Cultura

Daniel Bernabé: “Carmena fue un eucalipto, que crece rápido pero agota el sustrato”

El autor del éxito ‘La trampa de la diversidad’ vuelve con ‘La distancia del tiempo’

Daniel Bernabé, periodista y escritor
Daniel Bernabé, periodista y escritor

¿Cuándo tuve claro de Daniel Bernabé era un fenómeno editorial? Fue en junio de 2018, bebiendo una cerveza en una terraza de Pozuelo. Estaba allí para entrevistar a Kiko Matamoros y me contó que La trampa de la diversidad (Akal, 2020) estaba entre los libros que más ganas tenía de leer. Le intrigaba la hostilidad de las reseñas contra el libro y le escamaba el auge político de identidades como el animalismo. En un país donde apenas se debate sobre ensayo político, el texto recibió rotundas críticas de la izquierda, incluyendo a líderes como Alberto Garzón. Fue tanta la hostilidad que terminó provocando un ‘efecto rebote’ y recibiendo el apoyo de figuras tan distintas como Julio Anguita y Juan Manuel de Prada. Hoy el libro ha superado las diez ediciones, con más de quince mil ejemplares vendidos.

En este 2020, Bernabé vuelve con La distancia del presente. Auge y crisis de la democracia española 2010-2020 (Akal), un libro de tapa dura que prefiere el matiz antes que la polémica. En las pocas semanas que lleva en la calle, ha alcanzado el puesto veinte entre los más vendidos de Amazon. También lo han elogiado personajes tan lejanos ideológicamente como Andrea Levy, concejala de Cultura del PP en Madrid, y la periodista de izquierda Maruja Torres.

El éxito creciente de La trampa de la diversidad le convirtió en el autor más polémico la izquierda española. Me gustaría saber qué moraleja sacó de todo aquello.

Si alguien quiere contratarme para iniciar una campaña de desprestigio en redes que me llame, soy un experto por haberla sufrido. Más en serio, la conclusión es que hoy cuestionar la identidad, el hecho de que todos competimos en un mercado de la representación, es peor que te menten a la madre. Otra conclusión es que en este país se pueden criticar libros sin haberlos leído. Hay decenas de artículos afirmando que La trampa habla de unas luchas sociales son más importantes que otras, cuando el libro propugnaba justo lo contrario: es lo neoliberal lo que categoriza, fragmenta y pone a competir a las identidades. Triste, pero cierto. La distancia del presente, mi nuevo libro, pretende algo diferente y creo mucho más ambicioso: repasar los diez últimos años de la sociedad española pero, más allá, dar al lector una guía para que la actualidad sea comprensible: ¿por qué absuelven a Rato? ¿De dónde viene Ayuso? ¿Qué significa el acuerdo de reconstrucción con la UE?

El libro contiene una galería de personajes políticos, de la extrema izquierda a la extrema derecha. Por ejemplo, elogia la capacidad de Rajoy para gobernar “sin despertar ni la mitad de animadversión que Aznar”, a pesar de los recortes, la represión de protestas y las sospechas de corrupción. Define su estrategia como “ensimismamiento vigilante”.

Como escritor, uno disfruta hablando de determinados personajes y Rajoy era fascinante. Sobre todo, porque presidiendo un Gobierno radical en materia económica, mucho más a la derecha que la etapa Aznar, el tipo parecía que pasaba por allí. Ojo, no confundamos la táctica con el fondo: el día que se conozcan las grabaciones de Bárcenas, seguramente Rajoy va a tener un problema muy serio. Y no sólo él. A pesar de la corrupción, los recortes y la represión, deduzco, por ejemplo, que Rajoy no quería el choque con los independentistas. Otra cosa es que el Estado profundo le haga un puente. Con La distancia trato de ser crítico pero mostrar todas las facetas.

"La tendencia electoral son partidos uberizados con personajes carismáticos que basan todo en la narrativa", advierte el autor

Explica también de que muchos votantes de Carmena se comportaban como quien se hace unas fotos de sus vacaciones en el sudeste asiático, en el sentido que no era tanto una cuestión de compromiso político como de asociarse a valores agradables, positivos o ‘cuquis’.

