Se ha publicado hace unos meses Sobre izquierda alternativa y cristianismo emancipador (Trotta), que recopila las reflexiones más espirituales del intelectual ateo Francisco Fernández Buey, uno de los marxistas más flexibles y valiosos de la izquierda española. Sus páginas muestran la potencia emancipadora de pensadores cristianos como Simone Weil, Bartolomé de las Casas y Pier Paolo Pasolini, de quien se cita este pasaje esclarecedor: “Soy un marxista herético (…) Marx ha dicho cosas tremendas. Por ejemplo, en materia religiosa. Todo lo que ha dicho Marx en materia de religión es para tomarlo y tirarlo, es fruto de una ignorancia colosal. Y la crítica de la religión es un buen pedazo del marxismo. En compensación, todo lo demás (…) es tremendamente actual”, sentenciaba el artista italiano.

Este libro nace de un trabajo minucioso de Rafael Díaz-Salazar, profesor de Sociología y Relaciones Internacionales en la Complutense. El análisis se abre con una cita cristalina de Fernández Buey: “Algunos tuvimos que entender otro cristianismo para seguir siendo comunistas”, explicó en 1966. No era solo una pirueta retórica, sino una constatación práctica, que se fue confirmando con los años: los marxistas se encontraban demasiadas veces en la misma trinchera con las comunidades cristianas, desde la lucha antifranquista hasta los movimientos antiglobalización de los años noventa y los dosmiles.

Entre lo mejor del libro, encontramos una defensa de Bartolomé de las Casas como un pensador más avanzado que otros clásicos posteriores del pensamiento occidental: “El concepto mismo de ‘tolerancia’ elaborado por los ilustrados europeos revela el etnocentrismo de estos. La mayoría de los filósofos morales y economistas de la Europa ilustrada aprobaron el expolio colonizador de América, África y Asia por su paisanos. (…) Un recorrido por la primera economía política de los ilustrados escoceses, ingleses y franceses desde Smith hasta Marx y desde David Ricardo hasta Bentham resulta a este respecto revelador. Incluso Bentham, objeto de tantas flores entre filósofos y científicos de la moral y de la política de nuestros días, y que escribió, efectivamente, varias veces en favor de ‘emancipar las colonias’, ya en el cambio hacia el siglo XIX, lo hizo como consejo a amigos liberales y revolucionarios franceses, españoles o latinoamericanos, pero siguió defendiendo, contradictoriamente, los intereses humanitarios del colonialismo inglés”, lamenta Fernández Buey.

¿Cómo actúas cuando te pide un pobre?

Fernández Buey también considera un “error político” la famosa declaración de Azaña de que “España ha dejado de ser católica”. Seguramente fue una frase sacada de contexto, ya que el presidente republicano admiraba a Santa Teresa y San Juan de la Cruz 'como manifestaciones de una espiritualidad colectiva'. En todo caso, Fernández Buey considera la famosa sentencia como una equivocación tremenda: “Lo que empieza siendo una constatación sociológica termina siendo una declaración normativa, política. Todas las declaraciones que pueden ofender a colectivos acaban reafirmando a las minorías en sus convicciones; es decir, acaban teniendo consecuencias políticas. Parecida a aquella otra declaración de Marx diciendo que ‘los obreros no tienen patria’. Si se les hubiera preguntado probablemente muchos hubieran dicho que no la tenían, pero generó anticuerpos entre quienes sí querían tenerla”, lamenta.

Un marxista revolucionario se siente más próximo al cristiano igualitario y pacifista que al gestor socialdemócrata de los intereses de la burguesía”, defiende Fernández Buey

La reflexión clave de este volumen llega en una entrevista de 2011 con la revista ‘Iglesia viva’. “En el año 1980, en la redacción de la revista ‘Mientras tanto’, tuvimos una discusión sobre el tema de la miseria, el hambre, la calle. Empecé a plantear cómo veíamos y qué alternativa teníamos al problema de la pobreza en la calle. Es muy llamativo, ves en televisión a gente a quien le preguntan ‘¿Y usted qué hace cuando se encuentra en la puerta del metro de Madrid o de Barcelona una multitud de pobres que piden?’. Para mí, la respuesta a ‘¿qué hace usted?’ es mucho más importante que la manifestación teórica de los principios ideológicos”, responde. En una texto de 1983, titulado ‘Nuestro Marx’, dejó claro ya que “un marxista revolucionario se siente más próximo al cristiano igualitario y pacifista que al gestor socialdemócrata de los intereses de la burguesía, aunque este se siga llamando marxista”(en esa época, todavía algunos partidos socialdemócratas lo hacían).

Hace un lustro, el activista de la Teología de la Liberación Frei Betto, asesor del expresidente Lula da Silva, presentó en Madrid su novela El oro perdido de los Arienim (Hoja de Lata, 2016). Su discurso navegaba por el mismo cauce: “La izquierda se equivoca: debe reconocer la naturaleza popular de la religión. En la historia de la humanidad no hay sociedades ateas. La religión es como la política: sirve para oprimir o para emancipar. Creo que en España no hubiese triunfado Franco si la izquierda de los años veinte y treinta hubiese entrado en las iglesias en vez de quemarlas”, explicaba.

Redescubrir lo sagrado

Hace unas semanas, el pensador italiano Diego Fusaro incidía en esta línea, durante una entrevista para Vozpópuli, a propósito de su ensayo Historia y conciencia del precariado (Alianza, 2021): “La derecha utiliza el cristanismo como reclamo electoral, para remitirse a unos valores que sin embargo traiciona cada día con sus acciones. La verdad es que hoy haría falta un marxismo inspirado en la corriente caliente del cristianismo, como decía Ernst Bloch: un marxismo incluso teológico, si cabe decirlo así, en lucha contra el ateísmo de la civilización de los mercados, contra su nihilismo y su relativismo. Hay más necesidad que nunca de redescubrir lo sagrado y lo trascendente, también entendidos en una acepción filosófica: lo sagrado y lo trascendente son lo no disponible, lo que no puede ser objeto de intercambio económico ni de voluntad de poder tecnocapitalista. El ser humano es una figura de lo sagrado y de lo trascendente, y por eso es preciso echar abajo cualquier relación en la que se rebaje y se explote, se humille y se pisotee al hombre”, exponía.  ¿Queda algo en 2021 que no pueda ser objeto de intercambio económico?

Terminamos con Pasolini, ya que estos días se publica también La aldea de romans (Altamarea 2021), novela temprana del heterodoxo artista italiano. La trama transcurre en un pueblito de los Alpes donde un cura se enamora de un joven comunista, poco receptivo a sus sermones…o poco dispuesto a darles credibilidad. “Ustedes, los sacerdotes, no entienden la misión que tienen hoy en el mundo. ¿Cómo podría explicarle que Cristo, cuando decía ‘consuela a los enfermos’, ‘alimenta a los hambrientos’, etcétera, para nosotros, la gente de nuestro tiempo, quería decir: ‘Haced reformas estructurales’. Pero ustedes no parecen creer en la universalidad de las palabras de Cristo y en su valor eterno: si Dios se hizo hombre, entró en el tiempo, lo que significa que aceptó la temporalidad, es decir la Historia. Ustedes en cambio, siguen aún en la Edad Media, traicionan la humanidad de Cristo para adorarlo solo en su inútil divinidad”, reprochaba el joven bolchevique.

A ambos lados de la trinchera hay personas que comprenden que algo falla cuando la izquierda se convierte en enemiga de la religión (y viceversa). Por eso Fernández Buey siempre defendió un diálogo “que obstaculiza hace años la prepotencia del marxismo dogmático”.