Cultura

El descalabro de Hevia: crónica de los tres meses más negros de la SGAE

“Su presidencia fue un manual de cómo no hacer las cosas”, apunta un cargo de la entidad

Hevia (en el centro) duante una junta de la SGAE
Hevia (en el centro) duante una junta de la SGAE

José Ángel Hevia (Villaviciosa, Asturias, 1967) presidió la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) desde mediados de noviembre hasta finales de febrero. Fueron tres meses largos plagados de fracasos. Todo comenzó con una victoria electoral precaria, ya desde antes de conocerse los resultados: solo participaron 1.373 miembros de los 18.970 posibles, un 7,25% del total. Varios candidatos se retiraron por no estar de acuerdo con las condiciones de los comicios. Las primeras palabras de Hevia fueron para pedir unidad (“es vital que no se marche nadie de la SGAE”) y prometer respeto al Estado (“vamos a intentar cumplir con el requerimiento del ministerio de Cultura cuanto antes”). Siguió un trimestre marcado por la polémica, la pérdida del respeto institucional y la retirada de los apoyos que había recibido.

El expresidente Teddy Bautista, sin duda la persona que mejor conoce la entidad, no alcanzó el número suficiente de votos para entrar en la junta directiva. Pocos días después del nombramiento de Hevia, dejó unas palabras que hoy suenan proféticas: “Yo quería ser parte de la solución, aunque ahora siento alivioy me alegro de no ser parte del problema. Esa junta vuelve a estar fragmentada. Todo el esfuerzo para encontrar el diálogo va a ser épico”, explicaba a 'El País'. Al final, incluso, se quedó corto: el esfuerzo fue trágico. También estéril.

Amenazas y enemigos

Al hablar con distintos socios de la entidad, nadie es capaz de mencionar un logro. “La presidencia de Hevia ha sido un manual de cómo no hacer las cosas”, apunta un cargo medio de SGAE en Madrid. Prefiere no dar su nombre, ya que “bastante tensa está la situación dentro, ahora es momento de reflexionar y buscar acuerdos”.  Nuestra fuente recibió la llegada de Hevia con expectación, dándole un voto de confianza, pero al final terminó por desengañarse. “Su discurso sonaba bien, todo eran buenas palabras. Luego te ibas dando cuenta de que solo le interesaba acumular poder. Primero intentó cargarse los consejos territoriales, pero no tuvo fuerza para hacerlo. Luego quiso deponer al secretario general, Carlos López, sin conseguirlo El problema no es solo que buscase destruir cualquier oposición, sino que iba soltando amenazas sin calcular si tenía poder suficiente para cumplirlas. Eso te va ganando muchos enemigos. Al final, casi todo el mundo estaba contra él”, destaca. El pasado febrero, Hevia intentó disolver la comisión deontológica, que le acusaba de conflicto de intereses por ‘la rueda’. Le respaldaban trece miembros de la junta, pero tampoco lo logró.

"Otro problema crucial es que los socios no aprobaron los repartos de derechos de autor. 'Ni estuvieron de acuerdo con los de junio ni con los de diciembre. Han pasado casi tres meses y siguen ignorando la petición de revertirlos'"

Otros recuerdan, por ejemplo, el rechazo que provocó en diciembre una campaña catastrofista para la aprobación de sus estatutos en la asamblea. Hevia defendió entonces el “sí” con un vídeo que un sector sgnificativo de los socios percibieron como “rancio”, “chungo” y “condescendiente”. A los doce segundos, ya se entraba en barrena en la retórica apocalíptica: “Vota ‘Sí’ o la SGAE podría perder su licencia de operación”, explicaba una voz solemne. Toda la retórica del espot insistía en la misma idea: o se respaldan los estatutos propuestos por el equipo de Hevia o la entidad desaparecería, dejando sin voz los autores y editores, además de condenar al despido a toda la plantilla de la entidad. Su discurso era cristalino: Hevia o el apocalipsis.

Este enfoque del miedo no funcionó: alcanzó un 58,01% de los votos favorables, lejos de los dos tercios necesarios para la aprobación. Fue el gran fracaso del gaitero asturiano, que le dejó noqueado. La derrota fue especialmente dura, ya que presentaba una propuesta de mínimos, que aspiraba a contentar a todos. “Al final lo que estamos haciendo es 'parchear' a base de cambios. Es una salida razonable en este momento: cambiar solo los puntos de pida la ley con la consciencia de que hará que llevar reformas estatutarias más profundas”, dijo el propio Hevia. Ni aún así consiguió convencer a suficientes socios.

Errores estratégicos

El músico ‘Patacho’ Recio, ex Glutamato Ye-yé, es uno de los autores más participativos y que sigue más de cerca el funcionamiento de SGAE. Tiene claro que Hevia no ha solucionado nada, más bien ha perpetuado los problemas: “Este señor comete un error estratégico: ignorar las advertencias estatales. Siempre han pensado que el Ministerio no se iba a atrever a intervenir. Creyó que bastaba con disimular y mirar hacia otro lado. Hay prácticas que no se pueden aprobar en asamblea porque no son legales y ‘la rueda” es una de ellas”, señala.  Otro problema crucial es que los socios, reunidos en la asamblea, no aprobaron los repartos de derechos de autor. “Ni estuvieron de acuerdo con los de junio ni con los de diciembre de 2018. Han pasado casi tres meses y siguen ignorando la petición de los socios, que reclaman revertirlos”, lamenta ‘Patacho’. A finales de enero, la rebelión fue tal que miembros del peso de Isabel Coixet, Miguel Ríos y Pedro Almodóvar -entre muchos otros- solicitaron la intervención ministerial. "Ni Hevia ni Pilar Jurado son responsables directos de la intervención, solo son la gota que ha colmado el vaso”, añade.

