Cultura

Así es la caravana de migrantes: hablan los periodistas que la cubren

Reunidos en Guatemala en el XXIV Foro Eurolatinoamericano de Comunicación organizado por la Asociación de Periodistas Europeos, un grupo de periodistas habla de lo que supone cubrir las largas marchas de los inmigrantes 

Grupos de personas de la segunda caravana migrante reciben comida en México.
Grupos de personas de la segunda caravana migrante reciben comida en México. EFE

El trece de octubre de este año mil personas partieron desde San Pedro de Sula, Honduras. Salieron con un único propósito: pedir asilo y quedarse en Estados Unidos. México les advirtió que no los dejaría entrar sin documentos y Donald Trump desplegó casi cinco mil soldados en la frontera. Nada los disuadió. Un mes y 4.300 kilómetros después, un grupo conformado por aquellos que consiguieron evitar las deportaciones llegó a la frontera. Desde entonces esperan ser acogidos. Algunos lo hacen a la intemperie; otros distribuidos en albergues.

Los que ahora aguardan en las playas de Tijuana no son los únicos, detrás de ese primer grupo partieron otras dos caravanas de aproximadamente 2.000 personas cada una, que en este momento permanecen en México. Llegaron hasta ahí desde El Salvador. Una cuarta caravana, también de salvadoreños, espera en los estados de Oaxaca y Veracruz: unas 1.800 personas entre hombres, mujeres y niños. No es la primera vez que ocurre una migración masiva de este tipo, pero sí la primera que consigue reunir un número tan grande de personas: más de ocho mil.

"El trece de octubre mil personas partieron desde San Pedro de Sula, Honduras. Salieron con un único propósito: pedir asilo y quedarse en Estados Unidos"

Las constantes deportaciones han diseminado a muchos de esos migrantes por toda América Central, por cuyos países vagan dispuestos a no volver al suyo. Han pasado por todo: frío, rachas de ventisca, hambre, las inclemencias de la marcha a pie, la persecución policial y las reacciones xenófobas. A algunos los han fumigado mientras dormían, para matar sus piojos con insecticida. El hambre es el motivo de más peso para caminar sin volver la vista atrás. Sin embargo, otro más fuerte empuja a algunos de los que acometen esta travesía: el miedo. Muchos de quienes viajan hacia EE.UU. son delincuentes que han desertado de las bandas juveniles hondureñas y que pretenden refugiarse en los EE.UU. Ellos también quieren otra vida.

Así lo cuenta Oscar Martínez, periodista salvadoreño del diario digital El Faro, un medio independiente y de referencia en toda Centroamérica.  El reportero habla de su experiencia cubriendo las largas marchas de los inmigrantes y da cuenta de ello en la mesa Migraciones: ¿cómo contarlas desde el periodismo?, una de las sesiones de trabajo celebradas en el XXIVForo Eurolatinomaericano de Comunicación organizado por la Asociación de Periodistas Europeos con apoyo de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano Gabriel García Márquez. Allí, los periodistas dieron detalle de la complejidad de un fenómeno del que se ha dado cuenta en los medios de forma maniquea.

“¿Qué hacemos? ¿No contamos que hay miembros de las Maras? ¿Nos limitamos a victimizar la caravana? El perfil del pandillero al  que van a matar es quizá el que más asilo necesita, porque lo van a matar"

“En la caravana van los miembros de la Mara Salvatrucha, gente que ha cometido crímenes de sangre y que justo por ese motivo no podría pedir asilo en los Estados Unidos”, asegura Martínez refiriéndose a los miembros de la red de pandillas criminales que se originaron en Los Ángeles y se han expandido a otras regiones de Estados Unidos, Canadá, México y  el norte de Centroamérica. "¿Qué hacemos? ¿No contamos eso? ¿Nos limitamos a victimizar  la caravana? El perfil del pandillero al  que van a matar es, quizá, el que más necesita el asilo... ¡porque lo van a matar! Decir: 'vienen pandilleros' y explicar las razones por qué viajan en esas marchas anula los mensajes simplistas. Hay que entender cómo operan las pandillas y hay que entender por qué esos muchachos huyen", explica Martínez.

