Cultura

Las ocho pensadoras feministas más incómodas para el 8-M

El discurso dominante es cuestionado por izquierda, derecha y expertas en legislación

Loola Pérez, autora de Maldita feminista
Loola Pérez, autora de Maldita feminista

No hay un solo feminismo, sino muchos. Estas siete palabras son habituales cuando se encalla o se encanalla un debate sobre igualdad de género. El ocho de marzo ha sabido articular en España una manifestación exitosa, multiplicada por el interés de los medios. Lo que no tiene todavía es un discurso capaz de convencer a las intelectuales más exigentes, entre quienes abundan objeciones sustanciales. Estas ocho pensadoras, con diferentes grados de disidencia, tuvieron problemas por sus posiciones poco complacientes con el feminismo oficial.

Camille Paglia

Este año se reeditó su obra más ambiciosa, la monumental Sexual Personae. Arte y decadencia de Nefertiti a Emily Dickinson (1990). Su discurso disputa directamente muchos dogmas del 8 de marzo, desde el 'sólo sí es sí' hasta la idea de que la desigualdad de género se deba exclusivamente a cuestiones de discriminación. El centro de su argumentación es que el feminismo actual está perpetuando la condición de víctimas de las mujeres. Provocadora militante, ha llegado a reivindicar el “derecho a ser violadas”, recordando que -durante los años sesenta- las mujeres reclamaban libertad para salir por la noche de sus residencias universitarias sin supervisión de las autoridades del campus.

Sus propuestas son cien por cien incompatibles con lo que sabemos del enfoque de la ley de libertad sexual que prepara la ministra Montero. “Las organizaciones feministas y sus líderes, que tenían una historia larga de activismo político, han desaparecido totalmente y han sido sustituidas por las redes sociales y Twitter, y hay esta especie de histeria provocada por actrices, por gente como Ashley Judd, gente con graves problemas psicológicos, que ahora ostentan un poder enorme y comparten su experiencia en Facebook desde hace tres años y han formado una ola de irracionalidad”, lamenta en una entrevista reciente.

Arlie Hochschild

Estamos, curiosamente, ante una intelectual progresista clásica. Su discurso reivindica los cuidados y romper los muros que dificultan la empatía entre personas con diferencias políticas. Predica con el ejemplo y pasó años conviviendo con las bases del Tea Party para comprender sus estructuras morales profundas. El resultado se plasma en el espléndido libro Extraños en su propia tierra (Capitán Swing, 2018). ¿Por qué resulta incómodo este tipo de pensamiento para el 8-M? Entre otras cosas, reivindica los “valores familiares” y apoya alianzas con diferentes iglesias para transformar radicalmente el Día de la Madre. “Lo que me gustaría ver son más iniciativas como la del reverendo William Barber II, un ministro negro, baptista y evangélico de Carolina del Sur. Aprecio su actitud de no tener miedo a la hora de calzarse los zapatos de Martin Luther King. Uno de sus proyectos consiste en convertir el Día de la Madre en una jornada nacional de la solidaridad”, explicó en 2018. También opina que “la izquierda actual vive en una burbuja y sus intelectuales solo hablan de sí mismos”.

"No puedes expresar desacuerdos por una cuestión de sororidad; es una infantilización peligrosa por totalitaria", opina la antropóloga Khyal

Leyre Khyal

El discurso de esta antropóloga y sexóloga supone un desafío a los planteamientos del feminismo dominante. Ya creaba polémica antes de publicar su libro Prohibir la manzana (Deusto, 2019) en colaboración con Un Tío Blanco Hetero, anticristo oficial del movimiento feminista español. Khyal destaca por su amplia cultura, que le permite analizar conflictos actuales con las herramientas de intelectuales tan diversos como Michel Foucault, Camille Paglia, Georges Bataille, María Jesús Izquierdo y Gregorio Marañón, entre muchos otros. “Ahora mismo, la estrategia es culpar al hombre de todo. Es el mecanismo del chivo expiatorio. El feminismo debería culpar menos y esforzarse por entender los mecanismo de expiación colectiva. No nos sirven de nada los linchamientos”, opina.

