ENTREVISTA

Chani Pérez Henares: “La izquierda está abducida por la Leyenda Negra”

El periodista, escritor y viajero cuenta en 'Cabeza de Vaca' la historia del primer europeo que llegó al oeste americano

Entrevista con Antonio Pérez Henares
Entrevista con Antonio Pérez Henares Víctor Ubiña

Antonio Pérez Henares es alcarreño, escritor y periodista. En ese orden. También un viajero irredento, un lector voraz y aventajado novelista, tres elementos que reúne en Cabeza de Vaca (Ediciones B), una novela que suma ya tres ediciones a pesar de haberse publicado el 18 de junio de un verano pandémico. A lo largo de casi quinientas páginas, Pérez Henares narra la vida del conquistador jerezano Álvar Núñez Cabeza de Vaca, el primer europeo en llegar a lo que hoy sería Florida y el oeste de Estados Unidos. También las Cataratas de Iguazú.

Ya curtido como soldado de la Liga Santa para luchar contra Francia y luego en Italia, Cabeza de Vaca se embarca en 1527 con Pánfilo Narváez en una expedición a la Tierra Florida. Partieron cinco naves con 600 hombres, de los cuales sólo regresaron cuatro. Entre ellos, Alvar. A través de una estructura de díptico, Pérez Henares desgrana al personaje (su formación en armas y letras, su familia, su contexto, sus rasgos) así como la naturaleza de su periplo por el Oeste americano y su naufragio en la bahía de Tampa, que Henares reconstruye a través de Naufragios, el libro de Cabeza de Vaca sobre esa travesía.

Escrita en un castellano sabroso, Henares despliega pequeños capítulos que enuncian cada episodio como una aventura, a la manera cervantina del Quijote. El resultado es una novela ágil, documentada con rigor, pero sin el hormigón del pie de página -apenas unos pocos-. Cabeza de Vaca se mueve entre la novela histórica, de aventuras y hasta el Western. Bastan dos días para dar cuenta de su lectura.

En 1527 partieron cinco naves con 600 hombres, de los cuales sólo regresaron cuatro. Entre ellos, Alvar Núñez Cabeza de Vaca

La travesía del jerezano duró nueve años. En todo ese tiempo, Álvar fue prisionero y esclavo de los indígenas, logró huir con tres compañeros, cruzar de tribu en tribu desde el este hasta el oeste americano y sobrevivir en más de una ocasión a la muerte. En esa epopeya, el lector descubre a un hombre con una capacidad de sobrevivir asombrosa, pero aún mayor de interpretar y comprender lo que ve, de compenetrarse con los distintos pueblos que lo reciben hasta convertirse en una especie de chamán blanco respetado en todo el oeste americano.

En esta novela el paisaje lo es todo y engrandece la épica de Cabeza de Vaca, sin menoscabar la riqueza del contexto histórico. La relación de Pérez-Henares con la tierra está impresa en su biografía y su vocación literaria. Nieto de labriegos e hijo de obrero que emigró al País Vasco (de ahí viene su apodo, Chani), desde muy pronto ejerció el periodismo y desarrolló su pulsión viajera. Fue justo en la Ruta Quetzal del año 2000, con Miguel de la Quadra, donde descubrió el personaje Cabeza de Vaca.

Junto a De la Quadra (a quien dedica el libro), Chani caminó la misma ruta que Álvar hizo en el siglo XVI. El lector es capaz de percibir cada paraje, desde las selvas tupidas de la Florida, hasta las estepas de la actual Arizona y Texas. Se pasa hambre y frío con un Cabeza de Vaca expuesto a inclemencias y ataques, pero hay también un sentimiento sobrecogedor al verlo sacar una flecha del corazón de un indio o encararse ante un nefasto comandante de expedición obsesionado con parecerse a Hernán Cortés: Pánfilo.  

En tiempos de derribo de estatuas, Pérez Henares despliega en este libro sin complejos ni adanismos

En tiempos de derribo de estatuas y justo cuando la Leyenda Negra recrudece en el debate cada vez más adanista de la reescritura de la historia, Pérez Henares despliega en este libro un fresco histórico que comienza con personajes anteriores a Cabeza de Vaca, pero que forman parte de un tiempo fundamental para comprender el imperio español que se fraguó en esos años:  desde Colón, y sus hijos (el episodio del ataque al Fuerte de Navidad es prodigioso), pero también sitúa y describe a Hernán Cortés, Vasco Núñez de Balboa o Alonso de Ojeda.

Que le afeen o no el rescate de estas figuras, a Chani le da igual. No se puede mirar el pasado con los ojos del presente, asegura, con un sombrero Panamá calado en la cabeza y una mascarilla verde bordada con patos. A Pérez Henares sólo le falta dejar la escopeta sobre la mesa. Y raro no sería, porque además de expedicionario, es cazador. Un hombre libre que le dio portazo a Ferreras en la Sexta y que se sabe al dedillo los romances castellanos que su abuelo Valentín le recitó de niño.

Con este libro, que promete segunda parte (para contar el siguiente viaje de Cabeza de Vaca), Antonio Pérez Henares amplía una obra que ha dado buena cuenta con su tetralogía de la prehistoria (Nublares, El hijo de la garzaEl último cazador y La mirada del lobo), pero también con libros como La tierra de Álvar Fañez, El rey pequeño o La canción del bisonte, que publicó en 2019. Ahora, con Cabeza de Vaca abre un ciclo y de la mejor manera posible: con una cubierta a cargo del elegante Augusto Ferrer-Dalmau, el pintor de batallas.

Responsable de los cursos de verano de El Escorial, Pérez Henares hizo su máster de viajes con Miguel de la Quadra, el de periodismo con Manu Leguineche y el de la noche con Raúl del Pozo, o al menos así lo cuenta él. Félix Rodríguez de la Fuente lo enseñó a adiestrar halcones, de niño leyó con fruición a Kipling (una de sus perros lo bautizó Mogwli) y de adulto se empleó a fondo en las redacciones de Pueblo, Tribuna o La Razón, por nombrar algunos de los medios donde trabajó.

Chani Pérez Henares va de vuelta de todo y no se corta ni un pelo al momento de llamar las cosas por su nombre. A los idiotas, idiotas, y a los maestros, maestros. Así habla el escritor en esta entrevista concedida a Vozpopuli.

Entrevista con Antonio Pérez Henares
Entrevista con Antonio Pérez Henares Víctor Ubiña

¿Es su Cabeza de Vaca una refutación de la Leyenda Negra?

No diría refutación. La cuestión es plantear la realidad histórica comprendiendo el momento en que ocurre. La estupidez más terrible que se está cometiendo ahora es juzgar los hechos anteriores con criterios del presente. Si encima, le das la carga de la propaganda que los imperios enemigos hicieron contra España y la asumes como buena, al juntar esas dos cosas, parece que los españoles somos el pecado original del universo y que tenemos que estar todo el día dándonos zurriagazos en las espaldas por ser españoles y que nuestra propia lengua, cultura y toda nuestra impronta a lo largo de la historia es algo execrable. Eso no es verdad. La historia de todos los pueblos de la tierra hay que mirarla en el contexto que se produce, pero la nuestra es particularmente. Es impresionante. Somos una nación pequeña, pero que supuso el primer imperio global del mundo. Es un momento en el que cambia la percepción que los seres humanos tenemos del mundo: era dos veces más grande de lo que pensaban, luego se descubre el mar, el mar del Sur, pero es que, además, se da la vuelta al mundo. Es un periodo entero de absolutas maravillas.

"La estupidez más terrible que se está cometiendo ahora es juzgar los hechos anteriores con criterios del presente"

La ruta Quetzal lo acercó a Cabeza de Vaca, pero… ¿qué fue realmente catalizó su interés por el personaje?

