Cultura

Vanessa Springora: "Antes la literatura estaba por encima de la moral, ahora es al revés"

La escritora, cineasta y editora francesa ha publicado 'El consentimiento' (Lumen), un relato intimista del abuso que sufrió en la adolescencia durante su relación con el escritor Gabriel Matzneff

La escritora francesa Vanessa Springora.
La escritora francesa Vanessa Springora.

Ella tenía trece años, él 51. Se conocieron en una de las cenas literarias a las que asistía su madre, entonces responsable de prensa de la editorial que publicaba los libros de aquel hombre. Él ya era un escritor famoso. Su obra, especialmente sus diarios, hablaba de sus relaciones con menores y gozaba del favor de la crítica. Ella en cambio no tenía mayor cosa: era una chica insegura, marcada por la incomparecencia de un padre maniático y un divorcio precipitado. Fue así como Vanessa Springora (1972) inició una relación con Gabriel Matzneff (1936).

Más de treinta años después, la escritora, cineasta y editora francesa ha publicado El consentimiento (Lumen), un relato intimista del abuso que sufrió siendo menor de edad durante su relación con Gabriel Matzneff. El libro se convirtió en un alegato, pero también en una acusación moral. Matzneff pasó de ser un autor premiado y subvencionado por el Estado a convertirse en un escombro y una mácula para quienes desean desvincularse de él. Todos lo sabían y nadie hizo nada... eso es lo que viene a decir su autora en estas páginas.

Tras aquel primer encuentro, Matznef hizo llegar a la chica una veintena de cartas en las que le juraba desearla y necesitarla. Springora accedió. Quería sentirse amada y apreciada, así lo cuenta. "A los catorce años, se supone que un hombre de cincuenta no te espera a la salida del instituto, se supone que no vives con él en un hotel ni te encuentras en su cama, con su pene en la boca, a la hora de la merienda", escribe en las páginas de un libro en el que, partiendo de su experiencia, se pregunta qué significa exactamente consentir en relaciones como ésta. ¿Quién ejerce el poder y de qué forma? ¿Quién consiente y quién es sometido?

El libro se convirtió en un alegato y una acusación moral. Matzneff pasó de ser un autor premiado y subvencionado a convertirse en un escombro

Pese a haberse separado de él tras varios años de relaciones, Gabriel Matzneff intentó volver a contactar con ella. La retrató en sus libros bajo el nombre de "V" e incluso publicó sus fotos con catorce años en su web. Ni ella quería aparecer en esas páginas ni él lo consultó jamás. Según Springora cuenta en El consentimiento, la vampirizó dos veces: primero como amante y luego como personaje literario. Matzneff la presentó como una traidora que lo había abandonado, una joven celosa y algo histérica, “como todas las chicas de sus libros”, remata ella.

Vanessa Srpingora va contra Matzef y muy especialmente contra la sociedad y las élites que ensalzaron su obra y le prodigaron no pocos agasajos y privilegios: desde el poderoso crítico literario Bernard Pivot (ahora jubilado) hasta el presidente Jacques Chirac, que lo favoreció con ayudas y rentas en forma de pensiones complementarias. Existía entonces, asegura la autora, un clima de permisividad y tolerancia social al respecto e incluso figuras como Simone de Beauvoir llegaron a pedir la despenalización de las relaciones con menores. Coletazos del 68, prohibido prohibir.  Sobre este libro y los asuntos políticos asociados a lo narrado habla la escritora francesa con Vozpópuli

¿Este libro es un alegato personal contra Gabriel Metzeff? ¿Un J’ acusse? ¿Una catarsis? ¿Todo junto acaso?

Es todo a la vez, sin duda. La diferencia con J’acusse tiene que ver con un problema muy distinto del antisemitismo. Tiene una dimensión política de la opinión que existe en Francia de un caso como este, en especial en un momento posterior al Mee Too y que propone no sólo una parte de la lucha sino también un terreno ganado para las generaciones futuras. Publicar el libro ha sido mi forma de pedir una reflexión, una autocrítica a las instituciones que han fallado en este caso. Empezando por sus editores y la prensa, que lo publicaron y publicitaron sin interrogarse, pero también a mis padres, que no supieron protegerme.

Toda la Francia política y literaria se hizo eco de las historias de Matzneff y su seducción a menores de edad

Cuesta pensar que la intelectualidad francesa pidiera la despenalización de las relaciones con menores de edad.

