En los buenos tiempos, cuando viajábamos frenéticamente, cualquier turista que visitase Londres pasaba inevitablemente por Charing Cross. Con este nombre se designan a la vez la estación de ferrocarril más céntrica, una de las estaciones de metro más frecuentada y, sobre todo, el equivalente a la Puerta del Sol de Madrid, el Kilómetro Cero de Londres –la Milla Cero, habría que decir-, el centro geográfico de la ciudad, desde donde empieza a contarse las distancias de las carreteras a todo el país.

Lo que no sabe el turista es que ese nombre, Charing Cross, quiere decir “la Cruz de la Querida Reina”, pues Charing es una deformación de Chère Reine, Querida Reina en francés, la lengua de la corte inglesa en la época. Es la última de las doce Cruces de Leonor, doce memoriales funerarios que el rey Eduardo I levantó a su “Querida Reina” Leonor de Castilla. La reina inglesa venida de España había muerto en Harby, a 200 kilómetros de Londres, en 1290. Pese a que llevaban 36 años de matrimonio, mantenían un amor apasionado, y el rey Eduardo organizó un cortejo para traer a la Abadía de Westminster el cadáver de su esposa que recuerda el deambular de Juana la Loca con los restos mortales de Felipe el Hermoso. Tardaron doce jornadas, y Eduardo levantaría una cruz en cada uno de los lugares donde hicieron noche.

La tumba de Leonor de Castilla en la Abadía de Westminster luce el escudo de Castilla y León

En realidad eran algo más que cruces, eran elegantes monumentos llenos de filigranas, en el estilo llamado “gótico decorado inglés”, que recuerdan las agujas de las catedrales. Incluían numerosas estatuas de Leonor de Castilla, acompañadas de escudos con la armas de Castilla, León e Inglaterra. El tiempo y los conflictos han destruido total o parcialmente la mayoría de las Cruces de Leonor, aunque quedan tres en buen estado, en los pueblos de Geddington, Hardingstone y Waltham Cross. En cuanto a la de Charing Cross, que era la última del recorrido, con la misma fiebre antimonárquica de los que han atacado a la princesa Leonor por ir a estudiar a Gran Bretaña, los puritanos de la dictadura de Cronwell destrozaron el monumento a Leonor de Castilla en Londres.

Sin embargo fue levantada una réplica en 1869, en tiempos de la reina Victoria, pues la figura de Leonor de Castilla siempre ha sido muy reverenciada por la Casa Real británica.

Viaje de ida y vuelta

Hay un vaivén de Leonores entre Inglaterra y España a lo largo de la Historia. Hace ocho siglos y medio, en 1170, Leonor Plantagenet, hija del rey Enrique II de Inglaterra y de la formidable Leonor de Aquitania, la mujer más poderosa de la Edad Media, vino para casarse en Tarazona con Alfonso VIII de Castilla. La princesa inglesa era aún más joven que nuestra actual princesa de Asturias, pues solamente tenía diez años en el momento de la boda. Era una práctica habitual en los enlaces reales de la época, aunque naturalmente se aplazaba la consumación del matrimonio.

Fue esa reina consorte Leonor Plantagenet quien introdujo en Castilla su característico nombre de pila. Es de origen griego, Elionor, Portadora de Helios, el dios Sol, es decir, Portadora de la Luz. Leonor de Castilla era bisnieta de la inglesa, e hija de Fernando III el Santo, y también la casaron niña, pues sólo tenía 13 años cuando contrajo matrimonio en el Monasterio de la Huelgas de Burgos con “Lord Edward”, que iba a convertirse en rey Eduardo I de Inglaterra.

Se trataba del típico matrimonio de conveniencia política, para sellar las paces entre el hermano de ella, Alfonso X el Sabio, y el padre del novio, Enrique III de Inglaterra, que estaban en guerra. Pese a ello, entre los dos jóvenes surgió un amor total. Tuvieron 15 hijos y no se separaban jamás. Como era una época de reyes guerreros, Leonor de Castilla fue a muchas batallas, incluida la IX Cruzada, durante la cual dio a luz un hijo. La leyenda dice que en Acre (actual Israel) Eduardo recibió una herida envenenada y que Leonor sorbió su sangre para extraer el veneno.

Curiosamente Leonor de Castilla protagonizó la conquista de Gales, donde está el colegio al que va a estudiar la princesa Leonor. Precisamente en esa campaña militar dio a luz al hijo que sería sucesor en el trono, Eduardo II. Leonor de Castilla no abandonó la acción bélica hasta su muerte, pues fue yendo a hacer la guerra a los escocesas cuando falleció en Harby, a mitad de camino de Escocia.