En el año 2000, junto con Miguel de la Quadra, recorrí todo Nuevo México, donde estaba Albuquerque y Santa Fe. Es ahí cuando Miguel comienza a hablarme de Cabeza de Vaca, el hombre que había seguido esta ruta. Por eso el libro está dedicado a Miguel. Lo que a él le fascinaba de Cabeza de Vaca fue lo mismo que me cautivó a mí: el conquistador que termina convirtiéndose en el gran chamán blanco de todas las tribus del sur actual de Estados Unidos. La palabra que más pronuncia Cabeza de Vaca en todo el libro es Dios. Y por eso insisto: hay que entender a los personajes en su época. Claro que iban en busca de riqueza, oro y fama, por supuesto, pero dentro de una escala de valores en la que para ello lo más ético y honorable del mundo era hacer esa conquista y convertirlos a la religión cristiana. Era la forma de cumplir el mandato de la corona y un mandato divino que ellos creían tener: convertir. Esa era la doctrina: Dios y el Rey eran la medida de todas las cosas. Sin embargo, ¿por qué asombra Cabeza de Vaca? Porque dentro  de esa doctrina, él va más allá. Tiene una mirada de absoluta comprensión y curiosidad.

En una expedición de 600 hombres, él es uno de los cuatro que consigue sobrevivir. ¿Lo salvó su curiosidad?, ¿su naturaleza renacentista, entre el hombre de armas y hombre de letras?

Hay una razón que explica el carácter renacentista de este hombre. Cabeza de Vaca pasó su juventud en Italia. Es muy culto, escribe maravillosamente bien. Hay algunas frases que conmueven. Por ejemplo, para describir el amanecer escribe ‘al reír el alba’, una metáfora maravillosa. Fíjate hasta qué punto llega su razonamiento, cuando plantea: ‘si a esta gente se le tratase como debiera, serían los mejores súbditos de su majestad y los mejores cristianos’. A él le admiran hasta sus enemigos.

Pero no todos lo tratan con honor: Pánfilo Narváez, por ejemplo, lo detesta.

Pánfilo de Narváez es un incapaz, alguien que está superado siempre por la realidad. De hecho, creo que la expresión pánfilo viene de él. Sólo hay que ver lo que le ocurrió con Hernán Cortés. ¡Fue patético! Tenía el triple de tropas que Cortés y este lo derrotó con un golpe de mano y dejándolo tuerto. Pánfilo hace cosas verdaderamente ridículas: quiere emular a Cortés, porque el otro lo ha derrotado. De hecho, para defenderse y justificar su derrota dice que Cortés es más que Aníbal y Alejandro Magno juntos, porque le han vencido a él. La vanidad del personaje es tremenda y dice eso para justificarse. En una cena de Cortés con sus hombres, les dijo que no se burlaran de Pánfilo, porque es el que mejor habla de ellos.

Entrevista con Antonio Pérez Henares
Entrevista con Antonio Pérez Henares Víctor Ubiña

Su Cabeza de Vaca me recuerda al Magallanes de Zweig: no tiene defectos, y eso en ocasiones mosquea. Claro, esto es una novela, no una biografía. Lo más parecido a un defecto es su absoluta inapetencia sexual. ¿Cuál es el defecto de este hombre? ¿Los tiene?

Sobre lo del sexo… Cabeza de Vaca acaba siendo monje. El único matrimonio que tiene me costó muchísimo encontrarlo. Pero sí que tiene defectos. Cabeza de Vaca es un calculador, domina el relato y la puesta en escena. Dice a los demás cómo deben comportarse para que los indios les tengan más respeto. Además, el libro (Naufragios) lo escribe él y se pone a sí mismo muy bien siempre. Es muy calculador.

La novela tiene estructura de díptico, una primera parte donde introduce a Trifón, y una segunda basada en Naufragios. ¿Cuál es ficción y cuál historia?

Trifón es un personaje de ficción. Me permitía meter un personaje de mi tierra, este es de Atienza. Siempre hago eso en mis libros: meto a alguien de mi tierra. Y Atienza es un sitio mítico.  Es la gran fortaleza de la Extremadura castellana, la ciudad medieval. Este personaje me ayuda a hacer dos cosas: narrar todo lo que quiero contar de la vida de Cabeza de Vaca. Explicar de dónde viene, su juventud, además de hablar de personajes que me fascinaban, como Colón, pero sobre todo me permitía contar ese mundo fascinante en el que cada barco que llegaba a España cambiaba el mundo.

Describe con claridad y sin perder el ritmo el papel de Isabel de Castilla, pero también lo que ocurre luego: los comuneros. Lo hace con mucho detalle y sin abusar de las notas al pie de página. ¿Es esta una novela histórica con impronta de periodista?