Es una contradicción que en una época de avances sociales como aquella, un grupo de personas y creadores, entre ellos mujeres, defendieran esto y de alguna forma encubrieran algo que era pedofilia, e incluso se prestaron a enmascararla. Muchas personas, entre ellas Simone de Beauvoir,  pidieron la despenalización de las relaciones entre adultos y menores, porque no lo consideraban un hecho de sumisión. El tema se complica, porque, con la revolución de los sesenta, los avances sociales y conquista de libertades que existieron no se reflejaron en todos lados. Y yo sí creo que hubo complicidad con respecto a la pedofilia. 

Su propio entorno afeó el hecho de que usted estuviese con un pedófilo, y estamos hablando de los años ochenta-noventa. Ocurrió a los ojos de todos, hasta su madre lo sabía. ¿Qué pasó exactamente?

Toda la Francia política, de izquierda y derecha, toda la Francia literaria, de Le Monde a Le Figaro, leyó y se hizo eco de  las historias de Matzneff, que entre los años cincuenta y los sesenta escribió sobre la seducción a numerosos chicos y chicas de diez a quince años. El crítico literario más importante de Francia, Bernard Pivot, entrevistó a Gabriel Matzneff en su legendario programa de televisión, invitándolo a contar sus artes de la seducción. Eso lo cuento en este libro. No es sólo unahistoria personal... es la de muchos otros jóvenes que han sido objeto de esto. En ese momento, la literatura estaba por encima de la moral, ahora es al revés. No puede ser que en pleno siglo XXI todavía haya críticos literarios de prestigio que lo recompensan sin tener en cuenta la dimensión pedófila de su obra.

¿El artista está por encima de la ley? Pues no lo creo. No comprendo cómo la literatura pueda justificar y aplaudir la pedofilia"

¿Piensa que la vida autor puede revocar a su propia obra? ¿Se puede juzgar moralmente una obra según el comportamiento de su autor?

Es imposible separar la obra del hombre porque él siempre ha reivindicado sus libros como autobiográficos. ¿El artista está por encima de la ley? Pues no lo creo. No comprendo cómo la literatura pueda justificar y aplaudir la pedofilia, la seducción y abuso de niños de diez a quince años. Matzneff era un turista sexual, fue a Filipinas buscando experiencias sexuales con menores. Me parece despreciable.

Usted es la actual directora editorial de Julliard, ¿cree que sin el clima desatado por el Me Too habría sido capaz de escribir este libro?

Este libro lo escribí antes del Me Too. Ha sido mi amor a los libros el que me ha permitido partir de mi experiencia humana para escribir una obra literaria. Curiosamente ha sido la literatura la que me ha liberado de él. Esta obra, hoy, en Francia ha tenido una respuesta favorable, yo sí pienso que la literatura puede cambiar la realidad. Fue el estatus de Matzneff lo que le permitió que sus libros fueran vistos como literatura y tolerados. ¿Su obra es legítima en términos legales? Creo que debe existir una sanción y una revisión en la forma en que hemos visto esta obra. Legalmente no se puede sancionar su obra, pero moralmente sí. Mi libro está escrito con una profunda dimensión literaria.

En principio el consentimiento hace desaparecer la noción de violación o de sometimiento. ¿El más vulnerable sólo tiene la opción de consentir? ¿Es un agravante incluso?

Ante un personaje del peso y la influencia de Matzneff parece que estás obligado a aceptar, y no tiene por qué ser así: no lo es en adultos, muchísimo menos en menores de edad. En ocasiones parece que la idea del consentimiento jurídicamente se vuelve contra la víctima. Evidentemente existe una dominación a partir de una jerarquía. ¿Es que una adolescente de 14 años es igual a un hombre de 50?

Incluso si su decisión es libre, ¿tiene los medios para consentir, para mantener relaciones sexuales con ese hombre? ¿Es que es igual en materia de madurez sexual, afectiva, intelectual? ¿Es que están al mismo nivel? Hoy muchos hombres piensan que el Me Too ha ganado, dicen que están rodeados de mujeres agresivas que quieren impedir que los hombres y las mujeres tengan relaciones, flirteos, cortejos normales, lo que es absolutamente falso. La realidad es que hay que revertir ese orden para lograr una igualdad de relaciones.

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