Cultura

El thriller se corona como el género literario de esta temporada

¿Cómo se comporta eso que llaman thriller? Como un pequeño milagro editorial. El género, de hecho, firma regreso en meses cruciales

Las librerías cada vez reciben más novedades de Thriller y policiaco.
Las librerías cada vez reciben más novedades de Thriller y policiaco.

La hibridación entre policiaco y negro con el thriller, género del que los editores echan mano para salpimentar libros mestizos —aunque en ocasiones fallidos— va al alza. Sólo basta hacer un seguimiento a los libros publicados a lo largo de 2018 y los que rematan las novedades del último trimestrs. Justo en el año en que se cumplen veinte años de El lejano país de los estanques (Destino), con la que Lorenzo Silva inauguró su serie policíaca, el género demuestra una salud de hierro. Es la inyección de adrenalina para sellos grandes y pequeños, que consiguen resucitar trimestralmente las cifras de ventas con este tipo de libro. ¿Quién le diría a Lorenzo Silva, en aquellos años en los que nadie creía en su apuesta, que terminaría por ser el decano de un género al alza?

Este otoño el género negro y policiaco, o la mixtura entre ambos, es una apuesta que se disemina desde sellos literarios como Tusquets, que ha bajado a la mina de la obra de Henning Mankell con la traducción de El hombre dinamita, la génesis de la saga de Kurt Wallander, o Anagrama, que publica Los casos del comisario Croce, una serie de relatos y textos policiacos del argentino Ricardo Piglia, en su mayoría protagonizados por el personaje principal de Blanco Nocturno. Croce, todo sea dicho, es una creación importante en el mundo literario de Piglia, de ahí que estos textos sirvan de como una bocanada nostálgica de Emilio Renzi, ese investigador que apareció por primera vez en Respiración artificial, y que Piglia empleó como un alter ego.

La editorial Destino, por ejemplo, aún reluce con las ventas de la trilogía de Dolores Redondo, a la vez que alimenta un nuevo fenómeno: la serie de María Oruña. Dentro de su catálogo, además del veterano Lorenzo Silva, empujan voces nuevas como la de Alfonso del Río y apuestan por fenómenos como Federico Axat, además, claro del premio Planeta Jorge Zepeda, quien echó mano del suspense para contar un crimen en medio del tour de Francia (Muerte contrarreloj). Vuelven también este otoño los veteranos, uno de ellos el mexicano Élmer Mendoza, con Penguin Random House, que regresa a España con una nueva entrega del Zurdo Mendieta, un retrato inteligente y certero del México actual a través del género negro. El asunto da para largo.

Los pioneros del género en España, entre ellos el ya mencionado Lorenzo Silva —que convalida con Lejos del corazón(Destino), la novela número nueve y la undécima entrega de la saga Bevilacqua y Chamorro—, conviven con firmas nuevas ya consolidadas, como Dolores Redondo, quien se ha hecho fuerte no sólo por el éxito de su trilogía del Baztán (Destino) sino también con Todo esto te daré (Premio Planeta 2016), además de autoras que han irrumpido con fuerza como Eva García Saenz de Urturi con El silencio de la ciudad blanca (Planeta). La ficción contemporánea en español se alimenta del negro-policiaco, con variantes locales o regionales. Muchos editores aseguran que la mayoría de manuscrios que reciben se enmarcan en los géneros thriller y policiaco.

¿Cómo se comporta eso que llaman thriller? Como un pequeño milagro editorial. El género, de hecho, firma regreso en meses cruciales. ¿Un ejemplo? La Reina Roja (Ediciones B), la siguiente novela de Juan Gómez-Jurado quien después de siete novelas, entre ellas El PacienteCicatriz, suma ya seis millones de lectores. En el catálogo de autores extranjeros el género vuelve a posicionarse con libros que, sin ser policiacos, participan de él. Por ejemplo, Joël Dicker con La desaparición de Stephanie Mailer (Alfaguara) consiguió volver a sacudir el panorama editorial con una historia que retoma las claves de sus entregas anteriores: una intriga que avanza entre el pasado y el futuro; un asesinato irresuelto en un pueblo de Estados Unidos —escenario por el que siente predilección— y una compleja red de personajes con los que el escritor reflexiona sobre un tema que lo obsesiona: la identidad y la relación entre los seres humanos. También tiene un éxito contundente de lectores A.J. Finn con La mujer de la ventana (Grijalbo), una novela que reúne ecos de Patricia Highsmith con el suspense de Hitchcock.

Además de los clásicos del policiaco y el negro europeo —Petros Márkaris o Andrea Camilleri—, las reinvenciones anglosajonas del género —Benjamin Black— o la aparición de autores cultos y efectivos como el italiano Mirko Zilahy con Así es como se mata y Las formas de la oscuridad (ambas de Alfaguara) alimentan un género que se fortalece en todos los registros de ficción. Ya lo decía Luis García Jambrina a comienzos de 2018, en ocasión de la publicación de El manuscrito de fuego(Espasa), la novela que continúa su saga protagonizada por Fernando de Rojas (1470-1541), el autor de La Celestina que él ha convertido en pesquisidor. “El investigador, el comisario y el detective son la encarnación del nuevo humanista”, afirmaba entonces Jambrina, y con razón.



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