Nunca he pensado que ser periodista es un desdoro para ser escritor. Manu Leguineche, que es un vasco que se crio en la Alcarria y yo un alcarreño que se crió en el País Vasco, éramos muy amigos. Él me dijo que la literatura y el periodismo son dos brazos del mismo río, es la misma materia prima, que es el agua y en el periodismo las palabras. A las pruebas me remito: García, Márquez, Azorín, y no hace falta irse tan lejos en el tiempo, porque los tenemos aquí: Arturo Pérez-Reverte, ¡coño! El ejemplo lo tenemos en casa y vivo. Compartimos pueblo de pequeños y ya mayores coincidimos después en el diario Pueblo.

Ha dicho que con Miguel de la Quadra hizo un máster de viajes, con Leguineche otro de periodismo y con Raúl del Pozo uno de la noche.

He tenido la inmensa ventaja de mis amigos. Por ejemplo, quien me enseñó a adiestrar halcones fue Félix Rodríguez de la Fuente. Arturo (Pérez-Reverte) me dijo, en una ocasión: ¿quieres dejar de hacer periodismo de una vez y dedicarte a la literatura? A mí me pasó otra cosa, que creo que fue lo que le ocurrió a Manu Leguineche, me hicieron director, me dieron cargos de responsabilidad. En Argentina en el año 82, Leguineche me dijo que bajáramos con  una expedición de ingleses a la Patagonia para ver pájaros. Me llamaron, porque me habían nombrado redactor jefe o subdirector yo no sé de qué. Y dijo Leguineche: como le dé un ataque de responsabilidad, la jodimos. Castigo divino, porque hasta el año 1998 no puede volver a la Patagonia.

¿En qué orden se puede describir a Chani Henares? ¿Escritor, periodista, viajero? ¿viajero, periodista, escritor?

Primero escritor. Soy un niño de un pueblo mínimo. Tuve un maestro que se llamaba Enrique y por quien siento un aprecio absoluto y también mi abuelo que se llamaba Valentín, que está en el origen exacto de mi vocación literaria. Mi abuelo me contaba cosas y con él aprendí romances castellanos del siglo XIII transmitidos vía oral. Todavía puedo recitar alguno, como el de La loba parda. Es maravilloso. Mi abuelo era un gran narrador, luego don  Enrique, mi maestro, me enseñó no a leer sino a soñar. Leí jovencísimo el Quijote y me reía mucho. Luego lo he tenido que leer de verdad.

Entrevista con Antonio Pérez Henares
Entrevista con Antonio Pérez Henares Víctor Ubiña

Por cierto, la fórmula retórica de Cabeza de Vaca tiene el enunciado de las aventuras, como en Quijote.

Sí, así es. Tenía tanto miedo de las historias paralelas, que me encantaban, que opté por eso, además de buscarme a Trifón, que es un personaje de ficción, porque yo quería contar la historia de aquel mundo de La Española. Imagínate: Cortés, Pizarro, Vasco Núñez de Balboa, Alonso de Ojeda, el capitán de la virgen,  que es un personaje maravilloso, porque es demostrativo del  mestizaje.

Ahora que dice mestizaje, en la novela queda muy presente el celo de la corona española en normar la relación con los indios.

La reina Isabel es impresionante. En 1500 prohíbe la esclavitud, porque sus súbditos no pueden ser esclavos. La trampa que hacían los conquistadores es que decían que los indios eran rebeldes y se podían convertir en esclavos. Las leyes de la corona son muy claras, pero otra cosa es lo que hacen los conquistadores en el terreno. En ese entonces los comisarios de las expediciones era los monjes, que son quienes deben velar el cumplimiento de las leyes de la corona en el  trato de los indios. Yo no denostó para nada a Fray Bartolomé de las Casas. Ni a él, ni Cabeza de Vaca ni Fray Junípero.

En época de derribo de estatuas, este libro no caerá nada bien. La leyenda negra rebrota como tema. La relación con el pasado es complicada. ¿Cree que eso enlenteció o aparcó a la novela histórica española?

