Reportaje

La hipocresía del reguetón en España

Polémica por el ninguneo al género en nuestro país

Bad Bunny y J. Balvin, promocionando su álbum 'Oasis' (2019)
Bad Bunny y J. Balvin, promocionando su álbum 'Oasis' (2019)

En las últimas semanas, hemos vivido un debate insólito en la prensa musical española. Uso el adjetivo ‘insólito’ en toda su extensión, ya que no es habitual que se replique públicamente a un reportaje elogioso (en este caso, sobre música latina). Tampoco es frecuente que un profesional de experiencia y prestigio como Víctor Sánchez Rincones, que ejerce labores de promoción -entre otras-, cuestione los posicionamientos de periodistas con los que trata habitualmente. Pueden escuchar sus argumentos en este rotundo vídeo de diez minutos. Menos esperable todavía es que tome partido una estrella del trap como Yung Beef,para ponerse del lado del representante de la industria en contra de los periodistas musicales (señalándome a mí, entre otros).

Momentos clave: “Ustedes no saben lo duro que ha sido llevar a esos artistas para que en los medios españoles tengan el reconocimiento que merecen. Estoy hablando de nombres como J. Balvin y Karol G, que me los han me los han despreciado”, recuerda. “No quiero hablar de racismo ni de xenofobia, pero sí de la parte de la discriminación musical”, añade. “No, señores (periodistas), ustedes no merecen ese reconocimiento, no merecen ponerse esa medalla porque ustedes despreciaron la música latina y han ninguneado en muchas ocasiones a los promotores latinos en España. Desgraciadamente esa es la realidad y lo digo mirando a la cámara”, remata.

Más que morboso, el debate es imprescindible, y aunque pueda parecer extraño que traicione a mi propio gremio, creo que Yung Beef y Sánchez Rincones tienen razón en sus planteamientos, que podemos resumir en que la prensa musical española no trató con la atención y el respeto merecido al reguetón ni a otras músicas urbanas latinas, ni hubo acercamiento para vivirlas en directo. De hecho, seguramente habría que pedir algún tipo de disculpa antes de ponerse a analizarlo con el tono de expertos de toda la vida. Para profundizar en la polémica, hablamos con el promotor Rubén Caravaca, con la colombiana exencargada de prensa Liliana Ramírez y con el periodista musical Nando Cruz, una de las firmas más atentas de nuestro país a la música latina.

Reaccionar tarde

Un mapa rápido de la situación: “Más que prejuicios, diría que es un gran desconocimiento, falta de contexto y seguimiento. Sin generalizar porque como en todo hay grandes excepciones y ha habido avances que merecen capítulo aparte. Pero podríamos decir que padecemos el tópico de que la música latina son grandes ‘hits’ de baile para disfrutar durante el verano y del exotismo de leer reseñas que hablan del 'sonido selvático', de los 'ritmos ancestrales', de las 'reservas sonoras', y ese tipo de descripciones…”, lamenta Liliana Ramírez. “España debería tener ejecutivos, programadores, agentes y periodistas especializados en estas músicas en las más altas posiciones de la industria española, y haría falta incluso que fueran latinoamericanos, ya que tienen conocimiento de contexto mejor que nadie y sienten la implicación emocional e intuición que requiere este mercado. Me refiero a haber llorado un desamor con Juan Gabriel o haber presenciado un concierto de Soda Stereo”, añade.

Los 'haters' de la portada de J. Balvin en Rockdelux en parte tenían razón porque no pareció algo genuino", explica Liliana Ramírez

No es una opinión, sino un hecho histórico: “En Estados Unidos quienes se dedican a trabajar este mercado son latinoamericanos o con ascendencia directa, sean los Estefan o Tomas Cookman. La realidad en España es que hay profesionales de la industria latina que llevan encima décadas de trayectoria y siguen operando en los segmentos especializados, mientras que los que toman decisiones importantes intentan ponerse al día a toda prisa. Son cosas que no se entienden”, señala.

¿Qué ejemplos nos pueden ayudar a comprender? “El caso de J. Balvin puede explicar cómo ha sido el tratamiento del reguetón y música urbana en España, que es reaccionar muy tarde y de golpe a algo de lo que vienen hablando en la prensa de otras partes con mucha fuerza. No viene por iniciativa propia, sino por reacción. Durante todo el 2018, se estuvo reseñando en la prensa internacional su álbum Vibras, con la novedad de que ese año el reguetón entraba a ser analizado por primera vez en la prensa alternativa de portales anglosajones 'cool' como Pitchfork. Cuando la revista de Barcelona Rockdelux lo sacó en portada, en su edición de diciembre de 2018, generó toca clase de reacciones de ‘haters’ y melómanos en redes sociales, y en parte la gente tenía razón, pues en vez de hacer seguimiento del artista, o al menos del género e introducirlo, lo han sacado de repente en portada, lo cual no parecía genuino”, recuerda.

