Cualquier devoto -incluso los seguidores ocasionales- sabe que Prince grababa sin parar, amparado por la libertad que le daba Paisley Park (los estudios de grabación que poseía en Minneapolis). La publicación a final de mes de Welcome 2 America es importante porque contiene una docena de nuevas canciones, pero también por su condición de pistoletazo de salida de lanzamientos procedentes de los inmensos archivos del cantante, que conquistó el mundo con un mestizaje mutante de funk, soul, rap, pop y rock. Según The New York Times, los administradores del legado de Prince también tienen prisa por hacer caja porque la Hacienda estadounidense ha decretado que el valor real de la fortuna del genio púrpura es el 163.2 millones de dólares, el doble de los 83.2 millones que declaró Comercia Bank & Trust, la firma que actualmente administra el patrimonio del legendario músico.

La cantante Shelby J., una de sus colaboradoras habituales en la época, explica así por qué Welcome 2 America no se publicó hace diez años: “Aquellos momentos eran muy confusos. Teníamos el colapso financiero por un lado y la llegada de Obama por otro. Prince escribía mucho sobre lo que pasaba a su alrededor y cómo afectaba al mundo (…) Nunca se avisaba sobre la salida de un nuevo disco o si iba a acabar regalándose con un periódico como pasó con 20Ten”, declara a la veterana revista rockera española Ruta 66. También añade que 2011 fue una de las épocas en que Prince disfruto más a fondo de la música. “Irradiaba una energía que era pura felicidad. Estaba muy contento teniendo a la banda que quería…Doce personas sobre un escenario, musicalidad por todos lados”, celebra.

Morris Hayes, teclista y coproductor del álbum, destaca la preocupación de Prince por el abuso tecnológico de nuestra época: "Recuerdo cuando nos hablaba sobre el álbum. En la canción titular menciona los Iphones y los Ipads, explicando como la gente y el gobierno te vigilan y cómo el uso de esos artefactos está permeando nuestra sociedad. Ese es el motivo por el cual él nunca tuvo un teléfono móvil. Ni siquiera llevaba una cartera. Pasaba de ese tipo de cosas. Usaba mi teléfono o el de alguien que tuviese al lado. Memorizaba algunos números y me pedía que los marcase. ¿Quién hace esas cosas? Yo ni siquiera me sé el número de mi padre porque está grabado en la memoria", declara en un extenso reportaje sobre el álbum para la revista Rolling Stone.

Más discos póstumos

La revista británica Uncut le dedica la portada este mes un especial Prince de catorce páginas, donde entre otras cosas hace un inventario de álbumes que tuvo en mente para publicación, pero finalmente no se animó. Muchos estarán perdidos en los cofres del artista, dispuestos para ver la luz en un futuro próximo. El menú abarca desde directos de la era Controversy en 1982 hasta recopilaciones de jam sessions, pasando por álbumes triples como Crystal Ball, grabado en 1987. En este último colaboraba con sus admiradas Wendy & Lisa y con Sheila E. El disco está inspirado en las pinturas eróticas de su novia de la época, Susannah Melvoin, que realizó en un muro blanco que Prince reservó para que ella lo decorase. “Lo llenó de hadas y ninfas, pequeñas mujeres con alas”, recuerda Susan Rogers, ingeniero de sonido de Prince en la primera mitad de los años ochenta.

Otro disco no publicado es Camille, personaje andrógino que servía a Prince para dar rienda suelta a su falsete

También está pendiente de publicación Camille, un trabajo de 1987 donde Prince juega a fondo con su ambigüedad sexual. Este elepé incluso llegó a tener un número de referencia en el catálogo de Warner Brothers, pero finalmente se rechazó su salida (el artista era propenso a descartar proyectos muy avanzados). Camille es el nombre de un personaje andrógino que servía a Prince para dar rienda suelta a su falsete. “Una estábamos seguros de si Camille era un ser vivo o muerto, quizá era un zombi o un fantasma, un ente masculino o femenino”, recuerda Rogers. Se especuló con contratar a un cantante andrógino para interpretar las canciones en directo, pero finalmente se desechó por complicado y las mejores terminaron en el doble Sign o' the times (1987), considerado su obra maestra. Otros posibles discos escondidos en los cajones llevan títulos como The Flesh (1986) y Dream Factory (1986).

Grande desde los 17

Los músicos de la época hablan de un Prince vitalista e impulsivo, que lo mismo alquilaba un cine entero para invitarles a ver una película de horror de serie B que les llevaba a ver un partido de los Vikings, el equipo local de fútbol americano. Prince ni siquiera entendía las reglas de ese deporte, ya que lo suyo era el baloncesto, pero admiraba la forma en que los vikingos inspiraban a la comunidad. Jason Agel, ingeniero de sonido, recuerda otra ánecdota: "Prince era un pésimo conductor y como copiloto había que convencerle para que se pusiese el cinturón (...) Una noche me llevó en coche de vuelta al hotel, sorbiendo vino de un vaso con una pajita. Nevaba con una intensidad loca. En el asiento del acompañante estaba su novia Bria. De repente la nevada se convirtió en tormenta de nieve y empezamos a deslizarnos por la autopista. Estábamos escuchando las cintas del ensayo y él empezó a cantarle a ella 'Purple rain' mientras yo me preguntaba si esta es la noche en que iba a morir".

El testimonio más divertido de los que han emergido estos días es el de Pepé Willie, mentor temprano de Prince, que llegó a esa función por ser el primer músico profesional de su entorno (se conocieron porque Willie era de novio de su prima). "Prince era muy bajito. Pensé que tenía ocho años y en realidad tenía doce. Yo solía hacer bromas sobre él, por ejemplo preguntar a la gente si podía imaginárselo a los cincuenta con una barriguita de fumador de marihuana", bromea en Uncut. Con el paso de los años, la burla se transforma en admiración, cuando descubre las habilidades del chaval y le invita a grabar con su banda, 94 East. "La primera vez que pisó un estudio ya parecía un músico de sesión profesional. El solo de guitarra que hizo para la canción 'Better than you think' sonaba al mismo tiempo como Carlos Santana y The Isley Brothers", destaca. En esa época tenía solo diecisiete años. "Cuando se metía en un estudio era como un niño en una tienda de caramelos. Además no tenía miedo a nada", celebra.