La película Nomadland es, hasta el momento, la gran triunfadora de la temporada. Recibió el León de Oro, máximo galardón del Festival de Venecia, fue reconocida con grandes honores en los Globos de Oro (película y dirección) y aspira a seis estatuillas en la próxima edición de los Oscar, entre ellas, algunas de las más importantes. La cineasta Chloé Zhao dejará de ser un nombre desconocido para el gran público a partir de este viernes, con el estreno en España de esta gran favorita, protagonizada por Frances McDormand: un canto a la decepción, al desencanto y a la desesperanza desde lo más profundo de Estados Unidos.

Esta película está basada en la novela homónima de la periodista Jessica Bruder, que en España ha publicado la editorial Capitán Swing, en la que su autora recorre el país por carretera para recoger testimonios de la nueva mano de obra barata del país: mayores ahogados económicamente que buscan alternativas para sobrevivir y que se han lanzado a la carretera en una vida errante.

La cineasta chino estadounidense Chloé Zhao ya demostró sus habilidades para retratar el oeste contemporáneo en The rider (2017) y ahora adapta este relato en su nueva película. En ella, una mujer viuda decide emular a cientos de ciudadanos estadounidenses en la tercera edad que, ante una jubilación insuficiente y unas perspectivas muy quebradizas, abandonan sus casas y deciden vivir en la carretera convertidos en nómadas de pocos recursos en pleno siglo XXI y en el país más rico del mundo.

Caravanas, furgonetas y remolques han sustituido a las casas que ya no pueden pagar y su estabilidad ha dejado paso a trabajos como temporeros, mozos de almacén de Amazon o personal de limpieza de las áreas de autocaravana de las que también son clientes.

La de Fern (McDormand) es tan triste como cualquier otra. Ella es aquí una mujer nostálgica, con un lado un tanto excéntrico que busca cobijo ante la desesperación que le provoca haberse quedado viuda sin un sustento para sobrevivir. Es una mujer valiente y alegre, pero lleva a cuestas su duelo por todo el país, y recorre carreteras con su pena para superar su situación como lo hicieron los pioneros, aquellos que emigraron del este al oeste del país con lo poco que les quedaba.

Rodaje de Nomadland / Searchlight Pictures

"No soy una sinhogar, soy una sincasa", afirma en uno de los momentos la protagonista de esta película, en la que también destaca una referencia a una canción de los Smiths sobre el mismo tema: "Home is it just a word? Or is it something that you carry within you?" ("¿Es el hogar solo una palabra, o es algo que llevas contigo?"). La dignidad, a pesar de no tener calefacción, contar con plagas de hormigas en todo el habitáculo y con dormir en camas de escaso metro y medio, se mantiene firme.

La actriz Frances McDormand probablemente se hará con el tercer Oscar de su carrera por su papel protagonista en esta historia, después de haber sido premiada por sus trabajos en 'Fargo' (1996), de los hermanos Coen, o en 'Tres anuncios en las afueras' (2017), de Martin McDonagh. Sin embargo, lo cierto es que tendrá una dura competencia: también aspiran a este galardón Viola Davis ('MA Rainey's black bottom'); Andra Day (The United States vs. Billie Holiday'); Vanessa Kirby ('Fragmentos de una mujer') y Carey Mulligan ('Una joven prometedora').

Tampoco sería extraño que el Oscar a la mejor dirección de fotografía fuera para el trabajo de Joshua James en Nomadland, responsable de los paisajes tan poéticos, magnéticos y evocadores de esta película, que llenan los silencios y el peso de los pensamientos, el dolor y la esperanza. Él es responsable, sin duda, del aura espiritual que recorre el filme, como también lo consiguió en The rider.

Nomadland, presagio ante la indiferencia

Al margen de la historia protagonista, Nomadland obliga a preguntarse qué ha ocurrido en el mundo para que mayores con trayectorias tan diferentes hayan terminado en una situación tan límite, y funciona también como un presagio de las consecuencias que tendrá en el futuro unos hábitos cada vez más deshumanizados. Solo por esto, esta cinta también es triunfadora en su mensaje, y no es coincidencia probablemente que otras películas -algunas también nominadas a los Oscar, como El Agente topo- pongan el acento en el olvido de los mayores y las condiciones en las que envejecen. Tal y como señaló Maite Alberdi recientemente a Vozpópuli, es un asunto "universal y contingente".

En cualquier caso, la película de Zhao también rezuma optimismo. En el sinfín de trabajos temporales que ocupan, estos mayores encuentran el cobijo que les aporta el calor humano, literal y figurado, y en este clima encuentran la esperanza entre encuentros, fogatas y reuniones improvisadas en las que cuentan sus historias. Y es en estos momentos cuando la intimidad que provoca Chloé Zhao es tan intensa que parece real, como si se tratara de un documental.