Cultura

El día que el ‘fantasma’ de la Callas espantó a Caballé de La Scala

La muerte de la soprano catalana trae al presente algunas anécdotas como ésta, que alimentan la leyenda del 'belcantismo'

Una imagen de archivo de Monserrat Caballé.
Una imagen de archivo de Monserrat Caballé. EFE

El domingo 12 de febrero de 1982 fue un día áspero de invierno, al menos para Montserrat Caballé. La soprano catalana se recuperaba entonces de una severa gastroenteritis en Milán, donde debía interpretar por la noche, en La Scala, a la Ana Bolena de la ópera de Gaetano Donizetti, un compositor del que Caballé había representado varios de sus papeles, desde María Estuardo hasta Lucrecia Borgia, con la que la catalana había debutado en Nueva York casi veinte años antes.

Pero aquella noche era distinta. Sería la primera Bolena que no cantaría la Callas en La Scala. Habían transcurrido cinco años desde la muerte de la diva griega, en París, el 16 de septiembre de 1977.  Cinco médicos habían dado fe de la gravedad del malestar de Monserrat de Caballé y de los motivos más que acreditados para suspender la función. El problema, claro, radicaba en el hecho de que la diva había cancelado cinco minutos antes y con 2.300 personas en La Scala.

El público italiano descargó toda su ira contra Caballé. ¡Y de qué forma! Tal y como reseña la prensa de la época, los críticos y el público acusaron a la Caballé de simular una enfermedad para no tener que enfrentarse al fantasma de María Callas, que había interpretado el mismo papel en 1957 bajo la dirección de Luchino Visconti. La Ana Bolena de Donizetti era una pieza difícil. Exigía una voz excepcional al mismo tiempo que dominio de la escena y dramatismo.

Todos esos elementos, unidos a la sombra de la inmensa Callas, señalaban a Caballé con un dedo acusador e inclemente. Pero la soprano salió al paso de las maledicencias con contundencia.  "No temo una comparación con María Callas", replicó la diva, que una semana después acudió a cantar en la Scala el papel que por su convalecencia había dejado a medias.

Tras su debut en el Carnegie Hall, en 1965, en una sustitución de Marilyn Horne en el papel titular de Lucrecia Borgia, de Donizetti, el público le concedió una ovación de veinte minutos y la crítica de The New York Times una vitola como pocas: según el diario norteamericano la Caballé era el resultado de una ecuación explosiva, el resultado de María Callas y Renata Tebaldi, tal y como recordó hace unos días el periodista Rubén Amón. Raro baile de divas y atributos. Coincidencias y consecuencias que hablan de un belcantismo bronco y disputado.



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