Cultura

La historia desconocida sobre la fascinación de Verdi por España

Hasta el 25 de julio, el Teatro Real de Madrid presenta Il Trovatore, una coproducción con la Ópera de Montecarlo y la Royal Danish Opera que cierra la temporada en una cúspide verdiana y que ejemplifica el interés del italiano por España

El compositor italiano en una imagen de 1870
El compositor italiano en una imagen de 1870 Wiipedia

Se estrenó cuarenta antes de Aida y casi diez después de Nabucco. Se trata de Il trovatore, una ópera en la que Giusseppe Verdi anticipó el espíritu envolvente de su música -el Corodi zingari del segundo acto anticipa el de La traviata- y en la que lo trágico eclipsa hasta convertirse en un episodio total. Ambientada en la España medieval y cargada de elementos musicales y dramáticos que Verdi profundizaría a lo largo de su carrera, esta es la opera que el Teatro Real ha elegido para cerrar la temporada lírica madrileña y también éuna clave para rastrear el interés del compositor por España. 

Il trovatore es una hoguera, una paila cargada de belleza y potencia. Todo ocurre en Aragón a principios del siglo  XV, durante la guerra civil que enfrentó al conde Jaime de Urgell, pretendiente de la corona aragonesa tras la muerte de Martín el Humano, y a Fernando de Antequera, de la rama de los Trastámara, quien se coronó como rey gracias al Compromiso de Caspe (1412). En ese contexto, dos hermanos cuyas vidas siguen trayectorias enfrentadas cristalizan una historia de enconados odios y venganzas, amores frustrados, crueldades e intrigas.

Verdi encontró en el drama español un color musical y humano del que extrajo belleza y tragedia

Hay política, venganza, miseria y un marcado espíritu de la cosa pública que lo domina todo. Verdi encontró en el drama español un color musical y humano del que extrajo belleza y tragedia. Los cuatro actos en los que se divide esta ópera romántica –titulados respectivamente El duelo, La gitana, El hijo de la gitana y La ejecución- recogen las pasiones exageradas y la complejidad argumental que planteaba la obra sobre la que se basa el libreto, el drama caballeresco El Trovador, del español Antonio García Gutiérrez.

No sin algunos reveses, incluida la muerte del libretista Salvatore Cammarano, Verdi puso música a esta obra de García Gutiérrez a la que Mariano José Larra se refirió a como la obra romántica por excelencia. Lo tiene todo para serlo: el peso del destino, la presencia de la muerte y la inflamación de las pasiones, un triángulo argumental que Verdi consiguió exprimir hasta la última gota y que recoge el espíritu fatal del XIX español.

La obra sobre la que se basa el libreto pertenece al drama caballeresco El Trovador, del español Antonio García Gutiérrez

En Il trovatore, la fortuna traza un mapa de pasiones tan políticas como humanas, que oponen la figura de la nobleza representada en el despótico Conde de Luna con el héroe el marginado y humilde, Manrico, el trovador, un doncel que creció tocado por las humanidades y la poesía. La disputa que libran ambos por una mujer, Leonora, permite desplegar el alegato romántico de la libertad y la elección, aunque ésta siempre aparezca atenazada por el destino como fiel de la balanza. 

Una desafortunada gitana, Azucena, que arrastra consigo la muerte de su madre y la tragedia de aquellos hijos a los que ve morir, convierte la obra en un mecanismo autónomo en el que la música amplifica la tragedia de cada uno de los personajes en escena.

El sobrio montaje de Francisco Negrín, bisnieto del último presidente de la II República, Juan Negrín, propone un tratamiento escénico que acentúa los aspectos más oscuros de este drama.  Partiendo de los elementos dramatúrgicos estructurales de la obra ─el tiempo, el fuego y la noche─, Negrín desvela los fantasmas y visiones de los protagonistas y resalta los constantes flashbacks de la imbricada trama inspirada en la obra de García Guitérrez.

Verdi y España 

No es ésta la única ópera de inspiración española de Verdi. Tras unas navidades en París, el músico y compositor y su esposa Giuseppina Strepponi viajaron a España en 1863 para asistir en el Teatro Real al estreno de La forza del destino, una ópera en cuatro actos basada en la obra teatral Don Álvaro o la fuerza del destino (1835) del escritor español Ángel de Saavedra, Duque de Rivas.

Ya por ahí, el asunto apunta maneras. Existe una ligazón española con el compositor italiano de la que han dado cuenta autores como Rubén Amón en su reciente historia del Teatro Real publicada por Alianza o en el volumen Verdi y España, de Víctor Sánchez. Fue una historia fugaz y accidentada, pero jugosa para melomanos y amantes de la historia. 

Se sabe que, a pesar de haber hecho muy poca vida social en aquellos diez días madrileños del invierno de 1863, Verdi dedicó largas travesías a los pueblos andaluces. Tanto sus cartas como algunas biografías documentan el interés de Verdi por el drama romántico español, que le permitía la búsqueda de un  colorido musical. Abundan las referencias españolas en el universo verdiano, desde el estreno de Oberto en Barcelona hasta las curiosas referencias al acero bilbaíno en Falstaff, además, claro, de la impronta aragonesa de Il trovatore.

Tras unas navidades en París, el músico y compositor y su esposa Giuseppina Strepponi viajaron a España en 1863

La visita de Verdi a Madrid para la puesta en escena de La fuerza del destino fue memorable, tanto que una pequeña placa en forma de rombo rinde homenaje al episodio en la  plaza de Oriente. Al estreno, el día 21 de febrero de 1863, acudió la reina Isabel II, que agasajó al compositor italiano al terminar la función. También se encontraban entre los asistentes Rosalía de Castro y Ángel de Saavedra, duque de Rivas, quien al perecer, no quedó nada contento ni con la versión de su obra que hizo Verdi ni con el pago que recibió por derechos de autor. 

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