El documental, y en concreto el documental de corte social, se ha convertido sin duda en el formato estrella del año. Lo hemos visto en España, con El año del descubrimiento, ganador de dos premios Goya, y también lo veremos en los próximos premios Oscar, el 25 de abril, en los que la cinta rumana Collective (que se puede ver en HBO), sobre la corrupción de Alexander Nanau, opta a dos estatuillas: mejor película internacional y mejor documental.

Junto a ella, el cortometraje documental Do not split, otra de las nominadas destinada a impactar y remover la conciencia, ha conseguido, de momento, que China haya pedido a los canales de televisión una cobertura mínima de los Oscar. Esta cinta, dirigida por el cineasta noruego Anders Hammer y producida por Field of Visión -encargada de llevar a cabo proyectos de no ficción sobre dilemas de actualidad-, ha sido censurada en China.

¿El motivo? Este realizador, curtido durante años en Afganistán y en las manifestaciones de la Primavera Árabe en El Cairo, se adentra con su cámara en las violentas protestas vividas en Hong Kong desde mediados de 2019 y ofrece una visión de los manifestantes que no ha gustado al Gobierno chino. Con la única narración de sus protagonistas, se ha convertido en uno de los documentos más impactantes que se han visto recientemente .

'Do not split', el documental que China no quiere que veas / Field of Vision

Se trataría de la primera vez en más de medio siglo que China no emite la ceremonia más importante de la cinematografía, en un año en el que, además, cuenta con gran representación: además de la presencia de la producción Better days, la cineasta chino estadounidense Chloé Zhao se ha convertido con Nomadland en la primera directora asiática que aspira al Oscar a la mejor dirección. Además, su película es la gran favorita, pero unas declaraciones realizadas contra la política de China hace más de cinco años enfadaron a los internautas y el Gobierno se hizo eco, por lo que, en lugar de ver estas nominaciones con orgullo, considera esta edición casi una ofensa nacional.

China y su ley de extradición

En Do not split, de 35 minutos de duración, Hammers no tiene ningún problema en cruzar las líneas rojas que haga falta traspasar para conseguir que la cámara narre en primer persona los hechos que tuvieron lugar desde mediados de junio de 2015. El objetivo de su artefacto se convierte en un manifestante más e invita al espectador a vivir de la manera más visceral y cruda posible la experiencia de un territorio en el que las grandes protestas y las manifestaciones habían sido casi anecdóticas durante casi 25 años.

Las imágenes de esta cinta arrancan el 4 de octubre de 2019. Unos manifestantes encapuchados y vestidos de negro buscan una sede del banco de China entre un gran revuelo de gente y un ruido constante de sirenas. Piden a un ciudadano que se encuentra en el cajero que abandone el lugar y prenden fuego al local. Han pasado cuatro meses desde que el Ejecutivo chino anunció la tramitación de una norma que el pueblo de Hong Kong considera una amenaza para la libertad y la democracia y la situación se ha convertido en una olla a presión.

Las protestas ciudadanas pacíficas comenzaron en junio de 2019, después de que el Gobierno presentara un proyecto de ley que contemplaba la extradición de presuntos delincuentes a China continental. "Los tribunales chinos tienen una tasa de condenas del 99%. El consejo legislativo de Hong Kong no supervisaría el proceso de extradición", señala este documental al inicio del metraje, según recoge Vozpópuli.

Aunque la ley estaba pensada solo para delitos como homicidio o violación, los ciudadanos de Hong Kong temían que en realidad englobara a sospechosos de cometer otro tipo de acciones consideradas delictivas por el país, y que afectara por tanto a activistas, abogados por los derechos humanos y otros trabajadores sociales. Por ello, el 16 de junio de 2019, un día después de la toma en consideración de este proyecto legislativo, alrededor de un millón de personas salieron a las calles de Hong Kong para protestar, aunque el Gobierno chino rebajó la cifra a 240.000 personas. En cualquier caso, basta con observar las imágenes de aquellas primeras protestas pacíficas, las más numerosas desde que el territorio volvió a formar parte de China, en 1997, para hacerse una idea de la magnitud del descontento.

Fotograma de 'Do not split', el cortometraje que China no quiere que veas / Field of Vision

Las protestas se alargaron varios meses y la tensión fue en aumento. Los intentos de la policía por reprimir a los manifestantes, cada vez más arbitrarios y violentos, según recoge el documental, contrastaban con la rabia, la decepción y la indignación de los ciudadanos, que temían el aumento de la censura y de las represalias. La violencia se instaló en las calles, la brutalidad policial aumentó de manera exponencial y solo el coronavirus dejó en un segundo plano un conflicto que amenazó durante meses la estabilidad del territorio.

Desde que se anunció la situación de pandemia, las restricciones impidieron la celebración de protestas masivas y, tras la aprobación en junio de 2020 de la Ley de Seguridad Nacional, decenas de políticos de la oposición y activistas han sido detenidos, algunos de los cuales aparecen en este documental. "La libertad de reunión y la libertad de expresión están desapareciendo día a día. Esta película trata sobre esa situación, que todavía está en curso", señaló recientemente el cineasta en declaraciones al medio estadounidense Indie Wire acerca de este cortometraje documental, que puede verse a continuación, gratis y sin filtros: