Cultura

Aliados blancos: cuando la protesta degenera en ‘performance’

Críticas contra el activismo ‘woke’ corporativo y personal

Aliados blancos: cuando la protesta degenera en ‘performance’
Aliados blancos: cuando la protesta degenera en ‘performance’

El pasado 4 de junio, cuando la insurrección por la brutalidad policial en Estados Unidos estaba en su fase inicial, el periodista John Blake publicó un valiente artículo. Arrancaba entrevistando al politólogo Omar Wasow, confundador de la red social Black Planet, que recordaba datos y ejemplos históricos que muestran que las protestas antirracistas violentas provocan que el electorado blanco gire hacia la derecha. Ya ocurrió en 1968, cuando enormes manifestaciones antisistema beneficiaron al candidato republicano Richard Nixon. “Las revueltas pueden ser justas y pueden ser morales, pero no son buena estrategia”, sostiene Wasow. El propio Martin Luther King afirmaba que cada imagen de disturbios era una buena noticia para el político racista George Wallace. La muerte a manos de la policía del joven afroamericano Rayshard Brooks, que arrebató a un agente su arma de electrochoque, indica que la crispación ya está teniendo efectos trágicos (que pagan siempre los mismos).

Stacey Patton, columnista negra de The Washington Post, publicó un duro artículo donde se preguntaba si los aliados blancos estaban haciendo más daño que bien a la causa. “Durante el diluvio de imágenes de las primeras 24 horas de protestas, las cámaras se detuvieron con frecuencia en los manifestantes blancos gritando lemas, simulando su propia muerte e infiltrándose en protestas organizadas para romper ventanas, incendiar edificios e instigar a los manifestantes negros a atacar a la policía y destruir propiedades. Agentes de todo el país informan de que agitadores blancos inflaman la conflictividad, muchas veces mientras líderes negros se esfuerzan por que las protestas se mantengan pacíficas”, lamenta Patton.

También denuncia que se organizan ‘performances’ donde activistas blancos piden a manifestantes negros que les pisen el cuello simulando los abusos contra Floyd. Otras veces, yacen en sus colchonetas de yoga donde han dibujado su silueta con tiza blanca mientras gritan “No puedo respirar” durante nueve minutos. Patton considera que estas prácticas son un juego de rol equivalente a que los aliados blancos de comienzos del siglo XX jugaran a fingir que están colgados de los árboles del campo en solidaridad contra los linchamientos de afroamericanos en el sur del país.

“Una persona blanca en una manifestación gritando que no puede respirar, cuando en realidad no corre ningún riesgo en sus encuentros con la policía, no es un acto de gran significado”, explicó a la prensa Simon Balto, profesor de Historia y de Estudios Afroamericanos en la Universidad de Iowa. Todo esto tiene que ver con la pujanza de la cultura ‘woke’, oleada de activismo progresista que arrancó en la década de 2010 para combatir el racismo, la homofobia y el machismo en el debate público. Muchos acusan a este movimiento de tener un fuerte elemento de exhibicionismo moral, entre ellos el expresidente Barack Obama.

Disculparse por ser blanco

Tanya DePass, una residente de Chicago de 47 años, que trabaja promoviendo la diversidad en la industria de los videojuegos, es otra de las voces escépticas respecto lo aliados ‘woke’. “Dejad de poner la culpabilidad blanca en el centro de las protestas”, explicó a Associated Press. “He recibido muchos mensajes de conocidos blancos del tipo ‘Me disculpo y soy consciente de que estás asustada’. Algunos son mensajes de gente que no he visto en años. Me pregunto qué significa esta urgencia y siento en cualquier momento que van a pedir perdón por el hecho de ser ser blancos. Hay que dejar de disculparse por ser blanco, lo único que se consigue con eso es que tengamos que consolarles diciendo que ellos tienen una buena actitud individual y que no son parte del problema”, remata.