Carmena ha sido uno de los productos políticos más exitosos de la década pasada: sin ella no se habría ganado el Ayuntamiento de Madrid. Por otro lado, la tendencia electoral bascula hacia eso: partidos uberizados con personajes carismáticos que basan todo en la narrativa. ¿Cuál es el problema? Que el producto Carmena, al margen de quién sea ella realmente, es como un eucalipto: crece rápido pero agota el sustrato. Si la izquierda opta por ese camino, puede ganar algunas citas electorales, pero se tirará por un puente. Si la izquierda no es acción colectiva, no es nada. Construir sujeto político es como plantar robles, algo lento y tedioso, y ahí está la contradicción que, yo al menos, soy incapaz de resolver. Esa es otra seña de La distancia del presente, está lleno de preguntas, de caídas personales del guindo y de una cierta angustia generacional: los que hemos nacido sobre 1980, ¿qué diablos vamos a aportar a este país?

En los últimos años, hay un creciente cuestionamiento de la izquierda madrileña desde sus propias filas. Pienso en artículos como el de Alberto Santamaría sobre la  "izquierda topo" o el de Quique Peinado que se titulaba “Hasta los cojones de la izquierda madrileña”. ¿Piensa que es imprescindible algún tipo de proceso de renovación?

Llevo leyendo tribunas en prensa sobre repensar la izquierda desde hace veinte años. ¡Por Dios! Que se dejen ya de repensar y se pongan a recuperar. Objetivamente no hay nada más renovado que la izquierda madrileña: Más Madrid, Podemos, la enésima dirección del PSM y una IU que fue desfederada completamente, purgando elementos de honradez cuestionable pero dejando por el camino a gente con experiencia e ideas a los que simplemente se catalogó, yo el primero en aquellos años, como “rancios”.

Madrid es el experimento neoliberal más grande de Europa y la izquierda sigue pensando que la situación iniciada en 1995 es eventual. ¿Por qué en los pueblos y distritos obreros la abstención es alta y en los acaudalados no? Confío poco en la enmienda: Madrid sufre ser cuna del poder nacional y eso perjudica su autonomía.

Pronto se cumplen diez años del 15-M, una protesta que hoy parece un espejismo. ¿Qué lecciones debería extraer la izquierda española?

Que hay que estar siempre donde el conflicto se expresa, para los más ortodoxos, y que no valen los atajos, para los más heterodoxos. El 15-M fue muchas cosas y sobre los hechos se construyó un mito que hoy no interesa a nadie: dime tú quién quiere participación cuando lo que se buscan desesperadamente son certezas. El problema es que el 15-M también fue la culminación de una venganza contra el viejo adversario comunista por parte del progresismo alternativo: allí siempre hubo dirigentes y ganas de capitalizarlo, cualquiera que atendiese conoce a unos cuántos. Supongo que es lo que tiene el asamblearismo: el ocioso activista profesional de clase media se impone al ciudadano de clase trabajadora. ¿Lecciones? Los sindicatos siguen ahí, el ciudadanismo no.

"¿Tiene la izquierda política cultural o se ha convertido en un mero prescriptor?", pregunta Bernabé

Disintió enérgicamente con columnistas que encontraban potencia política en fenómenos pop como 'Operación Triunfo', pero hace poco defendía el giro militante de Jorge Javier Vázquez. ¿Cuál es la diferencia?

No, a ver, simplemente me pareció divertido aquel escándalo con los agitadores ultras, en un momento muy difícil donde mucha estrellita intelectual progresista estaba metida debajo de la cama pensando que los de Vox tomaban Moncloa a caballo. Sé que el Gobierno y especialmente Unidas Podemos se sintieron muy solos entre marzo y abril y eso, a Jorge Javier Vázquez, le honra, más allá de su propuesta televisiva. La diferencia es que yo no encumbro a este señor y le atribuyo propiedades mágicas en la creación de sujeto político, que es lo que se hizo con Operación Triunfo. Claro que prefiero que un programa haga pedagogía sobre los derechos LGTB antes que sobre la supremacía racial blanca, lo cual no implica que me parezca infantil políticamente que IU o Podemos pensaran que aquello era la panacea. ¿Tiene la izquierda política cultural o se ha convertido en un mero prescriptor?

Ha criticado mucho un proceso que llama “la normalización de Vox”, desde el hecho de que Pablo Motos invite a Santiago Abascal al Hormiguero hasta que aparezcan él y su esposa en la sección de corazón de Vozpópuli. La teoría del “cordón sanitario” se ha puesto en práctica en Francia desde los años noventa y el resultado es que el Frente Nacional/Reagrupación Nacional está hoy más fuerte que nunca. ¿No demuestra eso su inutilidad?

