Cultura

¿Qué pinta la cultura en mitad de una revuelta?

Enorme incomodidad para participar en el conflicto territorial.

Enorme incomodidad para participar en el conflicto territorial.
Enorme incomodidad para participar en el conflicto territorial.

Barcelona en llamas. Emergencia nacional. Contenedores ardiendo y telediarios también. ¿Toda Cataluña esta agitada? No. El lujoso salón de un hotel en pleno centro de Barcelona acoge una entrega de premios donde reina una calma suiza. Cuesta creerlo, pero ningún invitado luce lazos amarillos, honrando la antigua tradición de no hablar del conflicto catalán durante los premios Planeta. Ni siquiera lo lleva Artur Mas, en muchos sentidos instigador de los choques que se viven en la calle. Estamos ante el ejemplo más claro de las dificultades del sector cultural para participar en este enfrentamiento político. ¿Por qué ocurre esto? ¿Es positivo o negativo? ¿Qué excepciones se escapan a la regla general?

Esta semana hemos visto posicoonarse a importantes entidades socioculturales de Cataluña en favor de las tesis independentistas, desde el Primavera Sound hasta el F.C. Barcelona, pasando por el Consejo de Cultura de la Ciudad. Otros actores más modestos se niegan a quedarse al margen. Por ejemplo, Jordi Oliveras (Indigestió, Nativa), veterano en gestión cultural de Barcelona y especialista en pequeños proyectos. “Estoy pensando en que mañana tenemos un discofórum y nos preguntábamos si suspenderlo, a pesar de que no hay convocadas manifestaciones relevantes. En vez de eso, creo que debemos mantener la actividad y compartir canciones y conversaciones sobre fuego, violencia, justicia, desobediencia o lo que sea”, explicaba el pasado 16 de octubre. El grupo andaluz Los Voluble, uno de los proyectos preferidos por el festival Sónar, que pasa por ser el más moderno de la ciudad,  tuvo la necesidad a lanzar una remezcla contra la impunidad policial”, aunque difícilmente se puede usar ese término antes de que haya una denuncia y un proceso.

La regla general es el silencio, que no debe interpretarse como pasividad política. “Estamos hasta los cojones de los del procés y de los antiprocés”, confiesa un conocido periodista y curador de exposiciones de Barcelona, que prefiere no dar su nombre. Luego se ablanda y suelta su teoría: “La verdadera tragedia es el tópico de Cataluña moderna contra España atrasada; eso ha monopolizado el debate cultural durante décadas. Se cierra la puerta a decenas de enfoques interesantes. La izquierda no ha sido incapaz de articular su propio posición cultural. Fueron tristes las pasadas elecciones municipales, cuando Manuel Valls dijo que quería recuperar la Barcelona de Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. Se trata de una imagen estupenda a la que Ada Colau no supo responder, por ejemplo diciendo que ella también defendía la de Roberto Bolaño, Francisco Casavella y Rodrigo Fresán. Seguimos anclados en la década de los setenta”, denuncia. Debates tan interesantes como este se quedan enterrados porque hay mucho que perder y poco que ganar en tiempos convulsos.

¿Más tumultos o más Derecho?

El artículo que la izquierda del PSOE debate con más pasión estos días se titula ‘Elogio del tumulto’. Lo firma Amador Fernández-Savater, filósofo de la escuela libertaria y editor de Acuarela libros. La tesis es que Maquiavelo tenía razón cuando describía la división social como un síntoma de salud democrática. “Sólo el tumulto, el conflicto que viene de abajo, da lugar a la generación de nuevas leyes y a la libertad política; es el mayor factor de cambio histórico”, resume Savater. Hacia la mitad del texto, reprocha a Pablo Iglesias e Iñigo Errejón no haber comprendido a su propio pensador de cabecera. “Los líderes de Podemos nos han abrasado los oídos desde su aparición con sus lecturas tan sabias sobre Maquiavelo. Pero, ¿qué encontraban en Maquiavelo? Lo más banal: que lo político es una técnica, que el poder lo es todo, la separación entre moral y política, el juego de tronos (ganar o morir). Ni rastro de la idea más fecunda del florentino: dar espacio a lo que disiente, la fecundidad del conflicto”, lamenta.

“No se debe olvidar que junto a la manifestación de la soberanía, que se expresa a veces en el tumulto, el otro pilar de la democracia es el Estado de derecho", advierte el filósofo Fernando Broncano.

Le contesta Fernando Broncano, filósofo y ensayista especializado en cultura. “Efectivamente, el conflicto es constitutivo de la República. De hecho Marx añadió, con un poco más de cinismo, que ‘la violencia es la partera de la historia’, pero también hay que recordar que la democracia consiste básicamente en reconducir el conflicto a la palabra. Por supuesto hay muchas formas autoritarias de prohibir la palabra, pero en buena parte el conflicto catalán se ha producido por la incapacidad de reconducir el conflicto a la palabra”, matiza. Luego viene una objección mayor: “No se debe olvidar que junto a la manifestación de la soberanía, que se expresa a veces en el tumulto, el otro pilar de la democracia es el Estado de derecho. Es la paradoja de la democracia, el que siempre haya tensión entre estos dos pilares. Pero también lo que hace de ella una forma superior de república”, concluye Boncano. El debate está servido.

Rechazo total a Torra

Como estos conflictos los solemos despachar los mayores, pregunto a la escritora y activista Elizabeth Duval, de solo diecinueve años. Actualmente estudia en la Sorbona, pero conoce perfectamente el conflicto. El mes pasado impartió una conferencia en la universidad de Oviedo titulada ‘Articular lo espontáneo: apropiaciones discursivas del 15-M y los chalecos amarillos’. Lo primero que aporta es no caer en maniqueísmos. No todos los chavales interesados son ‘indepes’ o unionistas. “Entre la gente de mi entorno, que comprende jóvenes de clases populares hasta clases medias situados relativamente cerca del centro de Madrid, hay una combinación de apuesta bastante clara por el federalismo con defensa a ultranza del ‘derecho a decidir’ (particularmente después de lo que sucedió el uno de octubre). Se apoya, yo creo, a esa parte del movimiento y a la defensa de los derechos civiles, mientras que a su vez hay un rechazo total hacia figuras como Puigdemont, Torra y en general los líderes independentistas, que se ve como personajes ridículos que han engañado a su pueblo”, explica a Vozpópuli.

También opina que se exagera la diferencia entre momentos de conflicto y momentos de paz. “La imagen de la entrega y ceremonia del Premio Planeta al mismo tiempo que había revueltas en Cataluña es muy ilustrativa. No creo que exista un cese de las hostilidades y vuelta a la normalidad, porque no existe una "normalidad" en Cataluña desde hace tiempo. Puede haber momentos de mayor violencia (como ahora), pero lo "normal" como tal lleva un tiempo sin existir”, concluye.

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