A la novela histórica le hemos hecho poco caso. Por ejemplo Galdós hizo novela histórica. Los episodios nacionales es la obra cumbre del género, lo que ocurre es que Galdós ha sido postergado de muy mala manera. El cainismo hizo que le negaran el Nobel. Y sobre lo otro, voy  a ser claro: la izquierda ha sido abducida por la Leyenda Negra. Los de Podemos dicen barbaridades del 12 de octubre y además intentan juzgar con los preceptos de esta teocracia progre, que tiene unos valores absolutamente totalitarios y liberticidas. Éramos más libres en los años ochenta.

Detalle de la cubierta de la novela 'Cabeza de Vaca' (Ediciones B), escrita por Antonio Pérez Henares. La pintura que ilustra l portada pertenece a Augusto Ferrer Dalmau.
Detalle de la cubierta de la novela 'Cabeza de Vaca' (Ediciones B), escrita por Antonio Pérez Henares. La pintura que ilustra l portada pertenece a Augusto Ferrer Dalmau.

Al leer Cabeza de Vaca, el lector percibe una novela histórica, pero también de aventuras e incluso un Western, sobre todo un Western. Hábleme de eso, por favor.

Yo me he criado en tierra de frontera, eso que describe Arturo Pérez-Reverte en Sidi . En mi caso, en El Rey pequeño ya yo había colocado a esos hombres de a pie, los que beben con una mano en la lanza y  otra en la estiva del arado. El rey les daba tierras. Eran libres en ellas para trabajarlas y cultivarlas, pero la caballería arábica podía pasar por ahí en cualquier momento, arrasarlos, llevarse a sus mujeres, a sus hijos. No hay mayor Far West que la España de frontera de ese entonces.  Ahora bien, en el caso específico de esta novela… ¡ es que es el oeste! Cabeza de Vaca  cruza todos esos paisajes. Después de salir de Florida, entra en territorio de Texas, pasa por el Mississippi. Es el primero que atraviesa el Río grande. De forma novelada, aunque hay elementos que indican que pasó, lo hago encontrarse con los Siux, que es el episodio de los búfalos.

En tiempo de derribo de estatuas y ecologismos radicales, esta novela será muy criticada. ¿Es consciente de eso?

Soy cazador ecológico y conservacionista. Si no hubiésemos sido cazadores, no hay ni homo ni sapiens. Esta es una sociedad infantilizada y cada vez más tonta. Somos seres humanos, seres de la naturaleza y por eso nos distingue algo esencial: sabemos que vamos a morir. Y eso algunos lo están olvidando o quieren olvidarlo. El ser humano sabe que va a morir, por eso mi perro es inmortal, porque no sabe que va a morir. Verá llegar la muerte, pero no tiene conciencia de ella. Eso le ocurre también a los niños.  Cuando descubrimos la muerte, es cuando comienza el culto a la muerte y la creación de los dioses.

El paisaje es un personaje total en esta novela, es lo único que iguala a unos y a otros.

Soy hijo de labradores, crecí rodeado de naturaleza, vivo en una cabaña alejada ocho kilómetros de cualquier lugar habitado. Me gusta la noche, pero es sobrecogedora a veces. Pero es que los hombres somos eso: seres de naturaleza. Últimamente a los urbanitas les ha entrado un amor por la naturaleza, pero es una naturaleza falsa. La naturaleza no es Walt Disney. Para comer el jamón hay que matar al cochino, y les prometo que los corzos no son amiguitos de los lobos y que si un zorro puede, se come a cerdito. Por eso insisto, soy un cazador conservacionista y pienso que la verdadera conciencia era la de Félix Rodríguez de la Fuente, no estos trastornados animalistas. Acabarán por no comer. Si el ser humano es el cáncer de la tierra, suicidémonos. Ese pensamiento mínimo, reducido a nada, pertenece a  una generación incapaz  de hacer algo por la historia. Eso la hace  querer destruirlo todo, de cargarse las estatuas...

¿Pánfilo Narváez fue a la expedición de Florida lo que Fernando Simón fue a la pandemia?

Sin duda, el Pánfilo es un tipo que no ve llegar absolutamente nada y si lo ve, lo oculta, que es todavía más grave. Decirle a la gente que no pasa nada y que el peor miedo es tener miedo no tiene sentido. El miedo es sanísimo porque te hace prevenirte. Si sabes que van a venir lobos, sacas los mastines.

