Música

‘Rompan todo’: cárcel, coches-bomba y ‘corralitos’ a ritmo de rock

Introducción trepidante a una escena cultural ignorada en España

‘Rompan todo’: cárcel, coches-bomba y ‘corralitos’ a ritmo de rock
‘Rompan todo’: cárcel, coches-bomba y ‘corralitos’ a ritmo de rock

El capítulo final arranca en 1994, año clave en la historia de México. El presidente Carlos Salinas de Gortari anuncia que el país entra en el primer mundo con la firma del acuerdo comercial Nafta, que establece un mercado común con Estados Unidos y Canadá. Un día después, el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional toma cuatro localidades de Chiapas, ofreciendo un recordatorio contundente de los problemas sociales de los indígenas y de los mexicanos pobres en general. La comunidad rock del país se apunta a la causa de los rebeldes, cambiando la imagen nihilista por la protesta social.

Es el momento de grupos como Molotov, Café Tacvba y Control Machete, que marcarían época en todo el continente, en muchos casos gracias a una mezcla de tradición popular y modernidad. El formato de la miniserie es el de una historia oral, basada en declaraciones de artistas entreveradas de buen metraje de archivo, todo muy bien condensado en seis capítulos de una hora. Además de un gran documental, se cubre el hueco de proporcionar una introducción a una escena rock de la que en España conocemos muy poco, a pesar de compartir idioma y devoción por algunos artistas (Calamaro, Julieta Venegas, Juanes…)

León Gieco tiene que pasar el trago de que un militar le apunte con una pistola y le anuncie que piensa asesinarlo la próxima vez que interprete “Solo le pido a Dios”

Por supuesto, resulta imposible resumir toda la historia del rock del continente en tan poco tiempo. Por eso se ha dado prioridad a los artistas que influyeron más allá de sus países de origen. Se subrayan momentos de alto voltaje político, como el viaje de los chilenos Los Jaivas a Argentina, que compraron billetes con Salvador Allende de presidente y salieron con Pinochet de dictador, para aterrizar un país convulso que entraba en la segunda etapa de Juan Domingo Perón. Por supuesto, también se habla de Víctor Jara, cantautor chileno asesinado por el ejército, que modernizó el folclore nacional, ganándose el rechazo de sectores puristas y comunistas (más o menos como Dylan cuando cambió la guitarra acústica por la eléctrica en el festival de Newport). Otra historia sustancial es la de Los Prisioneros, ninguneados por el pinochetismo por sus letras que reflejaban los problemas del país. 

Tragedias y traumas

Argentina se muestra en toda su crudeza: un territorio comanche donde el rock siempre estuvo al borde del precipicio. León Gieco tiene que pasar el trago de que un militar le apunte con una pistola y le anuncie que piensa asesinarlo la próxima vez que interprete “Solo le pido a Dios”. Charly García, estrella de la' intro' por su salto kamikaze desde el piso alto de un hotel, también decide viajar a Brasil para avanzar en su delirante y legendaria carrera, seguramente imposible en otro país.

En octubre de 1972, el pionero Billy Bond anima a sus seguidores a romper todo en el mítico Luna Park, un incidente que da título a esta serie documental (y que dificultó durante tiempo la relación entre rockeros y teatros). Por supuesto, también se aborda el trauma de la guerra de Las Malvinas, que sirvió para que las emisoras de radio desterrasen el rock anglosajón en favor del nacional, que poco a poco fue mutando de divertimento desquiciado a cronista del hundimiento económico del país a comienzos de siglo (con Fernando de La Rúa abandonando la presidencia en helicóptero). No falta tampoco el episodio de República Cromañón en 2004, una sala donde casi 200 jóvenes pierden la vida, víctimas de una mezcla de temeridad y ausencia de normativa de seguridad.

Aquí hay pocos minutos para tomar aliento, solo sobran los comentarios insípidos de David Byrne. Todo un contraste con la sabiduría de Gustavo Santaolalla, productor ejecutivo de la serie, cuya trayectoria es una de las columnas vertebrales del rock continental. Impagable la anécdota de cómo Maldita Vecindad y Los Hijos del Quinto Patio le convencen de mantener su sonido callejero arrastrándolo más de una semana a las cantinas de la plaza Garibaldi, a escuchar cumbia en las zonas pobres de la ciudad y a ver en directo a la diva popular Paquita la del Barrio.

Así se cuece un sonido que explota con El Circo (1991) y que termina dando el relevo a Café Tacvba, otro grupo clave para entender esta escena. “Tocamos en el Lollapaloza de Estados Unidos, pero nadie nos vio, nos pusieron tan pronto que actuábamos solo para los mexicanos que hacían la limpieza”, explican entre risas. La gran lección de esta serie es actuar al margen de los 'gringos', aunque el desembarco de la MTV en el continente supuso el mayor subidón de popularidad para el rock latino.

Por supuesto, también es impagable la información sobre los pioneros del género, muchos de los cuales tuvieron que pasar por los calabozos por llevar el pelo largo, malas pintas o simplemente pertenecer a una banda de rock. Recordemos que en los años de esplendor de la contracultura la mayoría de estos países eran dictaduras (como el nuestro).

Calamaro cruza el charco

Madrid tiene su momento, gracias a la explosiva alegría de Los Rodríguez, grupo que resucita el rock en castellano combinando referentes de ambos continentes, desde Moris a Gabinete Caligari. Un momento tronchante llega cuando Pablo Carbonell confiesa que negó a Andrés Calamaro un lugar en los Toreros Muertos. Bendita decisión, estarán de acuerdo.

También destacan las declaraciones de Santiago Auserón sobre el primer concierto de Radio Futura en México. Tras ocho años de prohibición de los directos rockeros, debutan en un hotel donde son cacheados para comprobar que no llevan armas y tienen que atravesar un pasillo de policías con bates de beisbol, ante la presencia de un camión amenazante, de los que lanzan agua a presión cuando hay disturbios.

El único adjetivo posible para la serie es ‘imprescindible’, podría pasarse en los colegios hispanohablantes como parte de nuestra tradición de cultura popular.

El último punto tenso son los noventa en Colombia, con coches-bomba explotando por orden de Pablo Escobar mientras Juanes protesta a ritmo de metal duro. Todo en las antípodas de las imágenes de Soda Stéreo, perseguidos por las chicas como si fueran Duran Duran y cerrando su carrera en el estadio de River Plate con el célebre "Gracias totales". Los miembros del grupo reconocen con naturalidad que gran parte del éxito se debe a una decisión de Sony, que pone mucho dinero para apoyarles a nivel continental. Pero no todo fue un camino de rosas: en julio de 1992, BMG inaugura el subsello Culebra para bandas latinas y ni siquiera les asigna un despacho, sino que se relega a una mesa junto a los servicios. “Después de las cuatro de la tarde era terrible porque olía asqueroso”, recuerda Humberto Calderón, ex de Neón y responsable del proyecto. 

La única tristeza es que el documental sea de factura estadounidense. En su favor, decir que el trabajo está hecho de manera impecable y que el equipo tiene sentido del humor suficiente como para no borrar el comentario de Litto Nebia, que indica a quien lleva la claqueta que su nombre se escribe con doble te (no con una, como han hecho).

¿Conclusión? Hay que tomar esta excelente miniserie como el comienzo de una conversación, no como el relato definitivo. Casi cada artista de los escogidos merece un documental propio. El único adjetivo posible para la serie es ‘imprescindible’, hasta el punto de que podría pasarse en los colegios hispanohablantes en la asignatura de música, para entender cómo funcionaba nuestra cultura popular del siglo XX.

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