Cultura

Ignacio Peyró: "Como tantos españoles, nací preciosista y barroco"

El escritor y periodista Ignacio Peyró es autor de 'Ya sentarás cabeza' (Libros del Asteroide), elegido por los lectores y la prensa como uno de los mejores libros del año 

El escritor y periodista Ignacio Peyró.
El escritor y periodista Ignacio Peyró. Rita Tudela.

Escritor y periodista aventajado, el madrileño Ignacio Peyró escribe para recuperar vida. Y así lo consiguió en las páginas de 'Ya sentarás cabeza' (Libros del Asteroide), un volumen que despliega los pasillos que comunican el periodismo, la política y la literatura. A lo largo de sus 500 páginas, Peyró describe la historia de una España reciente que hoy parece lejana y de la que el autor da cuenta desde 2006 hasta 2011. 

Este libro comienza a orillas del Támesis. Acaso porque Ignacio Peyró ha sido siempre un anglófilo (conviene recordar su ciclópeo volumen Pompa y circunstancia publicado por Fórcola en el año 2015), el río londinense permite al periodista navegar en la corriente de su propia memoria. Si en aquel Comimos y bebimos publicado por Libros del Asteroide en 2018, Peyró traza bitácora del gusto y la memoria, en Ya sentarás cabeza compone una escala más ambiciosa del relato.

El resultado es un libro producto del mestizaje de géneros: crónica, dietario y ensayo breve, una obra que se enmarca en la tradición de Pla, al mismo tiempo que inaugura una memoria: ese Madrid en el que comienzan a desaparecer los Vips donde vendían prensa, libros y revistas y en el que algunos hábitats como los salones de Embassy desaparecen dejando a su paso trozos de un mundo extinto. Tiene algo de celebración y memoria.

Ya sentarás cabeza es un viaje a lo largo de ese capítulo que separa la juventud de la primera adultez y que permite a Peyró narrar sus días –y sus noches, cenas, comidas, copas o lecturas– como corresponsal parlamentario para El Confidencial Digital y año y medio más tarde como redactor jefe de cultura y pluma para todo en La Gaceta. Pero ésas son sólo orillas provisionales, excusas que contienen lo importante: una prosa que él explota como aventajado plumilla que conoce al dedillo la tradición de la que forma parte. De eso habla el periodista, escritor y actual director del Instituto Cervantes de Londres en esta entrevista.

Jordi Amat se refirió a usted como el Josep Pla madrileño. ¿Qué tan profunda es la influencia del catalán en su forma de percibir y describir el mundo?

No sé si nos parecemos a lo que leemos -a lo que admiramos- o no, pero leer algo no necesariamente implica que te influya -si no, habría mil y un Cervantes. Que admiro y he leído a Josep Pla es cosa cierta, tanto como que “hacer el Pla” tendría algo de despropósito. Como todos los buenos, Pla enseña a mirar -enseña que la literatura es una posición desde la que ver el mundo. También está el cuidado del ritmo de la prosa, básico, fundamental -muy desdeñado hoy. Y un entendimiento a veces más conservador y a veces más liberal del mundo. La responsabilidad hacia la propia lengua… En fin, son innumerables sus lecciones, y no es la menor el que escribiera como un forzado. Pero al final estás tú solo, y es bueno estar solo, aunque no sea, como otros, con una gran filarmónica, sino con un silbato.

‘Ya sentarás cabeza' fue elegido entre los 30 mejores libros de un año de pandemia. Me veo obligada a pedirle una valoración.

Parece ser que 2020 ha sido una abominación para todo, pero -¡no sabe uno qué pensar!- muy buena cosecha para la literatura. Por supuesto, es estupendo estar en las listas porque implica que conozcan lo que hacemos y eso al final redunda en seguir publicando, que es nuestra suerte, y en seguir escribiendo, que es nuestra vocación. Pero el éxito, aunque agradable (o eso imagino: mi escala es muy modesta), no tiene relación directa con la calidad de la literatura. ¿Cuántos años estuvo alguien como Trapiello sin la gran llegada que sin duda merecía? O Puig. O tantos otros. Lo importante es estar contento con lo que uno escribe, y la paradoja es que nunca lo vamos a estar del todo. Tampoco es que haya que preocuparse mucho por ello, que es peor.

"Parafraseando a Rosa Belmonte, parece que 2006 fuera 1947. Entre medias hay varias crisis, una pandemia, una caída del Olimpo"

Si 'Comimos y bebimos' tiene una fuerte impronta de la infancia, Ya sentarás cabeza se cuece en la juventud, entre el periodismo como hoguera de vanidades y forja intelectual. ¿Tiene algo de herrero el trabajo del pensar ‘contando’?

Hay algo maravilloso en la vida, que es vivirla e ir contándonosla a nosotros mismos según la vivimos.

Lo íntimo, lo mínimo y fugaz puede, según se use, generar un espejo de lo colectivo. ¿Sería equivocado pensar que llegó a ese resultado intuitivamente y no como algo deliberado?

Los diarios tienen para el lector algo de un viaje. Incluso un viaje en bla-bla-car de esos. A veces el compañero de viaje te cae bien, y el viaje es agradable. Si te cae mal, la cosa se hace muy pesada. Quiero decir que ante un mismo texto de diario -es curioso, pasa menos en las novelas-, alguien puede sentir una cierta identificación y otro verse tentado de tirar el libro al río.

Su libro relata una España que hoy se antoja lejana, ¿España no sentó cabeza acaso?

Sí parece lejana, sí. Parafraseando a Rosa Belmonte, parece que 2006 fuera 1947. Entre medias hay varias crisis, una pandemia, una caída del Olimpo. Pero si uno no aprende estas cosas, entonces ¿de qué aprende?

Desde hace casi tres años vive en Londres. ¿Hasta qué punto la distancia aporta nitidez sobre lo vivido?

No tengo idea. Soy muy territorial, muy madrileño, muy del Retiro. También me gusta orearme, claro; el mundo es muy bonito más allá de nuestra casa. Keats decía justamente (¡e injustamente!) que el placer nunca está en casa. He dedicado unos años de mi vida a escribir sobre Gran Bretaña y su cultura y el vínculo personal con este país es importante. Ser español en la distancia es algo curioso; siempre he creído que los españoles viajamos y emigramos mal. He estado diez meses sin volver a España y a Madrid y me he enamorado de mi país y mi ciudad a lo James Rhodes. Y, a la vez, es bonito estar sin estar. No sé si me aclaro: ser plenamente español y, al mismo tiempo, estar en una cierta frontera.

"Ser español en la distancia es algo curioso; siempre he creído que los españoles viajamos y emigramos mal"

Muchos autores de peso irrigan su prosa: Trapiello, Umbral, Pla, Gómez de la Serna, Chaves Nogales. Y con ellos ha creado una prosa propia. ¿Cómo describiría su propia escritura?

Nunca lo he hecho, entre otras cosas porque se necesita un punto de abandono o de inconsciencia -de instinto, si se quiere- al escribir. Como tantos españoles, nací preciosista y barroco: ¡queríamos reverdecer la prosa española! No pasa nada. Es la doma de la lengua, buena escuela, pero escribir es otra cosa. Lo ideal es decir la menor cantidad de tonterías posibles y que los libros se lean con una media sonrisa y nos dejen con ganas de más.

¿Cree que existe algo parecido a la ‘columnitis’?

La tradición del columnismo español es muy buena, y sería injusto cogerla por sus brotes más aberrantes en vez de por sus mejores frutos. Y no solo es que haya habido buenos columnistas; el lector de diarios español gusta mucho del género. También hay algo injusto en la crítica demasiado áspera: ahora hay menos excesos que antes, cuando solo se podía escribir de las nevadas de Madrid o de las castañeras.

Usted, que fue cronista parlamentario, ¿podría ilustrarnos si la yerma oratoria parlamentaria es un fenómeno reciente, o ya daba avisos entonces?

Nunca -tampoco hoy- nos han faltado los buenos oradores. A la vez, un buen orador no ha de ser por necesidad un buen político, ni un buen político es a la fuerza un buen orador. ¡Hasta Churchill tenía frenillo! España tiene cumbres de oratoria clásica en el XIX y en los años 30, y no puede decirse que fueran años constructivos. La oratoria quiere convencer, y el riesgo es que te seduzcan para ir al abismo. Lo hemos visto mil veces. Por eso prefiero a los rétores sosos…

Como director del Instituto Cervantes de Londres, ¿cree que el lugar donde más amenazado está el español es, justamente, en España?

Creo que los españoles amamos mucho nuestra lengua. O, al menos, nos interesamos mucho por ella: véase el recurso a Fundéu o a la RAE, el buen nombre del Cervantes, etc. Me hubiese gustado, quizá, un sentido más patrimonial de la lengua: esos concursos de dictados que hay o había en Francia… Lees a Jovellanos o a Lope o a Jerónimo de Barrionuevo -e incluso ves una película de Berlanga- y es inevitable pensar que hablamos una cosa blanda y sin temperatura, ni afecto, ni color. Y, a la vez, se escribe muy bien hoy. Por tanto, no soy tremendista. Entre otras cosas, porque todos sabemos de la importancia que tiene el español en el mundo como lengua global -hay una relación entre esta conciencia y nuestro tradicional desdén o dificultad para aprender otras lenguas. En EEUU, hasta ahora un “cementerio de lenguas” es donde, pese a su auge, mayor peligro paradójicamente corre en nuestros días: que los hablantes de español sean vistos como ciudadanos de segunda. Globalmente, creo que el español tiene una fuerza indudable como lengua de cultura popular, pero necesitamos más peso académico, científico y empresarial.

Un detalle de la cubierta de 'Ya sentaras cabeza', de Libros del Asteroide.
Un detalle de la cubierta de 'Ya sentaras cabeza', de Libros del Asteroide.

Últimas noticias

Recibe cada mañana nuestra selección informativa

Acepto la política de privacidad


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba