Cultura

Cocaína, ritmos afro y millones rechazados

Una memorias recuerdan la historia de Talking Heads, grupo clave de los años ochenta

Talking Heads en la cima de su fama, hace cuatro décadas
Talking Heads en la cima de su fama, hace cuatro décadas

Se titula Remain in Love, está escrito por el batería Chris Frantz y no se guarda ningún detalle. Por ejemplo, explica que durante sus años en la universidad llegó al extremo de poner el despertador para tomar una gota de ácido y volver a dormir, para que el chute le hubiera subido para el comienzo de la primera clase. También explica sus años de romance con la cocaína: “antes que nada, debo explicar que hay cocaína buena y cocaína mala. No toda la cocaína es igual. Por suerte yo estaba en una posición económica en la que podía acceder a la que merece la pena. Si compras de esa es más sencillo que sobrevivas durante mucho más tiempo”, explica Frantz en una entrevista de portada con la revista británica Mojo. La cima de sus fama fue el disco Stop Making Sense (1984), un concierto performance editado como disco y filmado por Jonathan Demme, director de El Silencio de los Corderos (1990). “En esa época tomábamos tanta cocaína que los dos baterías imponían un ritmo endiablado y el trabajo del resto del grupo era rebajar el tempo”, admite Tina Weymouth, la única integrante femenina de Talking Heads.

Por supuesto, también se habla de la magia creativa del grupo neoyorquino, que fue puerta de entrada para muchos hípsters al mundo de la polirritmia africana, el pop de escuela de arte y la canciones sin apenas estribillos. Si no les suenan los discos, lo harán algunos de sus discípulos, desde nuestros Radio Futura a grupos más actuales como Arcade Fire, Vampire Weekend y LCD Soundsystem. Posiblemente Talking Heads son la reunión más deseada para los grandes festivales cool de Barcelona, tanto el Sónar como Primavera Sound. Una de la anécdotas más divertidas de la historia de Talking Heads es cómo el festival estadounidense Bonaroo les cita en 2004 un bar de tapas del Lower East Side de Manhattan para ofrecerles una millonada por reunirse. Justo ese era el barrio que les vio crecer como artistas, cuando todos compartían un loft barato, pero aquella zona se había convertido en el ejemplo más obsceno de la gentrificación hípster (a la que ellos habían puesto su granito de arena). Para sorpresa de todos, la respuesta fue un “no” por el empecinamiento del cantante David Byrne.

Byrne rechazó una suma millonaria para reunir a Talking Heads en el festival Bonaroo para luego negociar por detrás ser él cabeza de cartel

Este fue el mensaje de mail donde Byrne dejaba clara su postura: “ Te lo dije una vez y te lo vuelvo a decir: nunca voy a formar parte de una reunión de Talking Heads, bajo ninguna circunstancia. Por favor no vuelvas a pedírmelo otra vez”, rezaba el texto. Ese mismo año, Bonaroo anunciaba que su cabeza de cartel era David Byrne, cuyo repertorio incluye varias canciones de Talking Heads. La historia de Franz, que no escribe desde la revancha, deja claro que Byrne siempre fue un divo hambriento de atención, de acumular royalties y de imponer su poder a Weymouth, con quién tenía una pésima relación.

Portada del libro de Frantz
Portada del libro de Frantz

Seducir a Europa

Aparte de su ambición juvenil, Byrne admitió años más tarde que sospechaba que había sufrido durante toda su juventud una versión suave del síndrome de Asperger. Sus ‘looks’ universitarios basculaban entre barba de Rasputín y ropa de segunda mano a impecables imitaciones de la imagen de James Dean, añadiendo pantalones de cuero. Europa se enamoró del grupo muy rápidamente. A comienzos de los años ochenta, actuaban en Roma en recintos para doce mil personas y la RAI se desplazaba para emitir el acontecimiento. Incorporaban músicos extra para el directo, entre ellos a Adrian Belew, prestigioso guitarrista que acaba de finalizar la gira donde David Bowie, donde pesentaban sus discos Low y Heroes. “Talking Heads eran una banda grande, groovy y funk y, cuya música contagiaba un gran placer. Si ves el vídeo del concierto de Roma está claro que yo disfrutaba cada momento siendo feliz y dando saltos”, recuerda.

La última actuación del grupo fueron cuatro canciones en 2002 dentro ella ceremonia de ingreso en el Rock and Roll Hall of Fame, donde se les unió el guitarrista de The Smiths, Johnny Marr. “Compré todos sus discos por orden. A la altura de Remain In Light, estaba claro que eran una influencia para bandas británicas como Japan o Echo and The Bunnymen, pero también para mitos mayores como David Bowie o Peter Gabriel, recuerda”. La reunión del grupo sigue pareciendo imposible, pero el guitarrista original de Talking Heads Jerry Harrison ha convencido a Adrian Bellew y la banda de Brooklyn Turkuaz para hacer una gira con las canciones de “Remain In Light” y otros clásicos. En uno de los mejores elogios posibles para este grupo, la diva africana Angelique Kidjo sintió enseguida la música de Talkinhg Heads como africana y grabó Remain In Light quitando los sintetizadores ochenteros y utilizando instrumentos del continente negro.

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