Cultura

Cómo sobrevivir a un verano sin perreo

Libros, listas de reproducción y una serie ayudan a profundizar en el estilo con mayor impacto cultural en nuestras noches de verano

Moncho Chavea y Omar Montes
Moncho Chavea y Omar Montes

Da igual lo que se publique de aquí a Navidades: todo indica que nadie podría arrebatar a Benito Antonio Martínez Ocasio -alías Bad Bunny- la condición de autor del disco más importante de 2020. Su himno “Yo perreo sola” es un alegato contra los babosos de discoteca, que provocó un saludable debate feminista sobre las relaciones interpersonales en la pista de baile. Sin que nadie lo esperase, el título de la canción se volvió profético durante esta primavera en que los fans del reguetón han tenido que perrear solos ante el espejo por el confinamiento y por la cancelación de las discotecas. Además se malogró la gira triunfal de Bad Bunny, cabeza de cartel de varios festivales en nuestro país, desde el BBK Live hasta el Caviar de Fuengirola. Por eso hoy toca preguntarse qué pueden hacer los millones de fans del perreo en el verano que no admite frotamientos. Aquí van algunas ideas…

El reguetón siempre ha gozado de pésima prensa en nuestro país, una actitud desconcertante ya que hablamos de un estilo que ha disputado la hegemonía pop la industria anglosajona, llevando las canciones en castellano a los más alto de las listas globales. Este prejuicio comienza a derretirse, en parte por las nuevas generaciones de oyentes que quemaron su adolescencia perreando con "Papichulo", "Gasolina" y "Palante". Estos momentos de distancia social obligada seguramente son propicios para prestar algo más de atención a esos grandes desconocidos que son el reguetón flamenco y el trap flamenco. Un buen modo de comenzar son estas dos listas de reproducción: “Boda gitana con Cathy Claret” y “Soy Gitano”, de José Manuel Gómez "Gufi", ambas en la página web de la recomendable emisora latina Radio Gladys Palmera.

La nueva oleada es más macarra y concienciada: Omar Montes participa en una ONG que ayuda a las familias vulnerables de Pan Bendito

Allí podemos descubrir artistas de alto voltaje como Moncho Chavea, que pasó de la venta ambulante a ser referente del género. De hecho, gracias a su sello Chavea Music Factory se ha convertido en catalizador de una escena urbana donde podemos encontrar nombres como Original Elías, Bandaga y Omar Montes. Como era de esperar, cultivan las canciones hedonistas sobre disfrutar sexo, drogas y fardar, sin olvidar la vida cotidiana del barrio. Se trata de la progresión natural del flamenco pop urbano que cultivaron los “jóvenes flamencos” de Nuevos Medios (Aurora, Ketama, La Barbería del Sur…) y de efímeros-pero-talentosos grupos de radiofórmula como Las Chuches, Las Ketchup y Papa Levante. La nueva oleada es más macarra, pero también más concienciada, por ejemplo Omar Montes particpa en una ONG que estos días ha ayudado a las familias más vulnerables de Pan Bendito.

Superhéroes de barrio

No es casualidad que la escena del ‘Chavea sound’  surja en barrios como Pan Bendito y Caño Roto, sede de una mítica escena de rumba en los años setenta comandada por Las Grecas, Los Chorbos, Los Chichos y Los Chunguitos. Si tuviéramos que buscar un himno emblemático de este tipo de sonido podríamos recurrir al infeccioso “Baila Reguetón” (2012) del superventas popular Canelita. Hay mucho que disfrutar en estecircuito casi siempre alejado de los grandes medios de comunicación y que ha crecido gracias a Internet y a sonar constantemente en celebraciones de la comunidad gitana.

Detrás de muchas estrellas del perreo hay historias de miseria, adicciones y orgullo cultural latino

En sus entrevistas, Moncho Chavea suele decir que su vestuario, letras y vídeos son parte de un personaje, “igual que Daddy Yankee es otro personaje que no tiene que ver con la persona real”. Comprender esa característica clave del reguetón es mucho más sencillo si se da una oportunidad a El ganador, docudrama de ficción de Netflix que nos explica los altibajos de la carrera del superventas internacional Nicky Jam. Los actores no siempre están a la altura, pero el guión tiene ritmo y sobre todo nos ayuda a hacernos una idea de cómo funcionaban los barrios de San Juan donde se forjó este sonido adictivo que ha terminado por conquistar las pistas de baile de todo el planeta. Detrás de muchas estrellas del perreo hay historias de miseria, adicciones y orgullo cultural latino que no tienen nada que ver con la exhibición de lujo de la mayoría de los vídeoclips.

Por último, pero no menos importante, resulta muy recomendable el esfuerzo de asomarse a Internet para comprar el libro Reggaetón: entre El General y Despacito, del periodista argentino-colombiano Pablito Wilson. Se trata del primer ensayo escrito en castellano sobre el fenómeno global del reguetón. Wilson maneja toneladas de información, buen oído y entrevistas sustanciosas con los protagonistas del género. Nunca se echa atrás a la hora de abordar conflictos de género, guerras en la industria o las dificultades de supervivencia de los artistas. En resumen, estamos ante una perfecta introducción al género, que cubre un enorme hueco dentro de las librerías hispanohablantes.

librowilson
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Por contra, quienes detesten el género sin remisión pueden rebozarse en su fobia de la mano de Educación Tóxica: el imperio de las pantallas y la música dominante en niños y adolescentes, del sociólogo marxista Jon Illescas. El libro acierta en la necesidad de educar a los jóvenes en el uso de nuevas tecnologías, cada vez más ubicuas, pero muestra una incomprensible alergia a analizar los matices y paradojas del reguetón. A ratos, el autor despliega una fobia hacia el género similar a la de los reaccionarios estadounidenses de los años cincuenta del siglo XX que pensaban que el rock and roll era la decadencia de la civilización occidental.

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