El legendario Terry Frances Eagleton (Salford, 1943) es uno de los mejores analistas culturales de la izquierda marxista, cristiana y obrera. Además, y esto es relevante, estamos ante un pensador capaz de ser gracioso sin perder profundidad. Durante años, en las contraportadas de sus libros, usaba como frase promocional algo que dijo el Príncipe Carlos al visitar Cambridge: “Espero que no os toque dar clase con ese horrendo Terry Eagleton”. Su libro de memorias El portero (2004, Debate) es la emocionante historia de cómo un niño pobre consigue escapar a su destino de clase gracias a su adicción por la literatura (Terry se obsesiona por leer a "los clásicos" la primera vez que escucha ese término, antes incluso de saber qué eran, y no se detiene hasta conseguirlo).

Hablamos también un crítico literario tronchante que comenzó así la reseña de la autobiografía de uno de los futbolistas más famosos de la historia: “Uno sospecha que David Beckham ha escrito este libro de la misma manera en que los faraones construyeron las pirámides”. Nunca se ha acusado a nadie con tanta elegancia de usar ‘negros’ literarios. Les cuento estas dos cosas porque Eagleton acaba de publicar un libro titulado Humor (Taurus), que fluye tan sustancioso y divertido como esperamos sus devotos.

Escribir un ensayo no es ningún chiste, así que podemos destripar las líneas finales, que dan una idea de su estilo: “El cristianismo también tiene un toque de comedia negra. Dios envía a su único hijo a salvarnos, a ayudarnos a salir de nuestros apuros, ¿y cómo le mostramos nuestra gratitud? ¡Matándolo! Se trata de un espantoso alarde de malos modales”. Una de las tesis centrales del ensayo es que el humor construye un pasadizo entre lo sublime y lo vulgar. “La caída de lo elevado a lo bajo que supone el carnaval es un elemento central del cristianismo, del mismo modo que la impresionante cuestión de la salvación se relaciona con asuntos cotidianos como atender a los enfermos y dar de comer a los hambrientos”, recuerda. Admite con pesar que Jesucristo no era un gran humorista, aunque destaca excepciones como la entrada en Jerusalén a lomos de un burro para desafiar al poder imperial de Roma.

Humor salvaje

La deslumbrante cultura del autor nos guía desde la Grecia clásica hasta los humoristas estrella de HBO y otras plataformas similares. “Barry Sanders señala que la primera risa de la literatura occidental se encuentra en el libro primero de la Ilíada, cuando los dioses se burlan de la cojera de Hefesto, dios del fuego”. Empezamos bien. “Aristóteles también concibe el humor como algo básicamente agresivo, aunque admite que hay un tipo de humor inofensivo, y haciendo gala de una impecable corrección política, prohíbe reírse de las desgracias ajenas”. Al hablar del humor actual, pone como ejemplo de talento al despiadado Ricky Gervais, conocido por traspasar todos los límites. “Los insultos pueden ser una forma de amistad. Sirven para poner de manifiesto la resistencia de los vínculos humanos, que son perfectamente capaces de soportar todo tipo de puyas”, celebra.

La tragedia es que uno se haga un corte en un dedo y la comedia es que otra persona se caiga en una alcantarilla abierta y se muera”, resume Mel Brooks

El libro rebosa frases memorables, como cuando nos recuerda que “la novelista Angela Carter define la comedia como una tragedia que ocurre a otros, mientras que Mel Brooks observa que la tragedia es que uno se haga un corte en un dedo y la comedia es que otra persona se caiga en una alcantarilla abierta y se muera”. Ni siquiera el sombrío y depresivo Schopenhauer consiguió evitar la risa, que le entraba sobre todo al observar “ese mundo de criaturas siempre necesitadas y demandantes que apenas duran un tiempo a base de devorarse unas otras, que pasan su existencia padeciendo angustias y carencias y soportando con frecuencia dolores terribles hasta caer al fin en brazos de la muerte”. Por supuesto, está hablando sobre la humanidad.

Risas existenciales

El texto llega bien hondo, por ejemplo en estas líneas: "Es precisamente el carácter bajo, humilde e imperfecto del bufón, su forma de desacreditar y poner en ridículo cualquier visión del mundo idealista y grandiosa, lo que lo inviste de una extraña clase de inmortalidad. Quienes ya no pueden seguir cayendo disfrutan de una peculiar invencibilidad", señala. Más sofisticado aún es el humor del teatro de Samuel Beckett en Esperando a Godot, su gran clásico: "Vladimir y Estragón son incapaces de ahorcarse, ya que les resulta inconcebible estar muertos. No hay en su interior suficiente vida para ello. Sencillamente no tienen la profundidad metafísica necesaria para dejar de existir. Ni siquiera cuentan con la determinación que les haría falta para acabar con su vida, puesto que anular su propia voluntad requiere un acto de voluntad", explica. Buen material para La Chocita del Loro.

“La risa tiene un elemento democrático que la vuelve peligrosa", subraya Eagleton

La política es un elemento central del texto. Se describe, por un lado, la potencia igualitaria del registro humorístico “La risa tiene un elemento democrático que la vuelve peligrosa, ya que, a diferencia de actividades como tocar la tuba o la neurocirujía, está al alcance todo el mundo”, destaca. También posee un poder calmante y desmovilizador, que ilustra analizando a un titán del humor británico: “Las primeras novelas satíricas de Evelyn Waugh evitan que haya un exceso de malestar psicológico. Los personajes más grotescos y los acontecimientos más improbables se filtran a través de una neutralidad estilística que los aplana, presentándolos como bidimensionales, purgados de toda emoción, desprovistos de interioridad. Se trata de un ejercicio de superioridad satírica a costa de las jóvenes casaderas, los zánganos de clase alta y los playboys alcoholizados que pueblan la obra de Waugh, pero también es una manera un tanto retorcida de evitar juzgarlos”.

Estamos ante un ensayo divertido y valioso, aunque solo sea para recordaros obviedades como esta que formuló tan bien el etólogo Konrad Lorenz: “El ser humano es el único animal capaz de ridiculizarse a sí mismo”. Seguramente sea la mejor prueba de nuestra superioridad intelectual.