A Xordica le gustan los libros excepcionales. Los fogonazos. Los vértigos. Brindar por lo literario con una copita de gasolina. Porque, todo sea dicho, los libros que publica el sello aragonés son tan arriesgados como únicos. El reverso de los demás, de la escritora argelina Kaouther Adimi es una muestra –una magnífica muestra- de ello. Porque consigue apuntar con el dedo político y afectivo al lector; y todo a partir del día a día de una familia en el Argel contemporáneo.

"Se espera de mí que sea fuerte y paciente (…) Y desde hace años, sentada en la esquina de la ventana de mi habitación de niña, a la que he vuelto a vivir desde que mi marido está loco, escucho el murmullo de la ciudad y miro las piedras grises, los dedos impacientes bajo un pañuelo de seda", escribe en boca de sus personajes la joven narradora Kaouther Adimi (Argel, 1986) en las páginas de su primera novela. Sí eso, la primera, lo que no la exime de ser una narración de altísima calidad. Construida con voces que entran y salen, Adimi tiene una sola intención que consigue llevar a cabo: confeccionar un retrato de grupo que permita reflejar la complejidad del mundo árabe.

En el Argel contemporáneo que retrata Kaother Adimi todos están solos; todos monologan obstinada y bellamente

Ambientada en Argelia, país del Magreb y colonia francesa hasta 1962, El reverso de los demás se vale de la historia de dos hermanos para contar algo más que un calvario familiar. Se trata de Adel y Yasmine. De pequeños estaban unidos. Pero el tiempo y los cambios los han distanciado. Apenas se hablan. Se quieren y se temen en silencio. Alrededor de ellos están la madre, siempre enfadada; la hermana mayor, que ha vuelto a la casa familiar y pinta durante todo el día; también los vecinos del edificio en el que viven, gente que cuchichea sobre ellos. Acaso porque son diferentes, demasiado guapos y quizá demasiado libres.

En el Argel contemporáneo que retrata Adimi todos están solos; todos monologan obstinada y bellamente. Se ignoran con empeño, a pesar de habitar una vida que se cuece en ese calor de hogar, horno e infierno. Hay lazos que unen a esta familia: los de sangre, pero también otro tipo de parentesco, hecho de una cierta infelicidad, una especie de tragedia de estar obligados a no entenderse. "No puedo dormir. Por la ventaba abierta no entra nada de aire, solo el reflejo de la luna que proyecta su pálida luz en la habitación. Con la cara tapada por la sábana sollozo sin ruido para no despertar a Yasmine, que duerme en la habitación de al lado. Bueno, que finge dormir: lo oigo cuchichear al teléfono. Me pregunto con quién habla", dice Adel en el primer monólogo que abre el libro.

Algo hay en estas páginas que recuerda a la violencia de la trilogía grisona del suizo Arno Camenisch formada por las novelas Sez Ner (2009), Detrás de la estación (2012) y Última ronda (2012), todas traducidas y editadas en España este año por el sello Xordica. No se trata de crear una relación forzada, sino en reconocer como atributo la capacidad de ambos autores: esa que hace posible que historia y forma comulguen sin estorbarse. La lana de oveja degollada que hace las almohadas rasposas en la casa de Adel y Yasmine en El reverso de los demás recuerda a las heridas y los silencios del quesero, el vaquero y el porquero de la trilogía de Camenisch. En ambas, la precisión poética es una especie de parentesco.

"Cierro los ojos para no ver desfilar la ciudad, para no ver las calles de Argel, la blanca. Solo los extranjeros se extasían ante su blancura"

El libro, traducido por la escritora Aloma Rodríguez, tiene un efecto demorado. Hay un paisaje que sale de la boca de los protagonistas para demostrar cuán poco conocemos no sólo de la literatura magrebí, sino de la vida de la sociedad que produce esa literatura. "Cierro los ojos para no ver desfilar la ciudad, para no ver las calles de Argel, la blanca. Solo los extranjeros se extasían ante su blancura. Nací aquí, siempre he vivido aquí y seguramente moriré aquí, y ya no veo la blancura, la belleza o la alegría de vivir de esta ciudad, solo los agujeros que me hacen hundirme en mi sitio, las palomas que cagan en mi cabeza y los jóvenes parados que intentan meterme mano por la calle". El paisaje estropeado que narra Yasmine tiene el tono crepuscular y periférico de El sermón sobre la caída de Roma, novela con la que el escritor argelino Jérôme Ferrari ganó el Goncourt en 2012. Aquella historia ocurría en Córcega y ésta en Argel. Sin embargo, en ambas hay algo, acaso un pesimismo, que hace al lector preguntarse acerca de la distancia que nos separa de determinados territorios políticos, culturales y literarios.

Kaouther Adimi nació en Argel, la capital de Argelia, en 1986. Estudió Lengua y Literatura en su ciudad natal antes de establecerse en París, donde vivió durante dos años para completar un máster en Literatura y Gestión de Recursos Humanos. Su primera novela, El reverso de los demás, apareció en Francia durante el año 2011, publicada por la prestigiosa editorial Actes Sud; por ella recibió Adimi el Premio Vocación 2011. Antes había logrado, por sus relatos, el Premio al Joven Escritor Francófono de Muret —en dos ocasiones: 2006 y 2008— y el Premio FELIV del Festival Internacional de la Literatura del Libro Juvenil de Argel.