Cultura

¿Son fotogénicos los poemas?

Escribir, haciendo click. Fotografiar agitando la mano sobre un papel.  Un crítico y un poeta se han juntado para contar esa relación.

Una imagen de Quizá Brigitte Bardot venga a tomar una copa esta noche de López Gradolí.
Una imagen de Quizá Brigitte Bardot venga a tomar una copa esta noche de López Gradolí.

La exposición forma parte del Festival Internacional de Fotografía y Artes Visuales  PhotoEspaña 2018. Dentro del conjunto, es una de las más llamativas, acaso porque su premisa sorprende. ¿Puede un poema llegar a ser fotogénico? ¿Cuánto de poemario hay en una serie fotográfica? ¿Cuáles son las relaciones entre estos dos géneros? Esas son algunas de las preguntas que se plantean en la exposición La cámara de hacer poemas, que se exhibe hasta el 23 de septiembre en la Biblioteca Nacional de España. A través de una amplia selección de libros de poesía ilustrados fotográficamente (y viceversa), en La cámara de hacer poemas el espectador podrá ver hasta qué punto escritores y fotógrafos han formado un binomio a lo largo del siglo XX hasta la actualidad. Escribir, haciendo click. Fotografiar agitando la mano sobre un papel.  Un crítico y un poeta se han juntado para contar esa relación. Horacio Fernández y Juan Bonilla han comisariado la muestra con un espíritu subversivo, secretamente poético, cuyo verdadero atributo está en la reunión de nombres e imágenes que convocan. Los tejen con un discreto y bello hilo e incluso convierten a poetas y fotógrafos en una letal metralleta. Juntos disparan ráfagas... de poemas  e imágenes.

¿Puede un poema llegar a ser fotogénico? ¿Cuánto de poemario hay en una serie fotográfica? ¿Cuáles son las relaciones entre estos dos géneros?

Bonilla, autor entre otros libros de las novelas Prohibido entrar sin pantalones (Seix Barral)Poemas pequeño burgueses o Echo en falta, ha trabajado anteriormente aproximaciones a la fotografía como episodio literario. Lo hizo al comisariar con Chuz Villar una muestra del Instituto Cervantes dedicada al fotógrafo gallego  Baldomero Pestana, quien retrató a Gabriel García Márquez, Man Ray, Mario Vargas Llosa, Polanski, Fernando Arrabal, Bioy Casares, Severo Sarduy, Emilio Pettoruti, Bryce Echenique, Carlos Fuentes, Blanca Varela, Pablo Neruda y Norah Lange.  Horacio Fernández, uno de los críticos e historiadores más importantes de la fotografía, ya abordó en la muestra Fotos y libros. España 1905-1977 –expuesta en el Museo Reina Sofía hace ya casi cuatro años-, un recorrido por la historia del fotolibro español, comenzando a principios del siglo XX y finalizando a mediados de los años setenta.

El Fotolibro es, en sí mismo, una creación lectora. Sintetiza un discurso de la realidad: cuenta, mirando. "Mis primeros fotolibros eran fotovisiones de ciudades a las que no podía ir por razones económicas: o sea, hacían de espejismos o sustitutos, no tenía dinero para ir a Buenos Aires pero había un facsímil del Buenos Aires de Horacio Coppola, no podía ir a Nueva York pero había un facsímil del Nueva York de Klein. Horacio Fernández, el otro comisario de esta muestra, dice bien cuando dice que el lugar del fotolibro es la sala de lectura: en efecto, la sucesión de fotos pueden componer tanto un ensayo como un relato o una serie de poemas. En esto yo, envenenado de literatura, tengo la mala costumbre de equiparar los géneros literarios a las posibilidades del fotolibro, unos me parecen ensayos, otros son relatos, y desde luego abundan los poemarios. Lo interesante no es ni las fotos por un lado ni los poemas por el otro, sino cómo fotos y poemas se encuentran en un terreno preciso: el del libro, y cómo en ese terreno se pueden dar toda clase de alienzas y colaboraciones entre ambos géneros, desde la traducción del poema a imagen al papel de pie de foto del poema. Mostrar todas esas posibilidades es lo que Horacio Fernández y yo hemos tratado de hacer en esta exposición", asegura el escritor Juan Bonilla, comisario de la muestra.

"Envenenado de literatura, tengo la mala costumbre de equiparar los géneros literarios a las posibilidades del fotolibro, unos me parecen ensayos, otros son relatos, y desde luego abundan los poemarios"

La mirada profunda e informada -sensible y al mismo tiempo analítica- de Bonilla y Fernández funden dos perspectivas en una lente de aumento que permite al espectador observar desde la traducción a fotografía de un poema de Campoamor realizada por Cánovas hasta una selección de libros de poemas que se comportan como fotolibros. Hay ejemplares extraños y desconocidos. También grandes nombres. Uno de ellos, por ejemplo, Federico García Lorca. El que se considera uno de sus libros fundamentales, Poeta en Nueva York, y que surgió a raíz de su experiencia en Manhattan en 1929, debió de publicarse con fotografías, así lo quiso el poeta, quien incluso dejó apuntadas algunas indicaciones manuscritas sobre qué imágenes debían de aparecer. Fue la editorial Lumen la que, en 1966, hizo una edición del poemario con instantáneas de Oriol Maspons y Julio Ubiña, en la colección Palabra e Imagen diseñada por Oscar Tusquets. Destacan obras de arte como Alturas de Macchu Picchu (Santiago 1954), de Pablo Neruda, con fotos de Martín Chambi; Paranóia (Sao Paulo 1963), del poeta Roberto Piva y el fotógrafo y diseñador Wesley Duke LeeQuizá Brigitte Bardot venga a tomar una copa esta noche (Madrid 1971), una colección de collages y versos del poeta valenciano Alfonso López Gradolí.