"Nadie defiende ya la gestión de Hevia y abundan los partidarios de una mutación radical de la entidad. El problema es que el poder sigue en manos de los mismos que apoyaron al gaitero"

También destaca un problema de legitimidad: “La actual junta directiva sale de unas elecciones que no cumplen los requisitos legales exigidos por el ministerio. Por tanto, no representan a los 120.000 socios de la SGAE ni pueden representarlos ante la Audiencia Nacional. De esos 120.000, menos de 20.000 tienen derecho a voto, pero cada uno tiene derecho a cobrar y a que se le informe con una transparencia que no existe. Eso no se ha respetado”, continua ’Patacho’. Su aspiración es una entidad donde no existan diferentes familias que pacten los repartos, sino gestores que se dediquen a aplicar la ley vigente en favor de los socios.

Dos pasos atrás

Juan Rivas, presidente del consejo territorial de Galicia, recuerda de manera agridulce su encuentro con con el expresidente. "Parafraseando a Cortázar y su cuento 'Casa tomada', le dije a Hevia que habían tomado la casa, que era lícito reunir votos de 'amigos', pero cuando te encuentras que en el colegio de Pequeño Derecho -el que representa a los autores de música- hay una sola sensibilidad es que algo falla", recuerda. Le sugirió que "buscara consenso con otras sensibilidades autorales y que sería prudente dar dos pasos atrás, también que pediría exactamente lo mismo a otra gran sensibilidad autoral que era la que provenía de las discográficas. Otra cosa que no dejaba de sorprenderme era que Hevia desconocía cuál era el programa, qué plan de futuro manejaba, qué línea debía seguir SGAE ante problemas tan graves como el apercibimiento de la CISAC o del propio Ministerio. En mi caso di un paso para ayudar pero no hubo feedback", lamenta.

El deterioro institucional de SGAE no tiene precedentes en la cultura española. La página web El Independiente filtró una cruda reunión de la junta, en la sala Manuel de Falla, marcada por los gritos, los insultos y las irregularidades. Se llegó a destituir a Carlos López, secretario general, hasta que alguien notó que había 36 votos y solo 35 asistentes. Hevia reconoció haber votado dos veces, apelando a su condición de presidente (el llamado “voto de calidad”) para casos de empate (en realidad, está práctica no consiste en votar dos veces, sino en que el voto del cargo de mayor rango valga doble si no hay acuerdo). Se repitió el proceso, con derrota para la tesis del gaitero, que abandonó la sala al grito de “que os follen”.

Posteriormente, Hevia reconoció los insultos , pero negó haber amenazado a miembros de la junta con revelar “informes confidenciales”, como siguen afirmando las fuentes de El Independiente. La atmósfera irrespirable sigue enquistada en la SGAE. Por ejemplo, el pasado 2 de febrero el vicepresidente Teo Cardalda (Golpes Bajos, Cómplices) denunció en El Periódico que se había aprovechado un concierto suyo en México para intentar destituirle.

¿Seguir o partir de cero?

Cuesta atisbar el camino para enderezar la SGAE. “Quizá no exista. Hasta que unos auditores externos no vean todos los papeles, no sabemos la situación económica real y si puede remontarse. Por eso me parece fundamental la intervención del Ministerio”, afirma ‘Patacho’. Mientras tanto, tampoco se espera un cambio de rumbo. “A Hevia se le destituye por una rabieta de Clifton Williams, miembro del colegio Audiovisual, a quien el expresidente Sastrón había prometido un puesto bien remunerado. La actual presidenta, Pilar Jurado, supone una continuación: sus primeras declaraciones dicen que ‘la rueda’ no es un fraude, sino un modelo de negocio. No le importa la justicia de los repartos de derechos, sino frenar la intervención para seguir cobrando. Me parece una maniobra muy burda para continuar en el puesto, con sus sueldos y con sus dietas. La marcha de Hevia no cambia nada”, remata.

‘Patacho’ también aporta documentación sobre el ambiente endogámico de la actual SGAE: el pasado 25 de febrero, dos días antes de la moción de censura contra Hevia, se nombró a Marina Peláez directora del Departamento de Reclamaciones de la entidad. Peláez tiene un empresa (Nano Team) junto a Yago Cardalda, hijo del actual vicepresidente.

El caso es que ya no hay dos visiones enfrentadas sobre la situación. En sus últimas entrevistas, Teo Cardalda (segundo de Hevia) tiene una posición tan pesimista como la del opositor ‘Patacho’. Esto declaró Cardalda recientemente: “A veces pienso que sería una solución tirarlo todo y partir de cero, unirnos con AIE (la sociedad de Artistas, Intérpretes o Ejecutantes), vender Longoria (el palacio y sede de la entidad), irnos a unas oficinas nuevas, funcionales y más baratas y crear una entidad de gestión con otro nombre”.  Como presidente, escogería una figura simbólica respetada (tipo Miguel Ríos o Plácido Domingo) respaldado por un buen equipo técnico. ¿Conclusión? Nadie defiende ya la gestión de Hevia y abundan los partidarios de una mutación radical de la entidad, sin duda la más polémica de la cultura española. El problema es que, ahora mismo, el poder sigue en manos de los mismos que apoyaron al gaitero.



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