Se puede llamar cainismo, demogresca o duelo de garrotazos. También, si son ustedes jóvenes y modernos, pueden llamarlo #TeamProgre contra #TeamFacha. El caso es que cualquier español que lea un libro de Historia o vea los debates de La Sexta sabe sobre qué estamos hablando. “Españolito que vienes, al mundo te guarde Dios/ Una de las dos Españas ha de helarte el corazón”, escribía el republicano Antonio Machado. En tiempos de pandemia y crispación, Luis Antonio de Villena publica Añoranza y necesidad de la Tercera España (Athenaica), un librito corto pero muy potente que repasa la columna vertebral del pensamiento español heterodoxo, que aspira a reunir lo mejor de ambas orillas ideológicas para intentar trascenderlas.

Vamos al grano: ¿qué es la Tercera España? Se trata de un sentimiento de “descontento, desencanto y frustración” por el rumbo radical de la Segunda República. También de la íntima certeza de que “las famosas dos Españas no se iban a entender nunca”, explica De Villena. Este espacio intermedio acoge a personas de ambos bandos que “creen o llegan a creer que la guerra debió ser evitada o al menos detenida (con ayuda o mediación internacional, sin duda), pero desde su comienzos. Son los que dentro, o ya desde el exilio se percatan de que, en el fondo, nadie ganaría de verás en esa degollina -aunque ganaran quienes lo hicieron- porque al pueblo español solo le iba a quedar dolor, división y sufrimiento”, resume. A pesar de la guerra de trincheras cultural, se trata de una sensación mayoritaria.

Ningún pueblo ha confesado con tanta entereza sus culpas y ninguno con más desesperación ha enseñado sus llagas", escribe Octavio Paz sobre España

Para ilustrarlo, se cita la famosa carta de Azaña en 1938, donde responde a un compañero republicano que se interesa por si todavía hay posibilidades de ganar la guerra. Contesta que no lo cree, pero que si se diera semejante milagro, ambos tendrían que subir al primer barco que zarpase fuera de España. Es ese estado de ánimo el que le lleva a pronunciar el famoso discurso Paz, piedad y perdón en Barcelona, el 18 de julio de 1938. En esta misma línea, el texto que reseñamos tiene recursos muy logrados, como defender que el fusilamiento “a las bravas” de Ramiro de Maeztu por el bando republicano es la contraimagen de la ejecución del de Federico García Lorca por el bando nacional, en ambos casos un acto “denigrante y salvaje”. La historia hay que contarla completa.

Trascender trincheras

Destacan las reflexiones sobre el agrio debate entre Américo Castro y Claudio-Sánchez Albornoz, un perfecto ejemplo de cómo en ambas orillas hay enfoques valiosos perfectamente integrables. “Para Sánchez-Albornoz España es un gran país, un país importante, una civilización básica, que se ha dormido (o que la han dormido). Y en ese sueño hay, claro, muchas metáforas encerradas”, recuerda el autor. Se rechaza la Leyenda Negra, fomentada por ingleses, holandeses y por nuestra propia depresión por la decadencia. Como escribió Octavio Paz, “la cultura española es la conciencia del pecado español. Ningún pueblo ha confesado con tanta entereza sus culpas y ninguno con más desesperación ha enseñado sus llagas. ¿Qué otra cosa son sino dramática -y redentora- conciencia acusadora Larra, Santa Teresa, Quevedo, Vitoria o Cervantes?”

El libro tiene el valor indudable de articular un recorrido histórico por el pensamiento de intelectuales como Menéndez Pelayo, Dionisio Ridruejo, Joaquín Costa, Ángel Ganivet, Miguel de Unamuno, Ortega y Gasset y Pedro Laín Entralgo. En la parte final, De Villena llega hasta los errores bienintencionados de UCD y la desconfianza que le provoca el Gobierno de coalición entre PSOE y Podemos. “Yo tengo miedo de esta izquierda inepta y jamás he sido de derechas. Pero esos conceptos (lo ha dicho mucha gente ya) son cada vez (o tal vez parecen) más cabalmente obsoletos”. No se trata de tirar por el camino de en medio, sino de elevarse por encima de falsos dilemas, siguiendo las numerosas pistas que nos proponen los protagonistas del ensayo.