De alma puramente andaluza, Jerez de la Frontera vive entre la tradición y la modernidad, entre el pasado y el presente. Su historia y su cultura, que se remonta a la época de los fenicios, es parte fundamental de su patrimonio histórico hasta el punto de que se centro está declarado Conjunto Histórico Artístico.

En paralelo con su historia y su cultura, se encuentra el vino de Jerez o Sherry que le ha otorgado a esta zona de Andalucía una auténtica fama mundial. Una bebida que está presente en cualquier rincón de la ciudad a través de las bodegas que conforman su singular arquitectura y su entramado de calles, pues todas ellas se encuentran todas ubicadas en el centro de la urbe y no en las afueras como normalmente estamos acostumbrados.

Jerez, más allá de las bodegas

A lo largo de la historia, Jerez ha sido un enclave fuertemente influenciado por las distintas culturas que se han asentado en sus tierras. Fenicios, romanos y musulmanes han dejado un legado a cada uno de sus pasos, e hicieron de la Xera fenicia, el Ceret romanizado o la poderosa Sherisch musulmana, un lugar rico en cultura e historia. De todos ellos se puede aprender e indagar en muchos de sus edificios, en los que se encuentran marcados estilos arquitectónicos propios de cada época, así como de su posterior reconquista en 1264 por Alfonso X El Sabio y su posterior cristianización, enriqueciendo su patrimonio artístico y cultural hasta día de hoy.

Calles de Jerez de la Frontera © Inma Santiago

Uno de los lugares por los que el visitante debe empezar su recorrido es el Alcázar de Jerez, un recinto amurallado ubicado en la zona más elevada del casco antiguo desde el que se tenía dominio completo de la ciudad y de su entorno. De lo que fue en sus tiempos, se conservan siete torres, las dos puertas de entrada que tuvo originalmente -la de la Medina y la de extramuros-, los baños árabes y los restos de la mezquita. Una visita sorprendente para descubrir la belleza de este espacio que ha llegado prácticamente intacto hasta nuestros días.

No puede faltar una visita a su catedral, San Salvador. Construida con piedra de la sierra de San Cristóbal, con una fachada monumental y de estilo barroco, este templo del siglo XVII se levantó sobre la antigua Mezquita Mayor de la ciudad. De su estructura llaman la atención sus cinco naves y sus capillas interiores, mejor si se recorrer una a una acompañándose de un guía, y su torre campanario, hasta la que se puede subir y contemplar de lleno toda la ciudad, conformada por ocho campanas -cuatro fijas y cuatro de volteo-.

Catedral de Jerez de la Frontera © Inma Santiago

Un templo imponente

Sin lugar a dudas, y sin quitarle mérito a su hermosa catedral, uno de los monumentos más sorprendentes de la ciudad es la Iglesia de San Miguel declarada Bien de Interés Cultural en 1931 y ubicado en el barrio gitano de San Miguel. Un edificio del siglo XV que impone a los visitantes desde su fachada hasta el interior. De hecho, lo más llamativo es su gran retablo central, diseñado por el escultor Juan Martínez Montañés conocido como el “Dios de la madera” y es que, como curiosidad, fue esculpido en este material. Pero no solo eso, si no que las imágenes de los lados cuentan con gran tamaño y con estilos que van desde el manierismo hasta el barroco, además de ser uno de los pocos espacios y creaciones sacras en donde se ve representado al demonio con cara y cuerpo.

Iglesia de San Miguel © Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía

Lleno de rincones y placitas

El casco histórico de Jerez tiene la peculiaridad de que a cada paso cuenta con alguna pequeña placita en la que se ubica de nuevo otra iglesia. Ejemplo de ello es la plaza de la Asunción, donde se ubica la iglesia de estilo mudéjar de San Dionisio, la plaza del Mercado tras la que se ubica la iglesia de San Mateo o la plaza de San Rafael Rivero, ubicada muy cerca de la iglesia de San Marcos.

Casco histórico de Jerez © Inma Santiago

La Cartuja de Jerez

Uno de los conjuntos artísticos religiosos más importantes de Jerez es la Cartuja de Santa María de la Defensión. Su estilo arquitectónico data del siglo XV y, aunque su interior tiene un gran atractivo, su fachada es de lo más llamativo. Fue obra del arquitecto jerezano Andrés de Ribera -quién también realizó la Capilla de Santa María-. En su interior no puede faltar una visita a la Sillería del Coro y al retablo Mayor, de Juan Oviedo de la Bandera.