Pocos días después del arrase electoral de Isabel Díaz Ayuso en Madrid, cuesta creer los niveles de consenso social que alcanzó el movimiento 15-M, protagonista del debate político español en 2011. Una estadística puede ayudar a orientarnos: el 18 de mayo de 2013, pasado ya el furor de las plazas, una encuesta de Metropscopia reveló que el 78% de los españoles pensaba que los indignados tenían razón al cuestionar el régimen del 78, las políticas de desahucios, las disfunciones del mercado laboral y las crecientes desigualdades económicas. “Solo un 4% dice tener dudas sobre los motivos de la protesta”, destacaba la noticia.

Renovar nuestra democracia parecía simple cuestión de tiempo: “El apoyo al fondo del mensaje del 15-M es abrumador en el caso de los más jóvenes, lo que da idea de la existencia de un caldo de cultivo notable para opciones distintas de las que han representado hasta ahora PP y PSOE. Esos nuevos votantes más jóvenes, los más castigados por la falta de expectativas, son los que se sienten más alejados del sistema y optarían por ese nuevo modelo de opción política”, continuaba El País. Diez años después de aquella explosión social, ninguna de sus promesas parecen haberse cumplido, con Podemos y Ciudadanos en crisis electoral y el bipartidismo en saludable estado de forma. Se consideró el 15-M como “una vacuna contra la extrema derecha”, pero hoy el partido español más pujante se llama Vox y el PP de Ayuso crece más entre los jóvenes un 29%, un ritmo por encima de Más Madrid.

Una pequeña historia puede ayudarnos a comprender la magnitud del derrumbe. Seguramente el programa más volcado en los enfoques ‘quincemeros’ es el 'podcast' Carne Cruda, dirigido por el periodista Javier Gallego. Su feroz enfoque izquierdista y contracultural le identificó enseguida como una voz en sintonía con las protestas. Recibió un premio Ondas en 2012, que le abrió las puertas de la cadena SER, un romance espinoso que duró solo dos años, hasta que la falta de entendimiento les hizo separar sus caminos.

Los jóvenes de clase trabajadora y la población migrante estuvieron infrarrepresentados", recuerda un informe

¿Cuál es la historia relevante en 2021? Que Javier Gallego propuso a sus fieles oyentes financiar un programa conmemorativo sobre el 15-M y solo recibió un tercio del dinero que necesitaba. Los datos siguen abiertos en Goteo.org: se consideraba que 28.941 euros era el mínimo y 33.324 el óptimo, pero solamente se obtuvieron 9.736. La serie de programas de audio digital se seguirá haciendo, pero de manera más modesta. ¿Cómo puede ser que el 15-M pase de un respaldo social total en España a no ser capaz de triunfar en un ‘crowdfunding’ dentro del búnker militante?

Desclasamiento fallido

Algunas de las claves podemos encontrarlas en un documento analítico que escribieron el sociólogo Jorge Sola y el filósofo César Rendueles para la fundación Fundación Rosa Luxemburgo, laboratorio de ideas de la izquierda alemana. Allí reflexiones como esta, publicada en junio de 2019: “La movilización social del 15-M y sus ramificaciones han contado con la primacía de un determinado grupo social: los jóvenes de clase media con educación universitaria que habían visto frustradas sus expectativas de reproducción social y eran los que vivían con más intensidad el incumplimiento de la ideología meritocrática. Por el contrario, los jóvenes de clase trabajadora o la población migrante estuvieron notablemente infrarrepresentados tanto en la dinámica de las movilizaciones, como en los discursos e imágenes que proyectaron. La brecha social en que se basaba el bloque del cambio era la generacional, pero la voz cantante de la nueva generación tenía un marcado sesgo de clase. Ni las mareas, ni Podemos, ni el municipalismo ni el feminismo han conseguido romper esa dinámica y articular políticamente a los de (más) abajo, que sufren con mayor intensidad los efectos materiales de la crisis”, escribían con tanto acierto como pesar.

El cantautor Ismael Serrano, con larga trayectoria de militancia, ya venía recordando algunos ‘tics’ irritantes de aquel movimiento de protesta. Sobre todo, las entrevistas con jóvenes indignados que lamentaban no encontrar trabajo, a pesar de tener dos carreras y un máster, como si sus problemas fuese más relevantes que los de una madre soltera en paro. “Lo siento, pero el desempleo es igual de grave cuando le ocurre a un migrante ecuatoriano que trabaja como peón de albañil. Seguramente él sufría más que los de los másters. En realidad, es un enfoque clasista. Las cosas no son más graves porque le ocurran a ‘la generación más preparada de la historia’. Aquello fue un despertar político para muchos, pero otros no buscaban cambiar el sistema, sino encontrar el sitio que pensaban que les correspondía”, explicó en un entrevista con Vozpópuli.

La clase media española ocupó las plazas para gimotear sus neuras, para a continuación escuchar que había gente pasándolo mucho peor que ella", recuerda Ernesto Castro


El libro más recomendable de los que se publica al calor del aniversario es del joven filósofo Ernesto Castro, que vivió el 15-M como activista. Lleva por título Memorias y libelos del 15-M y lo publica la editorial Arpa. Su recuerdos coinciden en subrayar el sesgo de clase, por ejemplo en esta anécdota personal sobre una amiga: “Rocío convenía en que la acampada se había lumpenizado en sus últimos momentos; pero, en vez de desdeñar dicha lumpenización como una deshonra, como una mácula en el palmarés quincemero, estimaba que era su rasgo más valioso e idiosincrático. A su juicio, el 15-M fue un proceso de desclasamiento fallido, en el cual la clase media española ocupó las plazas para gimotear sus neuras, solo para a continuación escuchar que había gente pasándolo mucho peor que ella", recuerda. Por desgracia, indignados como Rocío fueron la excepción y no la regla.

En realidad, como nos recuerda Castro, uno de los legados más visibles del 15-M ha sido el de ser utilizado para describir manifestaciones de derechas, por ejemplo la revuelta de los balcones del 1 de octubre de 2017 y las protestas contra el confinamiento sanchista, que llevaron la etiqueta de "15-M facha". ¿Lecciones para el futuro? Cualquier movimiento igualitario que pretenda cambiar la política española tendrá que abdicar de su enfoque de clase media y acoger con naturalidad a lo que llamamos ‘perdedores de la globalización’ (otro eufemismo de tantos en nuestra política). Dicho de otro modo: para cambiar las cosas hay que incluir a los muertos de hambre de toda la vida.