Cultura

¿Pueden el ferrocarril y un triángulo amoroso explicar Europa?

Para el lector de 2020 el libro 'Los europeos' (Taurus), de Orlado Figes, propone un relato fascinante y cercano sobre una indebida europea 

Una locomotora Crampton es un tipo de locomotora de vapor diseñada por Thomas Russell Crampton y construida por varias firmas desde 1846.
Una locomotora Crampton es un tipo de locomotora de vapor diseñada por Thomas Russell Crampton y construida por varias firmas desde 1846. CC

Este libro comienza a las siete de la mañana del 13 de junio de 1846, en la Gare Saint-Lazare, con la salida de la primera locomotora de la línea ferrocarril París-Bruselas, que permitió enlazar Francia, los Países Bajos, Reino Unido y los territorios de habla alemana. No era la primera ruta ferroviaria internacional, pero sí la que rubricó y certificó una nueva época y con ella la forja de una identidad común.

La alta velocidad del siglo XIX (30 km/h) permitía completar 330 kilómetros en doce horas, una cuarta parte del tiempo habitual que demoraba el mismo viaje en diligencia, el que hasta entonces se consideraba el medio de transporte mas rápido. Ese es el punto de partida de Los europeos (Ed. Taurus), del historiador británico (nacionalizado alemán) Orlando Figes, quien ejecuta un libro deslumbrante, que se mueve entre la estampa individual y la fotografía de grupo.

En las décadas que siguieron a los años cuarenta del siglo XIX, orquestas, coros, compañías de ópera y teatro, exposiciones itinerantes de obras de arte y escritores en giras de lectura se valdrían de la máquina de vapor para moverse por todo el continente. Es el momento del viaje moderno, que permite mayor circulación de mercancías, personas e ideas vista hasta entonces, y que configuran la creación de un mercado y por tanto de un canon cultural europeo.

Orlando Figes ejecuta un libro deslumbrante, que se mueve entre la estampa individual y la fotografía de grupo

Si bien el Renacimiento había configurado una serie de valores comunes dentro de las élites culturales europeas, será la industrialización y el transporte lo que permita el desarrollo de una cultura de masas relativamente integrada. En las páginas de este libro, su autor explora Europa como un todo, no compartimentada por estados nacionales o zonas geográficas. No son los nacionalismos los que empujan una idea de lo europeo, es el conjunto de esos lugares ahora conectados.

Sesenta años después del inicio de la línea París Bruselas, en torno a 1900, en toda Europa se leían los mismos libros, se reproducían las mismas pinturas y en las salas de conciertos o los hogares se interpretaba y se escuchaba la misma música. El núcleo del libro, propone Figes, muestra cómo más allá de cualquier Estado nación, las grandes transformaciones tecnológicas y económicas del siglo XIX (que incluyen desde la revolución litográfica hasta el libre mercado) configuraron un conjunto que se debe, por supuesto, al sistema capitalista y su reproducción mercantil.

Los individuos y su continente

Figes toma una decisión técnica que convierte el libro en un viaje enriquecedor y a la lectura en una ventana de aire fresco. El ensayo está planteado desde dos puntos de vida: un observatorio continental, que sería propiamente lo europeo, desplegado en el mapa político y económico del siglo XIX y otro visor, el de los individuos, representado en la vida de tres personajes: Ivan Turgenev, el primer gran escritor ruso en convertirse en una celebridad europea, Pauline Viardot, una de las cantantes de ópera más famosas del mundo, además de compositora y profesora de canto, y Louis Viardot, director de teatro, especialista en arte y esposo de Pauline.

Europa ocurre dentro y más allá de sí misma y es justamente esa razón lo que distingue este libro

El triángulo sentimental que conforman Turgenev y los Viardot amplían el foco desde lo biográfico -el individuo como escala- a lo histórico e incluso hacia una idea de identidad cosmopolita que ellos resumen. Este trío, en tanto ejemplo del modo de vida de una clase privilegiada, demuestra el alcance de los intercambios. De la Europa que se encontraba, al fin, gracias al efecto acumulado de una comunicación más efectiva.

Tanto Turgenev, perteneciente a una familia aristocrática rusa, como los Viardot se relacionaban con Delacroix, Berlioz, Chopin, Brahms, Liszt, Schumann, Víctor Hugo, Flaubert, Dickens o Dostoyevski. Son los miembros de una élite que despliega Europa como el laboratorio de las transferencias culturales. Figes consigue ilustrar en la vida de cada uno la lógica del tiempo del que forman parte.

Resulta especialmente esclarecedora, por ejemplo, la biografía de Pauline: de padre andaluz vinculado a la empresa escénica, aprendió a cantar a los cuatro años durante un largo viaje por mar a través del Atlántico. La familia se dirigía a Nueva York, donde la burguesía estadounidense mostraba una especial afición a la ópera italiana. Europa ocurre dentro y más allá de sí misma y es justamente esa razón lo que distingue este libro. 

El mundo se mueve 

Todo en este libro está empujado por una máquina que permite a las personas moverse por el mundo y la prueba más clara es la biografía de la joven Pauline, que de Estados Unidos se dirige a México y de ahí a Europa, una mujer que en sus cartas se expresa perfectamente en cada idioma, hasta el punto de cambiar de lengua a mitad de una frase. “Dios me hizo viajera. Estaba en mi sangre desde antes de que yo naciera”, escribió en una de aquellas misivas y tenía razón.

Cada uno de estos personajes participan y forman parte de momentos fundamentales de una identidad europea, desde el primer ferrocarril internacional entre Amberes y Colonia, hasta la eclosión de un mercado editorial que nació gracias a las nuevas formas de transporte. Lo interesante y realmente prodigioso de este libro es la perfecta combinación entre el individuo y la sociedad en la que participa.

No sólo las mercancías circularon con más rapidez gracias a la máquina de vapor, también las personas, las cartas, la información y los periódicos

No sólo las mercancías circularon con más rapidez gracias a la máquina de vapor, también las personas, las cartas, la información y los periódicos. El tendido férreo produjo, en suma, un mayor sentido general de la pertenencia a Europa. “La conexión entre el crecimiento del comercio internacional y el desarrollo de una cultura paneuropea cosmopolita fue, sin duda, subrayada por muchos pensadores destacados, entre ellos Kant, Goethe y Marx”, escribe Figes.

Estructurado en ocho capítulos principales a los que se añaden una nota introductoria sobre el dinero —en la que aborda  la noción de valor asociada a las monedas nacionales de la Europa del XIX—, mapas así como un epílogo, configuran una Europa que se construye el movimiento y que le permiten a Figes hablar del colonialismo, las fronteras e incluso hasta de la debilidad intrínseca que atañe a esa gran construcción que entraña la identidad europea.

Lo verdaderamente fascinante de este libro es su capacidad de fundar puntos de vista diferentes de una historia normalmente contada de forma árida y distante y que Figes consigue transmitir sin regatear ejemplos y referencias tanto históricas literarias, musicales o artísticas y con una visión profundamente novelesca y narrativa de la historia.

Un detalle de la cubierta de 'Los europeos', de Orlando Figes, publicado por Taurus.
Un detalle de la cubierta de 'Los europeos', de Orlando Figes, publicado por Taurus.

Los europeos. Tres vidas y el nacimiento de la cultura cosmopolita(Taurus)

Autor: Orlando Figes 

Traducción de María Serrano.

666 pp.

PVP: 27,90 €.

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