Torreznos, unas cañas, la paella al aire libre, Semana Santa, un partido entre el Sevilla y el Betis, el teatro romano de Mérida, elecciones nacionales o la fiesta del Orgullo de Madrid. Explicar España a partir de ciertas costumbres, hábitos y eventos tan comunes y conocidos puede convertirse en un relato de lugares comunes, pero si quienes lo viven son refugiados que experimentan por primera vez la solemnidad de los pasos en Sevilla, la emoción de un derbi o lo rica que está una de las especialidades culinarias de Soria, la cosa cambia.

"España es un país cálido y acogedor, nos guste o no", afirma el cineasta Juan Antonio Moreno en su documental Bienvenidos a España, una mirada coral y desenfadada al choque cultural de quienes buscan una segunda oportunidad en nuestro país, y que se estrena coincidiendo con el Día Mundial del refugiado, que se celebra este domingo 20 de junio. En un tono ligero y sin perder de vista que la ilusión siempre es la guía, el director pone el acento en quienes reconstruyen sus vidas lejos de su país natal y todas las emociones, incertidumbres y miedos que viven en su nuevo destino.

Para ello, cuenta con las voces de una familia procedente de Yemen, con dos hijos, dos doctorados y la principal misión de huir de la guerra; una profesora de Venezuela que, a las puertas de la edad de jubilación, busca empezar de cero; un joven que se escapó de Marruecos ante la persecución de la homosexualidad en el país; una familia libia de diez miembros que recibe a un nuevo bebé en suelo español; una pareja de mujeres de El Salvador que no ha perdido el miedo a ser descubiertas y castigadas; o un joven de Mali que llegó en patera a España y está fascinado con cada detalle que descubre. Estas experiencias se funden con la voz en off del director de la cinta, que narra y da su opinión acerca del contexto político y social en el que se suceden los acontecimientos.

"Empezar una vida nueva en un lugar desconocido es también una oportunidad para crecer y enriquecernos", afirma Juan Antonio Moreno a Vozpópuli con motivo del estreno de esta película en los cines, después de haber pasado por el Festival Hot Docs de Toronto (Canadá). Su intención no era construir una comedia en torno a las vidas de varios refugiados, pero sí "relativizar" y mostrar una cara más "desenfadada", real y menos "dramática", con luces y sombras, nostalgia y descubrimiento.

"El documental aspiraba no tanto a romper prejuicios sobre la inmigración, sino a vernos a los españoles, nuestra cultura e identidad, desde sus ojos, sus miradas, las de unas personas que llegan desorientadas, perdidas y despistadas"

"El documental aspiraba no tanto a romper prejuicios sobre la inmigración, sino a vernos a los españoles, nuestra cultura e identidad, desde sus ojos, sus miradas, las de unas personas que llegan desorientadas, perdidas y despistadas, y comprobar cómo nos miran", cuenta Moreno sobre la verdadera intención de su película.

A pesar de los movimientos racistas y xenófobos hacia los refugiados que de vez en cuando hacen acto de presencia, y después del injusto acoso en redes que sufrió una voluntaria De la Cruz Roja tras arropar y abrazar a un migrante devastado y exhausto tras llegar a nado desde Marruecos, el cineasta está convencido de que "el pueblo español, con toda su diversidad, es un lugar de acogida". "Tenemos la capacidad de empatizar con quienes llegan de otro lugar", recalca Moreno, quien muestra en su cinta una calidez y una bienvenida que contrasta con las actitudes hostiles. No en vano, tal y como precisa, España ha sido "un país de personas inmigrantes".

Refugiados en un puticlub

Bienvenidos a España arranca de la manera más extraña posible. Juan Antonio Moreno hace un seguimiento a u grupo de solicitantes de asilo de un centro de acogida de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) en Torreblanca, un barrio de las afueras de Sevilla. Este centro se encuentra en un antiguo puticlub, el Maravilla, "uno de los clubs de alterne más famosos de España" que, tal y como relata la cinta, contaba con suits con jacuzzi, pista de baile, garaje privado y vistas a la ciudad. Su propietario era un exstripper, exmilitar y empresario, y en las primeras escenas se ve cómo recibe a los refugiados más pequeños del centro vestido de Melchor. "Qué bonito que todos los puticlubs de España se convirtieran en centros de acogida", reflexiona el director en un momento del filme.

Entre todas estas historias, destacan dos que tienen en común un problema que afecta aún a muchos habitantes del planeta: la homofobia. Mientras que Marwan, un joven marroquí, disfruta de la libertad y la tranquilidad de vivir su sexualidad con alegría en un país, España, en el que no está perseguido manifestar los sentimientos ni las emociones. En cambio, una pareja salvadoreña, que ha ocultado su historia de años durante más de 20 años, apenas se atreve a abrazarse en las calles de Sevilla y en plena noche, evitan mostrar su rostro en el filme y deciden dejar de participar en mitad de la producción. El miedo, para algunos, no encuentra refugio ni a miles de kilómetros.

"Todos tienen en común el miedo y también la ilusión, la soledad, el miedo a ser rechazados y a no ser aceptados. Tienen mucho que enseñarnos a la hora de ser ellos mismos, tienen que construir una nueva identidad con lo que ya son, y eso nos puede hacer mirar en nosotros", concluye Moreno.