La actitud de muchos manifestantes blancos hace preguntarse a los analistas cuáles son los límites de la performatividad en una protesta, que en ocasiones degenera en ‘flashmob’ melodramática o festiva

La Guardia Nacional de Georgia protagonizó otro momento surrealista cuando se puso a bailar la “Macarena” de Los Del Río junto a manifestantes de Black Lives Matter. Mejor no pensemos en la reacción que podrían tener los familiares de George Floyd y otras víctimas de la violencia policial ante esas imágenes. En realidad, enseñar a bailar la Macarena es una vieja técnica que el ejército estadounidense usó en la ocupación de Iraq para ganarse la confianza de la población. Esta serie de imágenes en los telediarios hace preguntarse a muchos analistas cuáles son los límites de la performatividad en una protesta política, que en ocasiones degenera en ‘flashmob’ melodramática o cuasifestiva.

Las protestas por la brutalidad policial también se han traducido en una cascada de actos de expiación cultural corporativa. El portal HBO retiró temporalmente de su menú de películas Lo que el viento se llevó (1939), alegando que dulcificaba el retrato de la esclavitud. El rechazo masivo a esta medida propició que este clásico batiera récords de venta en Amazon e iTunes. Inmediatamente HBO decidió acelerar la reincorporación del título, una vez que fuera contextualizada con explicaciones de un experto en historia afroamericana. Mientras tanto Marta Kauffman, creadora de la exitosa serie televisiva Friends, se disculpó por la falta de diversidad en los guiones y los Oscars anunciaron que no nominarían películas que no cumplieran ciertos criterios inclusivos, de momento no especificados.

De Grindr a 'La patrulla canina'

La lista de golpes en el pecho es infinita. Destaca la retirada del programa de telerrealidad Cops, después de 32 exitosas temporadas. La marca de juguetes Lego dejó de vender policías y el New York Times llegó a publicar un artículo de fondo sobre la representación de los agentes del orden en la serie infantil La Patrulla Canina. “Hasta los perros policía de buen corazón de los dibujos animados —o quizás especialmente los perros policía de buen corazón de los dibujos animados— están sobre aviso (…) La patrulla canina parece lo suficientemente inofensiva, y ese es el conflicto: el movimiento se basa en comprender que los policías hacen mucho daño”, escribía la periodista Amanda Hess.

David Guetta pinchó el discurso 'He tenido un sueño' (Martin Luther King) con una base de música house, una escena que podría ser un descarte de la comedia Zoolander

La corporación Quaker Oaks anunció que retiraba la marca de productos alimenticios Aunt Jemima por el pasado racista de la marca. La aplicación para ligar orientada a homosexuales Grindr dejó de ofrecer a sus miembros filtros de raza, aunque el morbo que pueda provocar a los usuarios encontrar compañeros sexuales negros, árabes o asiáticos tiene que ver con el deseo y no implica necesariamente racismo. El mundo corporativo parece entregado a una ceremonia pública de expiación que tiene dudosos efectos en la igualdad racial. Uno de los más gestos cuestionados ha sido el vídeo de David Guetta pinchando el discurso He tenido un sueño (Martin Luther King) con una base de música house, protagonizando una escena que podría ser un descarte de la comedia Zoolander.

También se ha cuestionado al tendencia de subir vídeos de playbacks de la canción Same Love (Macklemore), que en realidad es una letra sobre matrimonio igualitario. O las ceremonias de ‘renuncia al privilegio blanco’, cuando la esencia de este problema es que eso es algo a lo que no te puedes separar voluntariamente, ya que depende de otros. “Este tipo de activismo está basado en gestos que solo son útiles para amplificar el ego, no para apoyar a otras personas”, lamenta el periodista Kambole Campbell en la web Hyperallergic. Por último, la estrella televisiva Trevor Noah pidió a los aliados blancos que pusieran a sus hijos nombre africanos como Kwame o Makeba para burlar el racismo en los procesos de selección de personal de las empresas. “No, estoy bromeando, hay otras formas de ser un aliado, pero teníais que haber visto la cara que habéis puesto”, aclaraba al final del vídeo. Un poco de humor nunca viene mal.

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