De las 7947 obras que conforman la colección del Museo del Prado, 52 han sido pintadas por mujeres. Siete están expuestas en la colección permanente del edificio Villanueva y cinco en la muestra Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana. Historia de dos pintoras, que estará abierta al público hasta este fin de semana en la sala C del edificio Jerónimos.

Comisariada por Leticia Ruiz, jefa del Departamento de Pintura Española del museo, la exposición muestra una selección de 65 obras, una selección que reúne los trabajos fundamentales de ambas pintoras de la Italia del siglo XVI. Hasta el momento, más de 123.000 visitantes han podido disfrutar de este recorrido por la personalidad artística de cada una. Los perfiles de ambas, y de los que habla Ruiz en esta entrevista concedida a Vozpopuli, permiten retomar la reflexión sobre el peso de las mujeres en el arte según su momento histórico.

Sofonisba Anguissola nació en el seno de los Anguissola-Ponzoni, una familia de la pequeña nobleza de Cremona, en Italia. Su talento y su personalidad, así como el empeño promocional de su padre, que posibilitó e impulso la práctica artística de su hija,  la convirtieron en una dama afamada y respetable. Como dama de compañía de la reina Isabel de Valois, su notoriedad artística forjó un mito femenino que aún perdura en la historia de la pintura. 

Detalle de La reina Ana de Austria. Sofonisba Anguissola. h. 1573. Museo Nacional del Prado

Algo más joven que Anguissola, Lavinia Fontana pertenecía a una de las familias de editores y libreros más importantes de Bolonia. También apoyada por su padre, fue la primera mujer en ser reconocida como pintora de forma profesional, lo que le permitió traspasar los géneros impuestos a las mujeres. “De lo único de lo que no se tienen ejemplo es de bodegones, pero sí de paisaje, retratos, pintura vinculada al hecho religioso y, sobre todo y excepcionalmente a la mitología”, asegura Ruiz al momento de trazar la trayectoria de ambas.

“Entre las dos pintoras hay muchas cercanías, pero también elementos diferenciados. Sofonisba es una gran retratista. Fue una mujer muy conocida que tuvo muy buen juicio por parte de Miguel Ángel. También aparece en Las vidas, de Vasari. Al haber alcanzado el puesto  de dama de la corte de Isabel de Valois conseguirá dar visibilidad y reconocimiento social a la práctica artística por parte de las mujeres, que hasta ese momento no habían tenido”, plantea la comisaria de la exposición. “Ambas se colocan en paralelo a la pintura que en ese momento están haciendo los hombres. Es un salto cualitativo muy importante”.

Leticia Ruiz, jefa del departamento de Pintura Española del Museo del Prado

La representación que hacen tanto Sofonisba Anguissola como Lavinia Fontana en sus retratos y autorretratos aportan un perfil sobre qué se le exigía a las mujeres de la época: una serie de sensibilidades artísticas que incluían la lectura, la religiosidad, el dibujo, la compostura. Hay información suficiente tanto en sus creaciones como en sus biografías para entender su posición, acotada siempre en las clases acomodadas y aristócratas. “Tanto  Sofonisba Anguissola como Lavini Fontabafueron mujeres mucho más decididas, autónomas, independientes y curiosas de lo que la época requería para las mujeres de su tiempo”.

En lo que a la Corte de Felipe II, de la que formó parte Sofonisba, el papel de las mujeres debe ser interpretado en función de cada circunstancia histórica, del reinado y de la educación de cada reina. “No es lo mismo Isabel II que tuvo una educación estrecha y muy limitada, con las mujeres de la corte de Austrias, desde el punto vista del poder, la religión y una formación humanista. Hay pocas mujeres tan educadas y refinadas como las hijas de los Reyes Católicos, que fascinaron en las cortes por donde pasaron. Pocas figuras son tan llamativas como las hermanas y las hijas de Felipe II. Juana de Austria fue una de las mujeres más importantes como coleccionista y también desde el punto de vista religioso, alguien perfectamente situada políticamente”.

El Prado y lo femenino

Ya en 2016, la pinacoteca abrió una línea de investigación y trabajo con El arte de Clara Peeters, la primera muestra íntegramente dedicada a una mujer y donde se expuso la obra de esta pintora flamenca especializada en bodegones y una de las pocas mujeres artistas activas en Europa durante la primera mitad del siglo XVII. A Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana. Historia de dos mujeres le seguirá Invitadas, una exposición que abordará el papel de la mujer en el sistema español de arte en el siglo XIX y primeros años del XX, y que podrá verse desde el 31 marzo hasta el 6 septiembre de 2020.

De las casi ocho mil obras que integran la colección del Prado, 52 pertenecen a mujeres y de ese grupo hay expuestas doce. “Eso quiere decir que son magníficos cuadros. Lo que está expuesto es porque tiene un relato y una enorme calidad. Sería un engaño por parte de las mujeres tratar de sacar de los almacenes cualquier cosa por el hecho de que sea mujer. La historia es como es y no la podemos cambiar. Quizá esto habría que pedirlo más a un museo contemporáneo  que a un museo de la antigüedad como el nuestro. Si hay cuatro obras de Clara Peeters expuestas es porque es buenísima y porque está la par de los bodegonistas flamencos de las coleccione del museo del Prado”.

Leticia Ruiz, jefa del departamento de Pintura Española del Museo del Prado

Hasta le fecha se han dado algunas discusiones sobre pinturas icónicas como El rapto de Europa, de Tiziano, que han sido leídas en clave contemporánea, e incluso descontextualiadas, en función de la discusión de género. ¿Qué pasaría si alguien pidiese, por ejemplo, cambiar el título de Tiziano por La violación de Europa? “Creo que es un exceso, porque hay que pensar en los nombres tal y como su tiempo los trazó”, contesta Ruiz , quien llega incluso a proponer lo que la traslación de un concepto como violación encarna.

La jefa de Departamento de Pintura Española del Renacimiento y del Área de Marcos del Museo Nacional del Prado ha estado al frente de muestras como la que se dedicó al Greco en el aniversario de los 400 años de su muerte. Doctora en Historia del Arte y graduada en Restauración por la Escuela Superior de Restauración y Conservación de Madrid, ha trabajado para Patrimonio Nacional, donde trabajó con el fondo fotográfico de la institución. En 1999 ingresa en el Cuerpo Facultativo de Conservadores de Mu­seos, y comienza a trabajar como conservadora en el Museo del Prado, donde se ocupa de la colección de obras del renacimiento y primer tercio del siglo XVII.