, como han hecho los países beligerantes, incluso los de mayor tradición de libertad de expresión.

Así, mientras en Inglaterra, Francia y Estados Unidos se oculta lo que está provocando la enfermedad, los periódicos españoles hablan con libertad de esa desconcertante epidemia que se extiende sin encontrar barrera posible en 1918. Los españoles, que de todo hacen chistes, se permiten tomársela a broma y apodan a la plaga el “Soldado de Nápoles”, en referencia a un coro de la zarzuela La canción del olvido que todo el mundo canta, porque todo el mundo coge la gripe. Todo el mundo quiere decir ocho millones de españoles, cerca de la mitad de la población, que es de 20 millones en 1918.

El Soldado de Nápoles provoca entre 250.000 y 300.000 muertos en nuestro país, y algunos piensan que es el fin del mundo. En las Hurdes, la región más miserable y olvidada de España, víctima de enfermedades endémicas, la gente cree que efectivamente ha llegado el día del Juicio Final, de modo que, de perdidos al río, matan a las pocas cabras que tienen y se las comen. “Y mejoraron”, escribe un párroco local. Y es que, según Marañón, que recorrería la zona haciendo estudios, la más persistente y dolorosa enfermedad que padecen los hurdanos es “el hambre crónica”. Por muy terrible que fuese la gripe de 1918, los de las Hurdes podían decir como el torero Espartero: “Más cornás da el hambre”.

Últimas noticias

Recibe cada mañana nuestra selección informativa

Acepto la política de privacidad


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba