Cultura

¿Cómo se elige un Nobel? ¿Cuántas veces no se ha concedido? ¿Y por qué?

La decisión de la Academia de no fallar este año el Premio Nobel de Literatura deja en paños menos a una institución largamente señalada

Una imagen de archivo de la ceremonia de entrega de los galardones.
Una imagen de archivo de la ceremonia de entrega de los galardones. www.nobelprize.org

2016 fue el año para que quienes ya dudaban alzaran por completo la ceja. Conceder el premio Nobel de literatura a Bob Dylan, un cantautor, dejaba al descubierto una extraña deriva que muchos se empeñaron en defender como literaria.  A lo largo de más de un siglo, la Academia se ha apuntado bajas y omisiones sangrantes. Kafka, James Joyce, Proust, Nabokov, Jorge Luis Borges… Autores fundamentales, catedrales de la palabra escrita que fueron sistemáticamente ignorados. ¿Quién y quiénes eligen un Nobel de Liuetartura? ¿De qué forma? ¿Quién propone?

El Premio Nobel de Literatura es uno de los cinco señalados en el testamento del filántropo sueco Alfred Nobel, quien pidió que fueran entregados cada año “a quien hubiera producido en el campo de la literatura la obra más destacada, en la dirección ideal”, seleccionados por la Academia Sueca, que los anuncia el primer jueves de cada octubre. Desde su institución en 1895 y su primera entrega en 1901, el Nobel era hasta ahora uno de los reconocimientos de mayor peso en la consagración de un creador o investigador y en el campo literario, sin duda, una de las preseas fundamentales. 

En varias ocasiones, el premio Nobel se declaró desierto (1914, 1935, 1940, 1941, 1942, 1943), y no, por falta de candidatos o por la situación mundial

Sin embargo hay ausencias manifiestas, eso sin contar los extraños reveses en el método de deliberación. En varias ocasiones, el premio Nobel se declaró desierto (1914, 1935, 1940, 1941, 1942, 1943), y no, por falta de candidatos o por la situación mundial, sino por discusiones internas. Tras no conseguir una posibilidad de acuerdo, los académicos declaraban desierto el premio. Esa fue una de las razones por las que Miguel de Unamuno nunca llegó a recibirlo, y eso es que uno de los autores más veces nominado y propuesto de la historia del premio durante el siglo XX.

En el año 2001 salieron a la luz pública  documentos con las deliberaciones de los académicos. El primer volumen se extendía desde 1901 hasta 1920. El segundo, de 1921 a 1950. Una cláusula del reglamento de la real institución, que permite dar luz a los documentos referentes al galardón una vez pasado un lustro, hizo posible la divulgación de discusiones, al mismo tiempo que trazaba una ruta de grandes autores excluidos: Pérez Galdós, Tolstoi, Ibsen, Wilde o Zola, mientras otros autores grises  y de poco valor literario sí.

En el año 2001 salieron a la luz pública  documentos con las deliberaciones de los académicos. El primer volumen se extendía desde 1901 hasta 1920. El segundo, de 1921 a 1950

En esas más de mil páginas podían leerse cosas como el rechazo en varias ocasiones de la candidatura de Ernest Hemingway o Paul Valéry, por considerar que sus textos eran «demasiado difíciles»; la de Tolstoi, “enemigo de la cultura, fatalista y anarquista teórico”; también la de Concha Espina “una mujer pesadísima, con falta de ideales y de vitalidad”, según los académicos, quienes también borraron a Freud de la lista del Nobel por considerarlo “aburrido e insufrible. Además de ser rarísimo, tiene una mente tan enferma como sus pacientes y está seguramente tan loco como ellos”. El asunto daba para mucho más, a Gorki, se refirieron como un autor “débil” con “graves faltas en gran parte de su producción”; de Steinbeck y Camus, que eran “demasiado jóvenes” y por tanto que había que esperar que crecieran; de Emile Zola dijeron que era “un cínico naturalista y ateo” y de  W. M. Yeats, que era “un personaje limitado y oscuro...”.

¿Qué se cuece detrás de cada una de estas omisiones? Pues una rara combinación de factores en los que entra la ideología, la política, el lobby y, por supuesto,  el sistema de elección que emplea la institución. Quedar empañado por una nominación previa o una racha demasiado larga de la literatura de un país por encima de otros influye, pero mucho más decisivo es, por ejemplo, el poder de influencia de determinados candidatos o las afinidades que estos tengan con los comités que postulan y eligen. Sólo hay que ver las cifras del Nobel de Literatura. Si bien los premios se crearon en 1895, no comenzaron a entregarse hasta 1901. Desde ese entonces, los escritores suecos han recibido más premios (7) que España (6) o Italia (6), y más que el conjunto de los países de Asia, que suma un total de 5 entre JapónChina, Asia y Turquía.  

Hasta la votación definitiva de la que saldrá el ganador, el trabajo principal del comité Nobel lo realizan cinco miembros

Para cada categoría de los Nobel existe una Academia específica. En el caso de literatura es la Svenska Akademien. Está conformada por 18 miembros. No todos intervienen al mismo tiempo, ni de la misma forma.  Hasta la votación definitiva de la que saldrá el ganador, el trabajo principal del comité Nobel lo realizan cinco miembros. Los miembros de ese comité envían una carta a cerca de mil personalidades, instituciones y autores para que propongan sus candidatos. La regla más elemental es que nadie puede proponerse a sí mismo. Una vez reunidas esas propuestas, este organismo presenta las listas de nombres que la Academia debe llevar a una versión reducida de cinco candidatos. Una vez confeccionada esa lista, se estudia cada obra y se presenta un informe, que desemboca en el proceso final de elección. El  candidato distinguido debe contar con más de la mitad de los votos de todos los académicos. 

En  1974  Nabokov fue ignorado y se premió a Eyvind Johnson y Harry Martinson. Ambos eran suecos y pertenecían a la academia

Desde fuera, el asunto parece rígido, impoluto e inquebrantable. Sin embargo, hay historias que invitan a descreer tal cosa.  Algunos críticos literarios y periodistas aseguran que a Vladimir Nabokov no se le concedió el Nobel por un asunto de influencias. A él y a unos cuantos más. En  1974  el autor de Lolita fue rechazado, al igual que Graham Greene y Saul Bellow, para otorgar el premio a Eyvind Johnson, quien además compartió premio ese año con Harry Martinson. Ambos eran suecos y pertenecían a la academia, de hecho Johnson lo fue desde 1924 hasta 1973, justo el año previo.

Otras causas y procesos menos endogámicos, pero no por ello menos políticos, han opacado y afectado el reconocimiento.  Algo así fue lo que le ocurrió a Jorge Luis Borges .Cuenta el ensayista uruguayo Emir Rodríguez Monegal en Borges, una biografía literaria, que en 1976 el escritor argentino "ya había sido elegido a medias con Vicente Aleixandre, el poeta surrealista español, para el premio". Entonces pasó lo que pasó. El 21 de septiembre de 1976, Borges, invitado por Pinochet, viajó a Chile. Allí recibió de manos del dictador el doctorado honoris causa en la Universidad de Chile y pronunció un discurso con palabras elogiosas para Pinochet. Sin embargo no fue esa la única foto de grupo que alejó a un escritor de los criterios políticos. Ese mismo año, pero el 19 de mayo, se celebró un almuerzo en el que participaron el dictador argentino Jorge Videla, el general y secretario de la Presidencia, José Villarreal con un grupo de escritores –entre los que Borges repitió- y en el que se encontraba Ernesto Sábato.

Cuando se concedió el Premio Nobel de Literatura al cantante Bob Dylan, Mario Vargas Llosa (Nobel de Literatura 2010) acusó a la Academia de frívola

Entre el criterio político y el literario se tensa una terrible cuerda que ha dado no pocos tirones. En 2004, cuando se concedió el premio a la austriaca Elfriede Jelinek, el académico Knut Ahnlund alzó su voz en contra. Según Ahnlund la obra de la austriaca no reunía el más elemental valor literario y desprestigiaba el premio. En el capítulo de los criterios, hay más casos. Hace unos años, en 2012, salieron a la luz pública las deliberaciones del año 1961, hecha en la que Tolkien fue propuesto. El autor de El señor de los anillos fue descartado en aquella ocasión porque, según uno de los académicos, "no está en modo alguno a la altura de la narración de alta calidad". Ese mismo año Lawrence DurrellRobert Frost y EM Forster también fueron apartados para conceder el Premio al escritor yugoslavo Ivo Andric. Durrell fue descartado por “su monomaníaca preocupación por las complicaciones eróticas" y Frost, en cambio, porque era muy viejo (tenía 86 años).

Los desacuerdos no escasean ni quisiera entre los ya premiados. El año pasado, cuando se concedió el Premio Nobel de Literatura al cantante Bob Dylan, Mario Vargas Llosa (Nobel de Literatura 2010) acusó a la Academia de frívola. "El Premio Nobel debe ser para una obra literaria de calidad. Y reconocida para una que tenga calidad y que no sea tan conocida y, así, el premio le ayude a lograr reconocimiento. Debe ser un premio para escritores y no para cantantes. Sus palabras le valieron la ovación de su auditorio en Berlín.La línea seguida por la Academia Sueca, institución encargada de otorgar el premio, añade incertidumbre -por no decir desconcierto- debido a lo novedoso de las elecciones de los galardonados desde la llegada  de Sara Danius a la Secretaría de la Academia, hace ya dos años. Si en 2015 se premió por primera vez el género del reportaje periodístico en la figura de la bielorrusa Svetlana Alexijevich, el año pasado se traspasaron las barreras de la literatura convencional al reconocer al cantautor estadounidense Bob Dylan.



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