También ha cuestionado la alergia a los debates profundos: “Se ha llegado a un consenso absurdo de que no puedes expresar desacuerdos por una cuestión de sororidad. Es una infantilización peligrosa, por totalitaria, pensar que discutir es ser malo con la otra persona. Es un sentido de la lealtad que me resulta sospechoso, sobre todo en un movimiento intelectual”, afirma. También ha sido criticada por haber dirigido un una empresa de ocio para adultos.

Jessa Crispin

Agitó las librerías con un panfleto afilado y contundente: ¿Por qué no soy feminista? Un manifiesto feminista (Alpha Decay, 2018). Sus entrevistas son pura dinamita, con acusaciones a Hillary Clinton, Lena Dunham o Beyoncé de no ser verdaderas feministas. “Aprovechar tu situación económica para cumplir las expectativas de belleza y mantener una imagen femenina irreal es una forma de perjudicar a todas las mujeres que no pueden permitirse esos lujos”, explicaba.

"Jugar tus bazas de manera que la opresión masculina te favorezca nunca puede ser llamado feminismo”, señala Jessa Crispin

Ponía, sobre todo, el foco en la candidata perdedora a la Casa Blanca en 2016: “El programa electoral de Hillary Clinton no era feminista. Sus propuestas eran racistas, belicistas y opresivas para las personas más pobres del país. Nunca hubiera apoyado su candidatura. Es sorprendente lo rápido que cambió el mensaje de sus partidarias, que pasó de 'deberías apoyar a Hillary' a 'si no votas a Hillary, eres una traidora a la causa'. Intentaron que pareciera que defender a cualquier otro candidato -digamos Bernie Sanders- era una traición al concepto de sororidad”, subrayó. Encuentra vergonzosa la idea de que el feminismo se haya convertido en algo que se puede expresar en una camiseta, un perfil de Twitter o un currículum laboral. “Jugar tus bazas de manera que la opresión masculina te favorezca nunca puede ser llamado feminismo”, remata.

Prado Esteban

Su nombre no sonará a la mayoría, pero suscitó un fuerte rechazo en la década pasada con sus explosivos enfoques sobre la lucha de las mujeres. Ajena a ambientes académicos y madre de familia numerosa, su perfil biográfico está en las antípodas de las líderes feministas habituales. “Beauvoir es el paradigma del feminismo como ideología misógina, que considera a la mujer un ser inferior biológica y esencialmente y deplora la feminidad en todas sus facetas, pero especialmente en la maternal. Esas ideas han servido para enviar a millones de mujeres a las ergástulas del trabajo asalariado. Su pensamiento fue muy apreciado por la Sección Femenina, y loado por personajes tan importantes como la Condesa de Campo Alange, autora de La Secreta Guerra de los Sexos, publicado en España en 1947, dos años antes que El Segundo Sexo de Beauvoir, y cuyo contenido es muy similar”, recuerda.

Los textos de Esteban no desprenden afán de provocación, sino hartazgo con el feminismo urbanita y ‘chic’. Avisó de paradigmas que se nos venia encima, por un feminismo que rechazaba el amor romántico y las relaciones heterosexuales, consideradas herramientas de sumisión heteropatriarcal. “He sentido un dolor intenso al presenciar cómo la generación de mi madre y mis tías repudiaban sus propias vidas, dedicadas a otros antes que a sí mismas, y reescribían su biografía para someterse al ideario del egoísmo universal propio del feminismo de Estado (aunque ellas no lo practican), al ver a muchas mujeres de mi generación y más jóvenes, renunciar a sus propios proyectos acobardadas ante la furiosa propaganda de los aparatos de adoctrinamiento y el ostracismo social a que se enfrenta quien los contradiga”, explicaba.

Clara Serra

El discurso de Serra está enmarcado en un apoyo firme al feminismo que representa el 8 de marzo. Dicho esto, pocas autoras españolas han hecho tanto por cuestionar desde dentro las certezas del movimiento. Pensemos en sus polémicas posiciones sobre las fantasías sexuales y su defensa de los debates académicos sobre porno y prostitución en las universidades.El libro Leonas y zorras (Catarata, 2018) recoge la distinción de Maquiavelo entre políticas de coacción y seducción, relacionándolas con conflictos de género. “Naturalizar lo femenino en política, aunque siempre sea en nombre de las bondades de las mujeres, puede servir para que los hombres piensen que ellos juegan en otra liga y no se planteen lo que esto comporta: que un modo menos retador y agresivo de hacer política es, no una manera femenina de hacer política sino, simplemente, una mejor manera de hacerla”, señala.

"Estaría bien hablar un poco de los 'aliados', que dicen que los hombres tienen que callarse sobre feminismo y no paran de dar charlas, ir a la radio y escribir libros para decirlo", denuncia Serra

La tensión por su salida de Más País también revela las dificultades para insertar políticas feministas en la “nueva política”, que mantiene estructuras demasiado verticales y volcadas en liderazgos personales. ¿La última polémica en sus redes? Un tuit donde plantea que algunos hombres se extralimitan en sus apoyo al feminismo. "Ya que analizamos tanto las contradicciones de las mujeres feministas un día estaría bien hablar un poco de los hombres 'aliados' que dicen que los hombres tienen que callarse sobre feminismo y no paran de dar charlas, ir a la radio y escribir libros para decirlo".

Guadalupe Sánchez

De sobra conocida por los lectores de Vozpópuli, esta abogada acaba de publicar Populismo punitivo (Deusto, 2020), un ensayo que contiene críticas sustanciales a las derivas identitarias del feminismo. “Uno de los motivos por los que soy contraria a este nuevo movimiento que llaman feminista -yo lo llamo identitario de género- es porque es excluyente y adjetivador, en el sentido de que se quiere hacer del feminismo un gueto ideológico. Creo que para triunfar, el feminismo el tiene que ser universal. No sólo para que englobe a todo tipo de mujeres, sino también a los hombres. No podemos hacer una sociedad donde impere la igualdad ante la ley y la igualdad de derechos si no contamos con ese cincuenta por ciento de la población que estas feministas se empeñan en señalar como violentos o propensamente violadores”, explicó recientemente.

Sus posiciones han encontrado amplio eco, aunque también criticas feroces, ya que afirma que el sistema jurídico actual ya ofrece herramientas suficientes para defender la igualdad. “Que me citen Isabel Díaz Ayuso o Cayetana Álvarez de Toledo para mí es un auténtico honor. Y que Ayuso lo vaya a presentar, también. Para el que quiera ver en estas circunstancias connotaciones políticas, pues le invito a que el 26 de marzo acuda a la presentación del libro en la sede de CCOO, donde haré un segundo acto acompañada de personalidades de la izquierda”, señala.

Loola Pérez

Nacida en 1991, representa a la oleada de mujeres jóvenes incómodas con el discurso que se le intenta imponer desde arriba. Creó un intenso debate con su artículo 'Follar con empatía. Otra lección puritana que se disfraza de feminismo'. Sirva de resumen este fragmento: “¿Tanto cuesta entender que cada persona es responsable de su placer? ¿Tan difícil es asumir que el hecho de que un tío tenga iniciativa sexual no es sinónimo de abuso, violación o actitud de dominio? ¿Por qué nos deberíamos sentir agredidas y ofendidas ante la evidencia de que hay amantes hábiles y otros sumamente torpes? ¿Tan débiles somos las mujeres que no podemos lidiar con una experiencia incómoda en nuestra intimidad? ¿Necesitamos protección hasta cuando no nos corremos?”, se preguntaba.

Ahora publica Maldita feminista (Seix Barral, 2020), donde expone su visión de los conflictos de género, reivindicando el sentido común y la reconciliación en la actual guerra entre hombres y mujeres. “Ahora parece que todas las famosas necesitan firmar un libro sobre feminismo. Es una moda, pero los refritos tienen fecha de caducidad. Se necesita novedad y ampliar perspectivas. Quizá es eso lo que Maldita feminista propone, una búsqueda de nuevos puntos de vista, una llamada al debate frente al dogmatismo y sobre todo, profundidad para abordar cuestiones como la prostitución, las políticas de igualdad o la diferencia entre los sexos”, explica.

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