Cultura

Mónica Ojeda, la mujer que inventó el gótico andino

La autora ecuatoriana revoluciona el panorama literario. Después de su novela ‘Mandíbula’, Páginas de Espuma publica sus relatos

La escritora ecuatoriana Mónica Ojeda.
La escritora ecuatoriana Mónica Ojeda. Sergio Cardeinio.

A Mónica Ojeda le gustan el caos y la oscuridad, lo hermoso que metamorfosea en terrible. Sus editores lo llaman gótico andino, una convención para explicar las páginas que esta mujer escribe. La llaman el fenómeno literario. Y lo es. En España, el sello Candaya publicó en 2019 su novela Mandíbula. En esta ocasión Páginas de Espuma edita su primer volumen de relatos: Las voladoras, un libro que consigue poner nervioso al lector y mostrar, al mismo tiempo, un universo hermoso y feroz.

Como ya lo hizo en Mandíbula, Mónica Ojeda recrea un mundo entre terrorífico y onírico: criaturas que se suben a los tejados y alzan el vuelo con las axilas empapadas de miel, una adolescente apasionada por la sangre, una profesora que recoge la cabeza de la vecina en su jardín o una chica incapaz de separarse de la dentadura de su padre. Son trasuntos de una realidad aún más voraz. No nos habla Ojeda de monstruos o cíclopes, sino de asuntos tan terrenales como la violación, la violencia y el incesto.

Entre lo siniestro y lo gótico, cada historia recrea un ecosistema que ha caracterizado la narrativa de Ojeda. En su escritura, la autora ecuatoriana mezcla el miedo, las relaciones afectivas y la crueldad, pero también el incesto, la locura, la obcecación, Internet... Se vale de lo sobrenatural para hablar del mundo que la rodea y nos rodea. Es una voz literaria aventajada y virtuosa y sobre eso habla la escritora con Vozpópuli.

¿Esa voz propia de dónde viene?

Yo creo que viene quizá de una intención muy específica de buscar experiencia poética en la palabra, incluso cuando escribo narrativa. La palabra genera atmósfera, música, sonido, una sensibilidad especial a la hora de leer algo. Cuando escribo sobre cosas violentas y oscuras mi palabra se convierte en algo emocional y deriva en lo bello.

Para Mónica Ojeda el lenguaje delimita un territorio que habita la infancia, la ensoñación, el terror, pero, sobre todo, la violencia. ¿Disfruta despellejando el dolor de los demás?

Necesito hacerlo, porque los temas que me interesan tienen que ver con las cosas que son tabúes en nuestra sociedad, con los cuerpos dañados que generan violencia sobre otros o también sobre aquello que ocurre en la mente de gente con traumas. Me interpelan como escritora y llego ahí por necesidad. La literatura mira bajo la línea de flotación y nos permite tantear qué hay en esas zonas de sombras.

La suya es una escritura abisal, entonces.

Lo siento así.

Las voladoras no habla de mujeres cíclopes, aunque lo haga, acaso de una pulsión sexual casi incestuosa… así como Sangre coagulada habla de abortos. ¿Son más físicos y sensuales sus cuentos que sus novelas?

Totalmente, por eso me llama la atención lo mítico, lo mágico y lo ritual. El libro está trabajado desde la perspectiva básica en la que los mitos surgen como respuesta a una necesidad, un hambre. Acabamos generando narraciones específicas y formas de entender la realidad que explican lo que es difícil de explicar para nosotros, por eso en los relatos termino hablando del deseo, los abortos, el incesto o los distintos tipos de incestos.

Algo en sus relatos recuerda al Juan Rulfo de El llano en llamas

Me halaga. El llano en llamas es uno de mis libros de cabecera. Rulfo es un escritor de base, a lo largo de todas las lecturas que he podido hacer y a las que vuelvo, El llano en llamas es una. Tengo una fuerte tradición poética que quise negar en su momento. Pensé que mi narrativa iba a ser leída de forma peyorativa y me he ido envalentonando en torno a esta, como Anne Carson, que trabaja de forma híbrida.

"Al escribir Las voladoras me di cuenta que el mundo ancestral está vivo hoy, al mismo tiempo que lo está Internet"

Usted igual ha escrito del Deep Web que de leyendas ecuatorianas….

Al escribir Las voladoras me di cuenta que el mundo ancestral está vivo hoy, al mismo tiempo que lo está Internet. No estoy hablando de un mundo muerto, viene de mucho tiempo y está vivo con todo lo actual y contemporáneo. Es mis otros libros lo contemporáneo está ahí, es innegable. En Las voladoras hay un relato titulado Soroche, en el que un personaje sube un vídeo íntimo a la red. Es parte del paisaje contemporáneo.

Las voladoras está escrito en un registro muy local, exprime el imaginario y una cadencia muy andina y tremendamente universal, sobre todo en su oralidad.

No lo pensé mientras escribía, pero sí que lo hice después. Lo que me estaba llamando más y me apasionaba de este mundo mitológico y simbólico de los Andes eran sus peculiaridades: ver cómo se enlazaban con todas las mitologías, bajo un fondo de vulnerabilidades humanas que nos conectan a todos por igual: raptar a una Diosa, violar a una mujer convertida en vaca.

¿Adónde lleva el relato y adónde la novela?

Todos los formatos te dan una posibilidad, que es lo que me interesa. Nunca había escrito un libro de relatos. Tenía cuentos, pero no un libro con relatos dialogantes. El relato tiene una intensidad que busco en las novelas, aunque la novela es un género distinto: requiere subidas y bajadas. Lo que descubrí con los cuentos fue eso: es más fácil llegar a una intensidad potente, no sólo con al historia sino la emoción que genera el lenguaje.

Entre el Boom y el presente quedan intentos como McOndo, la generación del Crack o incluso el propio Bolaño, parricida por excelencia. ¿Su literatura está más allá de eso?

Es necesario tener esa tradición, incluso negarla implica tenerla presente. Yo no reniego del realismo mágico ni mucho menos, lo considero algo que ha dado gran literatura, pero no me siento atada a esa forma de escribir. Mi  escritura está permeada por esa y cientos más. No la rechazo, pero tampoco la acojo en exceso. Me dejo contaminar por distintas cosas. Los escritores de América Latina están teniendo sus propias búsquedas.

¿Qué la hizo lectora… o incluso escritora? ¿Qué lecturas la marcaron?

Te diría que con las narraciones extraordinarias de Edgar Allan Poe, es de los primeros. Con más edad leí Moby Dick, tenía 16 años. Me voló la cabeza, me volvió loca, pero recuerdo cuando era más niña, a los 10 u 11 años, los cuentos de Poe.

Pensando en autoras como Mariana Enríquez, quiero preguntar: ¿en la escritura latinoamericana el miedo es también político?

No estamos haciendo nada original. En los siglos pasados otros autores trabajaron historias de miedo con implicación política. La literatura de miedo ha sido vista como sub literatura, incluso con Poe o Lovecraft. Ha sido casi un ejercicio menor, como si el miedo no fuera una emoción buena para explorar a fondo. El miedo nos determinan: los cotidianos, no los sobrenaturales. Así se ha hecho desde siempre.

Un detalle de la cubierta de 'Las voladoras', de Mónica Ojeda (Páginas de Espuma)
Un detalle de la cubierta de 'Las voladoras', de Mónica Ojeda (Páginas de Espuma)

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