Un chorreo de ejemplos

Lo que se echa en falta es un poco de rigor: “Cuando parecía que a partir de ahí se iba a hacer ese ejercicio de introducción, ocurrió que J. Balvin realizó su show en el Primavera Sound de 2019 y al siguiente día no hubo una sola reseña de su presentación en la prensa especializada, que año tras año cubre este festival. Lo sé porque yo no pude asistir y quise saber qué tal estuvo. Por eso no se entiende que a día de hoy haya expertos en reguetón o urbano si el seguimiento a este género nunca se ha hecho”, denuncia.

"Maluma fue blanco de las críticas por sus letras machistas y homófobas, pero el modelo de macho alfa que conquista a todas las mujeres lo inventó Julio Iglesias", recuerda Ramírez

Más disfunciones: “El caso de Maluma también es bastante particular. Durante una temporada, fue blanco de críticas por sus letras machistas y homófobas porque claro, los hombres latinos son así. Lo que me sorprende es la poca autocrítica de la prensa española, que en un ejercicio de honestidad podría ver que quien inventó este modelo de macho alfa que conquista a todas las mujeres en la música pop hispana fue Julio Iglesias. Algo que, por cierto, resultó muy vendedor en su época”, recuerda Ramírez.

¿Hace falta más madera? “Shakira en España es personaje de portales deportivos y de prensa rosa, donde sacan a diario noticias sobre sus kilos de más, sobre que está a punto de romper con Piqué, o incidencias de su vida íntima y familiar sacadas de Instagram. La tratan con muy poca altura, siendo ella una gran artista mundial, y a decir verdad ella tiene una vida personal bastante normal tirando a aburrida para que la saquen por todas partes. Este año su álbum Pies descalzos, uno de los grandes clásicos del pop latinoamericano, cumplió veinticinco años, y eso en cambio no generó mayores reseñas”, señala.

Cultura y poder

Vamos con Nando Cruz, prestigioso periodista musical de Barcelona: “Tras más de veinticinco años escribiendo en el mismo periódico, ahora tengo más facilidades para escribir sobre músicos latinos. Eso es innegable. ¿Ejemplos? No pude colar la crónica de un concierto del reguetonero Nicky Jam en Tarragona -que acto seguido colé en otro medio-, pero días después sí pude escribir sobre la visita del grupo de cumbia peruana Agua Marina. Para mí, es mucho más significativo lo segundo que lo primero. Me he encontrado con dificultades, pero muchísimas menos que si fuese una joven periodista colombiana que intenta abrirse camino en una redacción barcelonesa, por poner un ejemplo en las antípodas del mío”, comparte.

"Esto es un

problema de racismo y clasismo que va mucho más allá de la música, pero del que la prensa y la industria del ocio son claros partícipes", destaca Nando Cruz

Además, flota la sensación de que es mucho más sencillo escribir sobre un grupo argentino hípster comoÉl Mató a Un Policía Motorizado -discípulos de Los Planetas- que sobre artistas realmente populares, por ejemplo los cumbieros Damas Gratis. “Claro, tendemos a aceptar todo lo que se parece más a nosotros, lo que encaja en nuestro marco mental, visual y sonoro. Y ahí entran cuestiones de clase, de raza y de estética. ¿Había posibilidades de colocar la champeta 'cool' de Bomba Estéreo en la prensa española y en la sociedad española? Sí, y la prueba es que el grupo pasó de actuar en el Sónar a protagonizar un anuncio de El Corte Inglés en apenas cuatro años. No es casualidad: fue fruto de una larga serie de decisiones y mediaciones de personas que vieron claro que Bomba Estéreo era un producto ‘vendible’ en España. Y una vez encajó en el festival Sónar, la prensa supuestamente inquieta se lanzó a elogiarlos; yo mismo", admite.

¿Por qué ocurre esto? "Porque lo que ‘elegimos’ los periodistas antes ha sido elegido por una cadena de profesionales de la promoción y la mercadotecnia, cuyo trabajo es intuir qué nos va a llamar la atención y qué no. Y solo nos presentan grupos que creen que nos pueden gustar, en función de un marco cultural en el que, insisto, se mezclan cuestiones de clase, raza y estética. Habría que ver qué otros grupos de champeta  más cruda no entraron nunca en el Sónar y cuántos ni siquiera estuvieron en la mesa del agente colombiano que fichó a Bomba Estéreo para lanzarlos mundialmente”. Ya se empiezan a aclarar las cosas, con la aparición de lo que podríamos llamar -en mi opinión- el ’sesgo chachicool’.

