Opinión

Insultar a Pitingo: ¿por qué lo disfrutamos tanto?

El superventas onubense sigue siendo blanco preferente de burlas

Insultar a Pitingo: ¿por qué lo disfrutamos tanto?
Insultar a Pitingo: ¿por qué lo disfrutamos tanto?

En un mundo sometido a constantes cambios, hay al menos una cosa parece inmutable: la satisfacción y sentimiento de superioridad que experimentan muchos menospreciando a Pitingo. Hablamos ya de una venerable tradición: hace más de diez años, un amigo me preguntaba por el nombre del artista, no porque le hubiera gustado una de sus baladas flamenco-souleras, sino porque había estado en un bar de Chueca y había visto en los aseos la siguiente pintada: “Muerte a Pitingo”. ¿Qué puede llevar a alguien a escribir algo así en una puerta?

Es célebre el ensañamiento con el cantaor de la página web satírica El Mundo Today, que ha publicado titulares como “Björk se retira por miedo a que la versione Pitingo”, “Pitingo apoya al independentismo declarando una tregua sin actuaciones en Cataluña” o “Pitingo versiona a Banksy destruyendo una obra de Nirvana”, entre otros. El artista todavía tiene que soportar burlas por haber desmentido a la página humorística cuando publicaron el primer titular, como si fuera un delito no saber que se trataba de un espacio de humor. Quizá las giras internacionales le quitan tiempo de mirar Internet.

Julio Iglesias, Enrique Morente y Roger Waters son algunos de los mitos de la música que han mostrado su respeto por Pitingo

Casi cada cosa que hace Pitingo merece menosprecio. ¿Los Obama piden que actué para ellos en su visita a Madrid de 2018? Entonces el cantaor ha sido la causa de que volvieran a Estados Unidos. ¿Decide no cantar en Cataluña durante los disturbios del procés? Es un truco para ocultar que no ha vendido suficientes entradas en Barcelona. ¿Critica que el PSOE pida el apoyo de Bildu a los presupuestos? Estamos ante un ‘facha’ desinformado que no sabe de lo que habla. Siempre resulta relajante burlarse de alguien a quien se considera kitsch. En todo caso, los prejuicios suelen remitir cuando cambia el marco estético, por ejemplo escuchando esta cruda versión de "Gwendolyne" insertada en una escena carcelaria de Guillermo Fesser:

Clasismo y distinción

La realidad es que Antonio Manuel Álvarez Vélez (Ayamonte, Huelva, 1980) es hijo de guardia civil y pasó su infancia en una casa cuartel, con lo cual es más que humano que sienta rechazo ante la perspectiva de un grupo de izquierda abertzale sosteniendo al gobierno de su país. Por supuesto, meterse con Pitingo es un recurso ganador, que pone al público hípster de tu parte solo con pronunciar su nombre, como bien saben los humoristas de La Vida Moderna, que saben que por absurda que sea la broma sobre él van a salir a hombros. Y no se privaron de hacer la suya estos días.

Los resortes psicológicos que intervienen para que alguien disfrute insultando las canciones de los demás son misteriosos. En el campo de la música, quien más se ha acercado a explicarlos es el crítico cultural Carl Wilson, que analizó en el ensayo Música de mierda (Blackie Books, 2016) los violentos menosprecios recibidos por la superventas canadiense Céline Dion. El estudio -muy recomendable- y sus conclusiones -de sentido común- apuntan a una mezcla de clasismo, antisentimentalismo individualista y necesidad compulsiva de distinguirse de los demás, en las línea abierta por el sociólogo francés Pierre Bourdieu en su clásico La distinción. Base y criterios sociales del gusto (1979).

"Hay una parte del público que no se conforma con no seguirme, se dedica a no seguirme y a criticar algo a lo que tampoco han prestado tanta atención", denuncia el cantante

Wilson recordaba que un periodista del Independent on Sunday llegó a definir a los fans de la cantante como “abuelas, hombres con esmoquin, niños obesos, vendedores de celulares y habituales de los centros comerciales”. Seguramente los críticos de Pitingo sufren un prejuicio similar y por eso disfrutan insultando a un artista muy apreciado entre “abuelas gitanas, hombres vestidos en Cortefiel, empleados de telemárketing y habituales de centros comerciales”. Es una intuición, pero basada en la atención prolongada a este tipo de conflictos.

Respeto de sus pares

Pasemos de la burbuja cool a la realidad. ¿Tan despreciable es la música de Pitingo? En cuestiones de gusto, cada uno tiene derecho a su propia postura, pero hay algunos criterios objetivos que pueden ayudar a orientarnos. Por ejemplo, Pitingo fue un artista muy querido por Enrique Morente, que asistía a sus conciertos e incluso bailaba en su butaca escuchándole. También tiene el agradecimiento de gigantes pop como Julio Iglesias, que le llamó para felicitarle por su emoción al versionarle.

También ha grabado un dueto con Sam Moore, la leyenda del soul que elogió la calidad de su voz. Phil Collins y Roger Waters son otros ídolos musicales que le han mostrado sus respetos. Este último le invitó cantar en el estadio del River Plate en Buenos Aires ¿Es posible, entonces, que el cantaor andaluz no sea tan malo como se comenta en Twitter? No podemos descartarlo del todo.

La última vez que entrevistamos a Pitingo para Vozpópuli, hace justamente un año, nos recordó agradecido cómo le arropó la comunidad del flamenca en sus comienzos. “En mi debut estaban Pepe Habichuela, Juan Habichuela, Carmen Linares, Antonio Carmona y Juan Carmona. También José Manuel Gamboa, un flamencólogo que ha trabajado en muchos discos de Morente”, recordaba.

El propio Pitingo es consciente de lo surrealista de la situación, queda claro en la manera en que lo explicaba a este periódico: “Hay una parte del público que no se conforma con no seguirme, se dedica a no seguirme y a criticar algo a lo que tampoco han prestado tanta atención. Es algo muy español, aunque también es de aquí lo de querer tanto como el público me quiere. En Estados Unidos me preguntan como es posible que los españoles tengan tanta mala leche. Yo creo que eso está cambiando y algún periodista ha reconocido que se me ha tratado injustamente. Ahora el reto es volver a mosquearles otra vez, levantar un poquito de ampolla. Al principio, la crítica me afectaba, pero he llegado al punto que no”, argumentaba. Una actitud cien por cien saludable.

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