Jennifer Ávila, periodista hondureña del diario Contracorriente, también ha vivido de cerca la dinámica de este éxodo: "Muchos de los miembros de las maras son quienes dirigen, conducen a los niños y mujeres. Hacen uso de su liderazgo en la organización de su paso, a medida que avanzan", cuenta. "Cruzar la frontera es sólo el principio", la periodista usa la misma frase con la que ha titulado uno de los reportajes que ha dedicado al tema. Desde hace un mes, el flujo de hombres, mujeres, niños y adolescentes que cruzan la región ha dejado a su paso una colección de imágenes que buscan lecturas complejas. Esas son las que buscan los periodistas que los siguen: intentan huir tanto del activismo como de la victimización.

"Cubrir el tema de migrantes es como trabajar en una morgue. Es cabrón aguantar y resistir. Te rompe, te parte por dentro, pero tienes que resistir"

"Cubrir el tema de migrantes es como trabajar en una morgue. Es cabrón. Aguantar y resistir es muy cabrón. Intentamos dar una mirada permanente, a través de un narrador que dure mirándola y contándola, pero es difícil conseguir eso sin derrumbarse" dice Julio Serrano, de la agencia guatemalteca de noticias Ocote. "Esto es agotador, te rompe, te parte por dentro, pero tienes que seguir, porque es la única posibilidad de dar un aporte es insistir y observar el mayor tiempo posible. El activismo secreto del periodismo es aguantársela. Se trata de encontrar formas de darle sentido a algo que no lo tiene.  El trabajo permanente y perdurable es el reto".

Durante los meses de abril de este año se desarrolló un primer intento.  Una caravana de migrantes centroamericanos partió del sur de México para llegar a  Estados Unidos. Entre 300 y 400 personas llegaron a Tijuana, en la frontera con San Diego. No tuvieron éxito. Los devolvieron. Ese primer antecedente encontró en esta marcha una expresión mayúscula. Hay escepticismo y duda ante la pregunta sobre el interés de convertir este éxodo en una bomba de humo que para tapar los desmanes de gobernantes como el nicaragüense Daniel Ortega, señalado por la represión y protestas en Nicaragua, o del mismo Nicolás Maduro, de quien se ha dicho que las impulsó este éxodo para la huida de los venezolanos asediados por el hambre, un movimiento que tampoco se ha detenido y que está convirtiéndose en un problema para países como Colombia, que ya ha recibido más de un millón doscientos mil.

A la manera de una ola desacompasada, que va rompiendo por fronteras y pueblos, la marea de migrantes esparce la pregunta sobre cómo abordarla informativamente

Alfredo Aycart, delegado de la Agencia EFE en Centroamérica, reconoce que las hipótesis de un interés político en estos movimientos circulan dentro de la opinión pública en Centroamérica. Sin embargo, el reportero español apunta más al hecho de que las condiciones de miseria hacen cada vez más difícil moverse de forma individual, por lo que ir en grupo, además de seguro, resulta más económico. El periodista Noé Leiva, director de la escuela de periodismo de la Universidad Autónoma de Honduras, hace el mismo análisis: "La gente que va en esas caravanas no tienen ni siquiera para pagar un coyote que los lleva a la frontera, para ellos incluso es más seguro".

A la manera de una ola desacompasada, que va rompiendo por fronteras y pueblos, la marea de migrantes esparce la pregunta sobre cómo abordar informativamente fenómenos de este tipo. Los periodistas intentan acometer la cobertura sin haber resuelto de manera certera una pregunta fundamental: ¿cómo debe informarse esta migración?, ¿en una clave local o internacional?, ¿cómo contar lo que realmente ocurre sin impulsar la masificación de la xenofobia?, ¿cómo no simplificar? Esas preguntas  se reproducen en todos y cada uno de quienes han caminado junto a los que nada tienen. Intentan hacerlo sin victimizar, aunque conscientes de que todo cuanto digan puede empeorar su suerte.  

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