No creo que sea muy de su gusto y quizá no califique, pero… ¿con cuál personaje histórico de ese tiempo sería equiparable Pedro Sánchez?

Es que ni siquiera eso. No puedo elevarlo ni a categoría de malo. Es el oportunismo en un momento de mediocridad absoluta. Lo conozco muy bien, es una persona de inteligencia muy corta. Tiene tan corta inteligencia como ambición desmedida. Sólo le importa él, el poder personal y figurar. Siempre está en una pasarela, quiere que le hagan fotos, necesita el flash a cada rato.

Hace poco, se retiró voluntariamente de una de las tertulias con más audiencia, para señalar su desacuerdo…

¿Sabes por qué lo hice? Porque ya tengo el piso pagado. Eso me da la posibilidad de defender, como quizás otros no, las cosas en las que creo. Hay que ponerse en la piel de un joven periodista que tiene que sacar adelante a la familia. Siempre he creído y luchado por la libertad. Estuve en el Partido Comunista desde el 69 hasta bien entrados los ochenta, fui dirigente del partido comunista, estuve en el calabozo ocho veces.

"Me indigna que la izquierda blanquee a los que no han condenado el asesinato incluso a sus propios compañeros"

¿Sería injusto decir que la Primavera de Praga no llegó al PCE?

Claro que sí, éramos euro comunistas.  Los que han cambiad han sido todos estos. Mi referente fue Enrique Berlingüe. Estuve exliado en Italia. El PCE era eso: la reconciliación nacional, léete el discurso de Camacho de Amnistía, esta gente, esta gentuza, cuando estaba en Atocha el día 1 de mayo del 73, una banda de locos trastornados, acorralaron a un policía y lo acuchillaron y lo asesinaron. ¿Sabes lo que significó eso? La satanización. Que tuviésemos que salir huyendo como conejos. Aquel día fue terrorífico. Amigos míos acabaron detenidos, yo tuve que coger un ferrobús y salir a toda hostia, y además aguantar toda la propaganda del régimen contra la oposición de verdad, porque cuatro trastornados…. El padre de Pablo Iglesias no estuvo en el asesinato, pero sí formaba parte de esa organización.

Usted creció en el País Vasco, ¿le preocupa el ascenso de Bildu?

Me indigna que la izquierda blanquee a los que no han condenado el asesinato incluso a sus propios compañeros. Aquí le llamamos extrema derecha a Vox y vamos a abrazarnos con los que no han sido herederos de asesinos, sino parte de una organización asesina. Hay tres etarras condenados elegidos. La sociedad donde yo me he criado, la vasca, no está siendo justa con las víctimas eso es cobarde, atroz. Es ocultar la historia y blanquear a los asesinos. Fui el primero en llegar al atentado de la República Dominicana, me recuerdo a mí mismo sacando Guardias Civiles destrozados.

Y sobre la libertad de expresión quiero apuntar algo: el problema es que los periodistas son cada vez menos y los de agitación, prensa y propaganda, cada vez más. Y los propios periodistas son cada vez más sectarios. Ponen por encima la ideología. Hay un último resquicio de la libertad, que es la literatura y la quieren atacar al decirme cómo debo hablar. Esto no es la inquisición, es mucho peor. Es la teocracia progre tan terrible como la islámica. Si a mí no me hizo callar ni el franquismo ni eta, no lo va a hacer esta banda de memo que no saben ni lo que es el fascismo. Esta gentuza miserable que se los abraza ellos, éticamente es igual de miserable. Yo creo más que Podemos es extrema izquierda que aquellos otros a los que llaman extrema derecha.

Es la segunda vez que alude a Vox, ¿los está blanqueando?

En absoluto. El odio sólo siembra odio. Quiero ser muy claro: ahí está Vox, y bien. Pero no tenía que haber existido, porque es un producto de la extrema izquierda española. Ellos a Franco no lo han desenterrado, sólo lo han cambiado de sitio. Pero sí que han desenterrado otras cosas. El que inicia y el culpable de esto es el miserable de José Luis Rodríguez Zapatero. Yo pensaba que era sólo un idiota, pero es que no hay cosa peor que un imbécil malo. ¡Es un cómplice de la dictadura venezolana!

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