Renovación mediática

¿Cuánta culpa tenemos los periodistas musicales? “Esto es un problema de racismo y clasismo que va mucho más allá de la música, pero del que la prensa y la industria del ocio son claros partícipes. Por suerte, España es hoy un país con mucha más diversidad demográfica. Sin embargo, las redacciones de periódicos y revistas y las plantillas de los sellos discográficos y las agencias de ‘management’ siguen dominadas por el mismo perfil: profesionales con ‘ocho apellidos españoles’ cuyo gusto no ha cambiado en los últimos veinticinco años. No es obligatorio cambiar de gusto; a menudo, estas mutaciones generan más rechazo que confianza. Pero sí es imprescindible dar voz a personas para quienes las músicas latinas han sido banda sonora natural y no un producto exótico de temporada. Periodistas de origen latino, vamos”, resume Cruz.

"La prensa musical seguirá perpetuando ese racismo y clasismo mientras, para escribir sobre reguetón, busque periodistas ‘indies’ a los que les guste el reguetón en vez de acudir a periodistas reguetoneros", añade Cruz

¿Soluciones? “La prensa musical seguirá perpetuando ese racismo y clasismo mientras, para escribir sobre reguetón, busque periodistas ‘indies’ a los que les guste el reguetón en vez de acudir a periodistas de perfil genuinamente reguetonero. Igual hay que buscarlos en alguna de las muchas radios latinas que emiten en España y no en el penúltimo blog hípster. Y quien dice de reguetón, dice de salsa, de bachata, de champeta, de ritmos magrebíes, de sonidos africanos, de artistas asiáticos… Mientras los medios de comunicación no incorporen en sus redacciones la diversidad racial que ya existe en nuestra sociedad, el periodismo musical seguirá siendo inevitablemente racista porque la mirada del periodista euroblanco es y será racista. Por mucho que pretendamos evitarlo”, afirma. Por cierto, Nando Cruz habla con especial autoridad en estas cuestiones, ya que decidió abandonar la revista Rockdelux cuando le censuraron el artículo “La música de los otros”, donde proponía cubrir en pie de igualdad a grupos angloajones o anglófilos de moda que a nuestra estrella global Juan Magán, rey del electrolatino, así como a la música popular latina en general.

Lecciones de quien no sabe

Estos testimonios deberían ser suficientes, pero ya que nos ponemos vayamos hasta el final. Pregunto al promotor Rubén Caravaca, de amplia experiencia en el sector. “Nunca he trabajado con lo que conocemos como reguetón, pero si con algunos artistas próximos a esas músicas urbanas, como por Tiro de Gracia (Chile), Vagos y Maleantes (Venezuela) y Actitud María Marta (Argentina). La verdad es que no conseguimos que ningún medio los entrevistara. He trabajado durante años lo que se conoce como 'músicas del mundo' y recuerdo -entre muchos casos-  que algunos medios nos acusaron de blanquear el narcotráfico por trabajar con Los Tigres del Norte. He conocido a periodistas que ignoraban a Omara Portuondo, cuando ya tocaba en salas de aforo considerable como Caracol (Madrid) o Tarantos (Barcelona) sin ningún apoyo mediático. Sin embargo, cuando Portuondo pasó a formar parte de la industria musical británica, entonces todos sabían quién era, la adoraban, la idolatraban… También sentí frustración al no tener ningún apoyo para traer una gira con Los Reyes de la Champeta, pero luego sale Shakira bailando ese ritmo en la Super Bowl y empiezan a saber de qué va y se ponen a darte lecciones”, subraya.

¿Podemos, entonces, hablar de racismo? “No creo que haya racismo respecto a la música latina, con la que tenemos raíces culturales comunes. Los prejuicios son por hacia desconocido, lo que no esta marcado por las industrias culturales. Pasa con la música latina, pero también con las africanas, asiáticas, incluso las europeas del norte, del este, del Mediterráneo…¿Cuántos artistas griegos conocemos? La mayoría de las músicas que no están en las órbitas de las industrias anglosajonas o francófonas son ignorados, muchas veces despreciadas por su origen popular, con claro clasismo. En nuestro caso, las músicas latinas son más evidentes por nuestra vinculación. Las adulteraciones musicales son evidentes y nadie lo denuncia. La industria adapta las manifestaciones originales al pop para vender más, es parte del negocio. Siguiendo con ejemplos como los de vídeo de Sánchez Rincones, da pena que te den lecciones musicales los que no distinguen entre bachata y merengue y los que no saben que el bolero es un género cubano”, concluye.

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