La exposición enseña diversas maneras en que fotografía y poesía han jugado juntas sobre un terrero preciso: el del libro. Fotografías que convierten en fotonovela un poema, recopilaciones de poemas que se sirven de las ilustraciones fotográficas como descansos entre sección y sección, poemas que invaden fotografías, fotógrafos que realizan antologías poéticas... Libros formados por poemas fotográficos y fotos poéticas.  “Siempre se ha dicho que la brevedad, e incluso la promiscuidad, de ambos géneros los aliaba y hermanaba, pero son conclusiones superficiales: no depende tanto de los géneros -poesía y fotografía- como de los autores -poetas y fotógrafos. Precisamente porque no es verdad que reúnen los mismos atributos, pueden relacionarse de manera tan diversa como muestra esta exposición”, asegura Juan Bonilla, para quien no basta la idea fugaz de un tempo común entre fotografía y poema, sino una sensibilidad.

Poeta en Nueva York, de  Federico García Lorca, con fotografías de  Oriol Maspons y Julio Ubiña. Barcelona 1966.
Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca, con fotografías de Oriol Maspons y Julio Ubiña. Barcelona 1966.

“A veces el poeta quiere para su libro un contexto fotográfico en el que situar al lector -y eso es lo que quiso hacer Lorca en Poeta en Nueva York, en una edición que no pudo llevar a cabo-, otras veces le basta con que las fotografías jueguen como áreas de descanso, otras el poema se incrusta en la foto -Quizá Brigitte Bardot venga a tomar una copa esta noche de López Gradolí- para componer una criatura nueva, a veces el poeta parte de las fotos para escribir sus poemas -Nord-Sud de Juan Manuel Bonet y Bernard Plossu- y otras la fotógrafo parte del poema para conseguir sus instantáneas -María Alcantarilla en La verdad y su doble. Como digo ese abanico de posibilidades en las relaciones entre poesía y foto en un terreno preciso como el libro, es la prueba fehaciente que frente a la fácil costumbre de decir que la poesía es fotogénica y la fotografía poética, por debajo hay muchos matices y no creo que, en general, se pueda decir que fotógrafo y poeta se proponen lo mismo: habría que hablar de qué poetas y qué fotógrafos”, comenta Bonilla ante el inquietante asunto de la fotogenia del poema.  

"Los vanguardistas potenciaron sin duda eficazmente esas relaciones, a veces como en el caso de Maiakovski y Rodchenko consiguiendo maravillas, pero no, en esto no fueron los primeros"

A través de una selección de obras  se ofrece un recorrido cronológico que examina la alianza de la más poética de las artes visuales y el más fotogénico de los géneros literarios desde principios del siglo XX al momento presente.  Se incluyen libros de poetas como Guilherme de Almeida, Max Aub, Igor Barreto, Joan Brossa, Ramón de Campoamor, Cavafis, Ferreira Gullar, Federico García Lorca, Miguel Hernández, Mirko Lauer, Pablo Neruda, Blas de Otero, Nicanor Parra,  Roberto Piva, Rainer Maria Rilke o José-Miguel Ullán. Entre los fotógrafos presentes, están Antonio Cánovas, Javier Campano, F. Català Roca, Martín Chambi, Eduardo Gageiro, Wesley Duke Lee, Mayito,  Bernard Plossu, Leopoldo Pomés, Gustavo Thorlichen…

¿Cuándo comienza el fotolibro? ¿Es hijo de las vanguardias? ¿Es su territorio exclusivamente el del siglo XX? La respuesta, la aporta Juan Bonilla, conocimiento de causa: es un investigador exhaustivo de las vanguardias europeas, españolas y amaericanas. "No, antes de las vanguardias ya hay algunos libros que juegan a explorar las relaciones entre foto y poema. Mostramos algunos en la exposición, el más importante Quien supiera escribir de Antonio Cánovas, que montó una fotonovela a partir de un poema de Campoamor.  Los vanguardistas potenciaron sin duda eficazmente esas relaciones, a veces como en el caso de Maiakovski y Rodchenko consiguiendo maravillas, pero no, en esto no fueron los primeros. De hecho en España, salvo el caso penosamente no llevado a cabo de Poeta en Nueva York, son muy raros los libros de la primera vanguardia con fotos. Lo que sí hace la vanguardia más tarde es explotar todas las posibilidades del fotolibro y como prueba ahí están dos que me parecen obras cumbre del género: España en el corazón de Neruda con los fotomontajes de Pedro Olmos y el maravilloso experimento My Life en español de André Coyne que compuso poemas y collages recortando titulares y fotos publicados en la revista Life".



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