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¿Hormigas en la Dama de Elche? También ratones en el Louvre y termitas en la estatua de la Libertad

La Dama de Elche, en el Museo Arqueológico Nacional.
La Dama de Elche, en el Museo Arqueológico Nacional. EFE

La aparición esta semana de una hormiga en la vitrina (hermética) de la Dama de Elche, en el Museo Arqueológico Nacional, ha hecho saltar las alarmas. No es de extrañar que unos y otros se lleven las manos a la cabeza. La emblemática pieza íbera de piedra caliza, de los siglos V-IV a.C, es objeto de todos los cuidados y la presencia de tal cosa como un insecto obliga a repasar las medidas de conservación. Sin embargo, aunque pintoresco, no es el único caso al que ha tenido que enfrentarse una institución. Para los expertos, los mayores expoliadores de arte son, justamente, los insectos y otros organismos.

Catalina La Grande hizo oficial el uso de felinos para proteger las obras de arte del Palacio de Invierno

Catalina La Grande hizo oficial durante su reinado algo que ya había dispuesto su padre, el uso de legiones de felinos para proteger las obras de arte del Palacio de Invierno y que ella terminó incorporando como guardianes de las colecciones reales, el origen de los que hoy es el museo del Hermitage.  El escuadrón se dividía por dependencias: los que ejercerían de gatos de compañía, en el interior de Palacio, hasta los que debían dar caza en los jardines y tejados. En el primer grupo, Catalina la Grande optó por gatos rusos azules; el resto, los que debían cazar y mantener a raya alimañas y ratones, eran especímenes comunes. Hoy hay casi un centenar de felinos en el museo. Existe incluso personal especializado para cuidar de ellos y alimentarlos.

Los gatos hoy todavía forman parte, de manera simbólica, del Hermitage.
Los gatos hoy todavía forman parte, de manera simbólica, del Hermitage.

A pesar del avance en el control de insectos y organismos que amenazan las colecciones, siguen leyéndose anécdotas como la del verano de 2014, cuando una plaga de más de 200 ratones  invadió los jardines circundantes al Louvre. Un problema con el que han de lidiar todo el tiempo en el Palacio de Versalles. Sin embargo, no son los museos de arte los más expuestos a las plagas, normalmente son los museos naturales –restos orgánicos como huesos propician microorganismos e insectos-, seguidos de los museos de históricos y etnográficos, además de las bibliotecas y archivos.

En 2014, una plaga de ratas invadió los jardines del Louvre.
En 2014, una plaga de ratas invadió los jardines del Louvre.

En un museo todo previene; todo fumiga. Desde los procesos químicos básicos de las salas hasta la iluminación, que no debe sobrepasar –según el objeto- una intensidad determinada, para no propiciar la aparición de un microorganismo u otro. El uso de tóxicos ha disminuido, por lo que se opta por el control de temperaturas, casi siempre entre menos 30 y menos veinte, para determinados tejidos y papeles.

En Inglaterra, una plaga de escarabajos de alfombra estuvo a punto de afectar el cráneo disecado del único espécimen de Dodo y en la primavera de 1994  se encontró una espesa capa termitas subterráneas alimentándose bajo los pies de la Estatua de la Libertad. Este último caso ha sido especialmente curioso. Separada del continente por el río Hudson, la isla Liberty había permanecido libre termitas hasta que las obras de reconstrucción comenzaron en los años ochenta. Al transportar nueva madera, también transportaron también las termitas.

Separada del continente por el río Hudson, la isla Liberty había permanecido libre termitas hasta que las obras de reconstrucción comenzaron en los años ochenta.

Hace apenas unos años, en 2012, los trabajadores del Centro Conde Duque hallaron carcoma, normalmente conocida como polilla de madera. Estaban en la tarima de la primera y la segunda plantas del edificio, en el patio norte, donde se alojan el Archivo de la Villa, la Hemeroteca, el Museo de arte contemporáneo y la biblioteca pública. El asunto era delicado, pues tan sólo en el archivo había papel datado del siglo XI. Lo primero que se hizo fue sacar todo el mobiliario. Descubrieron que la carcoma provenía directamente en la madera de la nueva tarima con la que habían acondicionado la institución.

Hace apenas unos años, en 2012, los trabajadores del Centro Conde Duque hallaron carcoma, normalmente conocida como polilla de madera

Los protocolos de prevención han avanzado mucho, los suficiente para prescindir del veneno y optar por la prevención, por ejemplo: examinar el material externo, estudiar las condiciones ambientales, llevar un control de patrones de temperatura y mantener un monitoreo constante sobre las condiciones de las piezas expuestas. Eso, por supuesto, se complica a la intemperie. No sólo por agentes externos como la lluvia, la temperatura o el viento, sino por la capacidad de registrar y detectar brotes de organismos o insectos en determinadas áreas del patrimonio histórico

Hace 20 años, en Córdoba, la mayor parte de los monumentos y edificios históricos fueron afectados por  una plaga de termitas. Al que había sido el problema más grave de los monumentos, el mal de piedra, se unía ahora este brote. Afectó a la Mezquita, así como a un conjunto de las iglesias edificadas en el siglo XII por Fernando III. Las vigas y artesonados tuvieron que ser fumigadas y restauradas. Otros edificios que sufrieron entonces la plaga de termitas lucífugas –se alimentan de la celulosa de la madera-  fueron el Museo Julio Romero de Torres, el de Bellas Artes y la Real Academia de Córdoba, ubicados en las barriadas medievales de La Judería y La Axerquia.


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