La banda de Nueva Jersey de épico nombre, The Gaslight Anthem, bien podría ser un excelente ejemplo de un trabajo duro y constante desde el primer momento. Ya tras la publicación de su primer disco, Sink or Swim, en 2007, terminaron el año con 200 conciertos a sus espaldas. Por eso puede haber sorprendido el anuncio que acaba de realizar estos días su líder, Brian Fallon, sobre el parón efectivo que el grupo va a enfrentar una vez termine la gira que durante este mes de agosto les lleva por media Europa.

Puede sorprender pero también puede ser necesario para recapitular hasta dónde han llegado y cuáles son los objetivos que pueden identificar como próximos y, sobre todo, con los que pueden sentirse motivados. Como ha indicado Fallon, todos los miembros van a estar de una u otra manera implicados con la música, pero ven necesario aparcar el proyecto madre por tiempo indefinido hasta identificar los siguientes pasos a seguir, en caso de que éstos existan y tengan fuerzas para darlos.

Alma de New Jersey

Evidentemente, el trabajo duro da resultados pero también puede llegar a quemar. Desde 2007, son cinco los discos que han grabado The Gaslight Anthem y centenas los conciertos que han ofrecido sobre tablas de medio mundo. Es el sino del currante, esté en el negocio en el que se encuentre, ya sea el de las artes o el de la producción de manufacturas. Y de alguna manera, los de Nueva Jersey siempre han dado esa imagen, aunque no es justo el no anotar en su haber más de un hallazgo artístico.

Comenzando desde sus inicios bajo el nombre de This Charming Man hasta que alcanzaron la alineación actual, con Fallon y Alex Rosamilia en las guitarras, Alex Levine en el bajo y Benny Horowitz en la batería, en que cambiaron al definitivo The Gaslight Anthem, siempre bebieron de la amplia tradición del punk-rock norteamericano, encontrando eco tanto en publicaciones especializadas como en otras con un carácter más musicalmente generalista. Pero posiblemente a raíz de su segundo disco, el excelente The '59 Sound, la influencia de un rock clásico de corte épico se hizo mucho más presente, con un nombre en boca de todos: su convecino Bruce Springsteen.

La propia banda se ha encargado en más de una ocasión en desmentir esa influencia, al menos en sus iniciales estados de creación, pero esa implicación con un rock de corte americano, alma cercana al soul y personajes prototipos de la clase trabajadora americana derivó en mutuos piropos y en colaboraciones puntuales, hasta realizar conciertos conjuntos abriendo para la megaestrella desde Nueva Jersey, cosa nada habitual en su carrera.

Sea como fuere, esa especie de mezcla entre Tom Petty y The Clash que uno puede disfrutar con The Gaslight Anthem y que ha sonado en discos como American Slang, Handwritten o Get Hurt, deberá ahora esperar. Pero seguramente trabajadores del rock como esta gente no dejarán pasar mucho tiempo antes de volver a las andadas.