Cultura

Los Chikos del Maíz, una bomba de barrio en las listas de éxitos

Su nuevo disco, Comanchería, mantiene el nivel sin llegar a sus clásicos

Los Chikos del Maíz, una bomba de barrio en las listas de éxitos
Los Chikos del Maíz, una bomba de barrio en las listas de éxitos Adolf Boluda

Existe en España un largo hilo de superventas ocultos o marginados, desde el circuito de casetes de gasolinera hasta el llamado Rock Radical Vasco, pasando por los grandes discjockeys de techno capaces de abarrotar polígonos cada fin de semana sin aparecer en los grandes medios de comunicación. El hip-hop de aquí sufre en gran medida ese clasismo cultural, hasta el punto de que el dúo valenciano Los Chikos del Maíz está explícitamente vetado en Radio 3. Resumiendo: cualquier paso en la escaleras del éxito les cuesta el doble que a los demás.

Su fórmula musical es sencilla: apuestan por el rap político, las historias de abajo y el legado de la música negra estadounidense, especialmente el hip-hop de los años ochenta y noventa (hablamos de Mobb Deep, Public Enemy, Gang Starr, Wu-Tang Clan, Jedi Mind Tricks y un largo etcétera). Ocupan una posición única en el sentido de que existen pocos grupos capaces de entrar en las listas de ventas con un disco como Comanchería, que despliega un ataque feroz contra los bancos, las discriminaciones sociales y el creciente poder que acumulan las élites de nuestro país. 

Su nuevo trabajo muestra cierto estancamiento: no hay nada en sus surcos que no se pueda encontrar con un mayor voltaje en trabajos anteriores, especialmente en la cima de su carrera, que corresponde al arrollador álbum La estanquera de Saigón (2014) y al emocionante minielépe Trap mirror (2016). En Comanchería destaca el alto nivel de las bases musicales, la mayoría afiladas, vibrantes y contagiosas, pero en las letras se acusa cierta repetición y similitudes con los comentarios que se pueden encontrar en las redes sociales de los autores.

Fuerzas y flaquezas

También emerge la conocida tendencia de los raperos con trayectoria a construir sus letras con listas de la compra de libros y películas, como le pasó a Fermín Muguruza a la altura de In-Komunikazioa (2002). Se supone que un álbum de hip-hop debe tener una ambición narrativa superior a un hilo de Twitter o a un ticket de la FNAC, que es la impresión que dan algunos pasajes en este ultimo trabajo. Las ristras de insultos o de fetiches estéticos pueden ser divertidas y descubrirte cosas, pero suelen acabar como competiciones de ver quién es más 'cool' o quien la dice más gorda, algo que no tiene mucho recorrido.

“El cine español que se joda por tibio/ vendido al capital por dos lonchas de Campofrío”, denuncia Nega con humor cáustico

El álbum refleja procesos interesantes, por ejemplo las dificultades de los raperos de izquierda para encarar la madurez. Nega confiesa que echa de menos la época de fiesta “killer”, que además es mejor material para una letra de rap que ver una serie o leer un ensayo. Por algo los grandes discos de hip-hop suelen ser los primeros, ya que es un género donde manda la energía. También es visible la continua disfunción de ensalzar a machos alfa como el escritor Jack Kerouac mientras se defienden los paradigmas del feminismo, que el grupo fue incorporando poco a poco en su carrera (un proceso muy interesante de seguir). Las mejores canciones políticas exploran contradiciones en vez de dar sermones.

Una de sus grandes bazas sigue siendo el humor cáustico, por ejemplo “el cine español que se joda por tibio/ vendido al capital por dos lonchas de Campofrío”, denuncia Nega. Su crudeza funciona por contraste con las rimas más cálidas y empáticas de Toni ‘El Sucio’, capaces de condensar problemas sociales serios en dos frases. “Te dicen forma una familia y crea un hogar/ pero este sueldo de birria no permite ni soñar”, recita poco después. Un pensamiento con el que podrían estar de acuerdo hasta las bases de Vox.

Colaboraciones de lujo

Hay varias canciones en el álbum que huelen a clásico, material a la altura de su incendiario directo, uno de los mejores de la historia del hip-hop nacional. La primera es “Gente con clase”, colaboración con las valencianas Machete en Boca, con una base digna de la edad de oro del hip-hop estadounidense. En ese mismo registro, se contagia “Grupo Salvaje”, con un arranque donde Toni destroza sin misericordia la trayectoria de Podemos, derrochando más veneno que cualquier columnista de derecha. “Senderos de Gloria”, su colaboración con el legendario Kase.O, cuaja en un tema elegante, que muestra que están a la altura del más grande (con permiso de La Mala).

El disco se cierra con un pieza que samplea “Be My Babe” (The Ronettes) donde no se salva ni el peluquín de Ximo Puig.

“Libreros” se impone con su alegría latina y su ataque a los 'influencers' y los culturetas. Les honra celebrar espacios como librería madrileña Traficantes de Sueños, un colectivo que les tiene una antipatía bárbara. Más rebatible es su tendencia a cargarse a cualquier columnista que no comulgue con su credo, caso de firmas como Edu Galán, Sergio del Molino y Juan Soto Ivars (la izquierda actual, por desgracia,  parece un concurso de pureza en vez de una invitación al compromiso). El repertorio se cierra con un pieza oculta que samplea “Be My Babe” (The Ronettes) donde terminan de soltar toda la bilis. No se salva ni el peluquín de Ximo Puig.

No figura en el repertorio del álbum, pero también brillará en las giras “Barrionalistas”, una canción de 2019 que sorprende que no hayan incluido en Comanchería. Su letra reivindica el orgullo popular como asidero al que aferrarse en momentos de derrumbe de la izquierda española (como el actual). El retrato es duro y fidedigno: “Nada de sindicatos en la tienda de zapatos/ el vendedor de cupones, la loca de los gatos/ los ojos como platos, la realidad agobia/ y el moderno del barrio va de aliado/ y le pega a la novia”, recita Nega. Luego remata: “Es el cuento de la criada, sólo nos queda la protesta/ vidas desperdiciadas, demasiadas/ porque la realidad social no es como la ves en La Sexta”, señalan. 

Haciendo balance final, más allá de estar o no de acuerdo con sus posturas políticas, el valor de sus letras radica en reflejar la vida cotidiana de las capas más pobres del país. Además, no lo hacen de una forma costumbrista, sino con una mezcla de compromiso y visión pasada de rosca, que es muy de agradecer. Siguen siendo necesarios porque muy pocos artistas cantan ya sobre estas cosas.

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