Agradezco a Vozpópuli que me brinde este espacio, ya que si Abascal gobernara no tendría esta posibilidad ni aquí ni en ninguna parte y eso es lo que no se asume o se califica de alarmismo. Vox es una organización descivilizatoria con un programa para pasar de un neoliberalismo de la diversidad a uno autoritario. Esto no es una cuestión de teorías de mesa camilla, lo es de supervivencia de algunas cosas dignas que hemos construido en España desde 1978 entre todos. En La distancia del presente el fenómeno ultra en nuestro país se intenta explicar no desde el histerismo de pasar en una noche andaluza del oasis a 1939, sino como un proyecto de restauración que Aznar comenzó en 2004. Las bases y la materia prima ya estaban cuando Abascal era un simple paniaguado de Aguirre.

En estos días se habla mucho de la batalla cultural, un concepto que manejan desde Iván Redondo hasta Cayetana Álvarez de Toledo. ¿Qué importancia le da a ese término?

La cultura es algo más que un producto manufacturado: el cuadro del museo, el libro, el disco o la política. La intersección entre política y cultura es donde el poder echa raíces: es la creadora de legitimidad y sentido común. El problema es creer que sólo con la cultura, reducida a comunicación, es suficiente para hacer política: hay que saber contar lo que haces, pero la política, sobre todo para la izquierda, o es transformación o se agota rápido. ¿Sabes? En la entrevista de Losantos a Álvarez de Toledo tuve la demencial impresión de que ella me había leído, por una frase muy concreta que pronunció: "Lo que está pasando en una parte del mundo de la izquierda, el vinculado a los tradicionales valores de la igualdad, en algunos sectores de jóvenes escritores y periodistas es esperanzador. Hay gente de izquierda que empieza a reaccionar contra la espiral identitaria". Lo curioso es que invierten en argumento: lo que yo categorizo como un triunfo de lo neoliberal, el mercado de identidades, la derecha lo asume como un triunfo conspiranoico de la ‘agenda globalista, Soros y Spectra’, cosa bastante ridícula y paradójica viendo el partido que la derecha saca al constructo de la incorrección política y el individualismo atomizante y cómo la izquierda se ve perjudicada al verse incapaz de unificar un sujeto político. Invito desde aquí a Álvarez de Toledo a una discusión pública donde le expondría: “Cayetana, no sufras por el identitarismo, no es Soros, es el mercado, y os viene estupendo para vuestro proyecto político derechista”.

Siempre ha sido una persona interesada en la cultura, desde sus años como librero hasta su afición musical. Dicho esto, en el libro se detecta cierta incomodidad con la cultura contemporánea, por ejemplo cuando hace la broma de que los mayas acertaron con la profecía del fin del mundo en 2012 porque en ese año estalla el trap español. También ha dicho que le decepcionan los enfoques políticos de personas menores de 25 años.

En La distancia me he permitido licencias de humor como esas porque creo que, a la inversa, intelectualizar expresiones como el trap es absurdo. Más allá de eso, jóvenes hay muchos y, como casi todo el mundo hoy, lo que buscan son certezas en un mundo de incertidumbres. No podemos obviar que la generación nacida en el siglo XXI tiene elementos propios inéditos que son más rupturistas que en décadas anteriores. Por ejemplo: ¿en qué se basa OnlyFans? En una carencia de expectativas laborales, pero también un cambio sobre la percepción del individuo-producto. No podemos obviar, para hacernos los simpáticos, que ya hay una generación que ve más YouTube o TikTok que la televisión convencional. Y sí, los interesados en política se relacionan más con la diversidad que con la igualdad, con el activismo previo pago que con la militancia, con la identidad individual que con la acción colectiva, con la política como tendencia que como hilo histórico. Hay de todo, pero la tendencia es esa.

¿Qué grupos, directores y escritores le interesan en 2020?

Recomiendo editoriales como Hoja de Lata, que se han abierto un hueco a base de trabajo, criterio y dejándose de gilipolleces amables. De Akal, quienes me publican La distancia, aprecio la propuesta del crítico cultural Alberto Santamaría. Espero también el nuevo libro de Esteban Hernández, que mira más allá que la mayoría. Este verano leí a Nerea Blanco y su Filosofía entre líneas, que encuentro una hábil mezcla de narrativa personal y divulgación. En novela, me gustó la de Patricia Castro, que se titula Sueño contigo, una pala y cloroformo. También tengo ganas de que salga el libro de Ana Iris Simón. Últimamente escucho bastante a The Seven Floor. Y he vuelto a Berlanga y Azcona, por aquello del sainete trágico, género en que encuadro mi libro.

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