Ruido de sables en el Ejército francés: dos manifiestos en pocos días, uno de militares en activo y otro de retirados, han advertido del peligro de “guerra civil” en Francia. El enemigo sería el islamismo que, desde hace unos años, desarrolla una campaña de terror indiscriminado.  El terrorismo islámico recluta sus comandos suicidas y se ampara en la masa de casi seis millones de musulmanes que hay en Francia, el 8’8% de la población, pero también en lo que los franceses llaman slamo gauchisme, esa izquierda que apoya cualquier cosa que vaya contra la civilización occidental, la democracia parlamentaria y el capitalismo.

La Historia se repite. A mitad del siglo pasado Francia vivió en su territorio una guerra contra los inmigrantes musulmanes, que tenían el apoyo de la izquierda capitaneada por el Partido Comunista Francés. Las hostilidades comenzaron a las 2.30 de la madrugada del 27 de agosto de 1958, cuando un grupo de hombres armados tuvo la osadía de asaltar una dependencia de la Prefectura de París, el corazón de la Policía francesa. Mataron a dos agentes e incendiaron el garaje central de la Policía.

No fue un ataque aislado. En una operación coordinada que usaba tácticas de guerrilla urbana, se produjeron 20 asaltos a comisarías y otros objetivos estatales. La ofensiva se produjo a lo largo de tres horas de aquella corta noche veraniega, y dejó relativamente pocos muertos: cuatro policías y cinco asaltantes. Pero era sólo el principio. El FLN había decidido llevar la guerra a Francia.

El FLN era el Frente de Liberación Nacional de Argelia, el movimiento que pretendía la independencia de esa peculiar colonia francesa que tenía consideración de departamento (provincia) y donde habían nacido y vivían un millón de franceses, los pied noirs, el 10% de la población. La Guerra de Argelia había estallado en 1954, y presentaba todas las feas características de un pozo sin fondo, capaz de engullir todos los recursos de Francia, que acababa de salir derrotada de otra guerra colonial, la de Indochina.

En aquella época la población musulmana de Francia era insignificante comparada con la de ahora, alrededor de un cuarto de millón, pero presentaba características muy homogéneas, casi todos eran varones argelinos que habían venido a trabajar en la industria metalúrgica, donde ganaban muy buenos salarios. La mayoría vivía en el cinturón industrial de París, formando una especie de anillo musulmán alrededor de la capital. Esta población no llamaba la atención de la sociedad francesa, ni siquiera de la Policía, pero para el FLN era muy importante. En realidad el FLN había decidido llevar la guerra allí en 1955, aunque Francia no se había enterado.

Durante tres años el FLN había aterrorizado a esa población inmigrante perpetrando 4.000 asesinatos. Primero se enfrentó con otras organizaciones argelinas rivales, hasta eliminar a la competencia política, y luego a la población en general para que pagase el “impuesto revolucionario” y diese apoyo material a las células terroristas. Ese impuesto revolucionario supondría el 80% del presupuesto del FLN, pues los comerciantes tenían que pagar 10.000 francos al mes, los taxistas 8.000, y los simples obreros 2.000. Las pocas mujeres musulmanas que había entonces pagaban 500 francos, a no ser que ejerciesen la prostitución, en cuyo caso la tarifa era de 5.000. Caso excepcional, las prostitutas francesas también debían cotizar si tenían un chulo argelino.

Nadie parecía enterarse de lo que pasaba en el anillo musulmán de París, eran “cosas de beurs (moros)” para la Policía, que no solía entrar en esos guetos. No es sorprendente que cuando el 27 de agosto del 58 el FLN llamó a la guerra, contase con 8.000 militantes en Francia, o que el número de afiliados con carnet del FLN llegara a alcanzar en 1960 los 136.000, la mitad de la población argelina en Francia.

La República se defiende

Al día siguiente del primer ataque el Gobierno francés respondió desplegando el Ejército por toda Francia. Era aceptar oficialmente que la Guerra de Argelia había llegado al territorio metropolitano. Pero pese al despliegue de soldados los ataques continuaron. El 28 de agosto fue incendiada la gran refinería de petróleo de Rouen, un gran fuego para iluminar una batalla que supondría la muerte de 16 militares, 47 policías y 150 civiles franceses. Los militantes del FLN tenían orden de no dejarse coger vivos, un elemento más de paralelismo con los terroristas-suicidas islámicos.

La República Francesa respondió con contundencia al desafío. Se crearon “centros de asignación de residencia vigilada”, eufemismo para definir a cinco campos de concentración abiertos en instalaciones militares, donde fueron internados 14.000 argelinos, y se procedió a la deportación de muchos de ellos. Ante la consigna del FLN de “caza al flic (poli)”, las comisarías de Policía se protegieron con bloques de cemento y nidos de ametralladores, se hacían redadas masivas en el “anillo musulmán”, y aunque no se proclamó oficialmente se estableció un toque de queda para los argelinos. A partir de las siete de la tarde todos los locales de sus barrios tenían que cerrar y cualquiera que estuviese en la calle era detenido, sobre todo si circulaba por el centro de París.

En mayo de 1961 se abrió un nuevo escenario, el general De Gaulle decidió abandonar Argelia, que se había convertido en un cáncer insoportable para la economía francesa, y que tenía violentamente dividida a la sociedad, pues toda la izquierda –con la excepción de Albert Camus, que era hijo de pied-noirs españoles- apoyaba la independencia. Se iniciaron conversaciones con el FLN y el Ejército francés hizo un alto el fuego unilateral. Pero el FLN hizo todo lo contrario, renovó la virulencia de sus ataques en Francia para forzar mejores condiciones en la negociación.

Solamente entre agosto y septiembre de 1961, cuando la paz estaba a la vuelta de la esquina, fueron asesinados 12 policías en París. Las fuerzas del orden estaban furiosas con aquella matanza que ya no tenía sentido, y el Prefecto de París expresó su frustración: “Por cada golpe que recibamos devolveremos diez”. La ocasión de esa respuesta la ofreció en bandeja el FLN cuando convocó una marcha de sus seguidores sobre el centro de París.

El 17 de octubre de 1961 el FLN quiso hacer una demostración de fuerza, desafiar abiertamente a la República con una marcha masiva desde el anillo musulmán al centro de París, al anochecer, es decir, rompiendo el toque de queda. Unos 30.000 argelinos confluyeron hacia el centro por varios itinerarios, siguiendo la consigna disciplinadamente, pero se encontraron con 7.000 policías que no se lo iban a consentir.

Aunque Francia perdiese la Guerra de Argelia, la Policía ganó la batalla de París: detuvo a 12.000 argelinos, de los que 2.000 serían deportados a Argelia y encerrados en un campo de concentración, pero no se sabe cuántos muertos hubo. En los días siguientes aparecieron 60 cadáveres de musulmanes flotando en el Sena. De Gaulle dijo que la Policía “había hecho lo que tenía que hacer”. Para la izquierda antepasada del islamo-gauchisme, la batalla de París sería en cambio un crimen de Estado contra el que ha clamado durante años. Poco después la izquierda francesa organizó su propia manifestación de apoyo a la independencia de Argelia. De esa sí se conocen las bajas, murieron ocho izquierdistas franceses.