Cultura

Una exposición sobre Auschwitz, ¿por qué?

Por primera vez en la historia, una exposición monográfica itinerante muestra al mundo la historia de Auschwitz y las repercusiones históricas y humanas del Holocausto. Madrid es la primera ciudad en recibirla.

otografía de registro de prisioneras judías consideradas aptas para trabajar, tras su llegada al campo.
otografía de registro de prisioneras judías consideradas aptas para trabajar, tras su llegada al campo.

Un 27 de enero de 1945 los soldados del Ejército Rojo liberaron el mayor campo de exterminio nazi: Auschwitz-Birkenau. Hace ya setenta y dos años. No fue el único, pero sí uno de los más cruentos. En su interior encontraron 7.000 supervivientes en estado espectral, un millar de cadáveres amontonados para ser quemados y unas 600 personas ejecutadas en el último momento. El Holocausto -la Shoá, como se refiere al genocidio la comunidad hebrea- tuvo muchos campos de exterminio: Sobibor, Treblinka, Belzec, Majdanek, Chelmno... sin embargo, el de Auschwitz, instalado en 1940 en la localidad polaca de Oswiecim, a setenta kilómetros de Cracovia, es el signo más oscuro que sobre este episodio pueda existir.

Por primera vez en la historia, una exposición monográfica itinerante muestra al mundo la historia de Auschwitz y las repercusiones históricas y humanas del Holocausto. El estreno mundial de esta exposición, en la que se lleva trabajando más de 6 años, ha tenido lugar esta semana en elCentro de Exposiciones Arte Canal de Madrid, donde podrá verse hasta el 17 de junio de 2018. La muestra visitará 14 ciudades en todo el mundo: 7 en Europa y 7 en Norte América. En ella, más de 600 objetos originales provenientes del campo de concentración se exponen al público. Desde juguetes hasta latas herrumbrosas de conservas, vestidos arrancados de cuerpo, objetos de un mundo extinto. 

El estreno mundial de esta exposición, en la que se lleva trabajando más de 6 años, ha tenido lugar esta semana en Centro de Exposiciones Arte Canal de Madrid

Coproducida por Musealia y el Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau, esta inicitativa propone un recorrido por uno de los capítulos más oscuros de la historia de la humanidad. ¿Cómo y de qué manera puede exhibirse el zapato solitario? ¿De qué forma puede tratarse el áspero mono del prisionero iluminado como un objeto museístico? ¿Por qué esta exposición?¿Y para qué? Estas preguntas son la versión más prosaica de un debate que lleva mucho tiempo librándose y que tuvo una especial significación hace dos años, cuando se conmemoró el 70 aniversario de la liberación del campo.

En aquel entonces, personajes como el filósofo Reyes Mate se preguntaron: ¿hay que conmemorar la liberación de Auschwitz? "Todavía campean en el mundo las fuerzas que alientan el olvido, la revisión o la negación de lo ocurrido", aseguraba Reyes Mate para referirse a lo que constituye la más honda y oscura herida moral del mundo moderno. En su obra Temblores de airePeter Sloterdijk ahonda también en la lógica del exterminio, en la turbia niebla del terror como nuevo paisaje forjado, en buena medida, bajo la bruma de aquel sitio. Las preguntas –o mejor dicho, la actualización de esas preguntas- se suceden en el recuerdo  de un infierno que aún tiene supervivientes y en el que toda revisión es susceptible de alborotar la cicatriz. Esta exposición, sin duda, entra en ese territorio.

"Todavía campean en el mundo las fuerzas que alientan el olvido, la revisión o la negación de lo ocurrido", aseguraba Reyes Mate sobre la memoria del Holocausto

Quien acuda a las salas podrá ver un  barracón original procedente de Auschwitz III – Monowitz, uno de los subcampos en que se dividía Auschwitz, destinado principalmente al trabajo forzado. También un vagón original de la compañía nacional alemana de tren, la Deutsche Reichsbahn. Este tipo de vagón se utilizó durante la Segunda Guerra Mundial para el traslado de soldados, prisioneros de guerra y judíos deportados hasta los guetos y campos de exterminio. Uno a uno, el espectador puede enfrentarse con los artilugios, etapas y objetos que formaron parte de esta larga cadena de exterminio. Más de 1.100.000 personas fueron asesinadas en Auschwitz a manos de los nazis. Ocurrió en el corazón de Europa, en el seno de la sociedad más avanzada tecnológicamente de su época. No hace mucho. No muy lejos.

¿Hay quienes aún ignoran el alcance de lo que ocurrió en Alemania? Para evitar el olvido, pero fundamentalmente el relativismo o el negacionismo, cuando las Naciones Unidas declaró el 27 de enero como el Día Internacional de Conmemoración Anual de las víctimas del Holocausto, el organismo emitió una resolución que instaba a los Estados a elaborar programas educativos y permitiesen desarrollar una sensibilidad contra los actos de genocidio. En ese documento además se condena el negacionismo, una palabra que enciende polémica a su paso.

Uniforme de prisionero del campo de Auschwitz.
Uniforme de prisionero del campo de Auschwitz. Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau

Hace dos años, el titular de Asuntos Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, fue tajante: "Nos podemos considerar afortunados, todavía hoy, de haber sido readmitidos en la comunidad internacional después de las inmundicias del Tercer Reich, después de 70 millones de muertos en la II Guerra Mundial y seis millones de judíos asesinados", subrayó. Las palabras de Steinmeier coincidieron con la publicación de una encuesta que preocupó a muchos. Se trataba de un estudio encargado por Fundación Bertelsmann, en ocasión de los 70 años tras la liberación del campo de exterminio de Auschwitz y 50 años después del establecimiento de relaciones diplomáticas con Israel. Según esos datos, el 81% de los alemanes deseaba  "dejar atrás" la historia y consagrarse a los temas de actualidad. No obstante, el 58% quería "hacer borrón y cuenta nueva".

El estudio, que llevaba por título Alemania e Israel hoy: unidos por el pasado, ¿divididos por el presente?, se basaba en encuestas demoscópicas representativas realizadas en enero de 2013 en Alemania y entre los judíos israelíes. En Israel sólo el 22% de los encuestados quería poner fin al recuerdo de la persecución judía. Además, el estudio revelaba que casi la mitad de los alemanes, el 48%, tenía una mala opinión de Israel, frente al 36%, cuya opinión era buena. El 68% de los israelíes, en cambio, pensaba  bien de Alemania y sólo uno de cada cuatro, el 24%, tenía una opinión negativa. Stephan Vopel, el director del estudio y experto en Israel de la Fundación Bertelsmann, aseguraba  "los israelíes y los alemanes han sacado conclusiones diferentes de la historia".

Dependiendo del discurso, de quién escribiera y pusiera en marcha el relato de esa historia, el Holocausto ha sido percibido de formas determinadas. A veces, y puede que entre los más jóvenes sea la percepción más más común, Auschwitz se percibe como un paredón de horror informe, que se emborrona a los ojos de quienes menos saben lo que ocurrió ahí. El director del Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau, Piotr M.A. Cywiński, comenta sobre ese tema: “el mundo se mueve hoy en direcciones inciertas. Por eso necesitamos, cada vez más, apoyarnos en los fuertes pilares de nuestra memoria”. “Auschwitz y la tragedia de la Shoá son uno de esos pilares que no pueden ignorarse a la hora de crear un nuevo rostro para el mundo. Nada puede reemplazar la visita al verdadero lugar donde se perpetró el mayor crimen del siglo XX, pero esta exposición, que podrán visitar personas de muchos países, puede convertirse en un llanto colectivo de advertencia al mundo de los peligros de construir un futuro basado en el odio, el racismo, el antisemitismo y el desprecio infinito hacia otro ser humano”.



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