Cámaras, armas, vigilancia y justicia. La relación entre las imágenes y la verdad se ha convertido en una obsesión para ciertas empresas tecnológicas, que buscan de manera incesante una mejora de sus aparatos con el objetivo de hallar la imagen más real, lo menos sesgada posible y lo más parecida al ojo humano. Theo Anthony reflexiona acerca de la relación filosófica y las historias compartidas de estos elementos en su documental All light, Everywhere, galardonado recientemente en DocumentaMadrid con el premio internacional, y cuestiona la complejidad del punto de vista objetivo.

Este documental, que aún se puede ver en Filmin, al igual que toda la sección internacional del festival, retrata el nexo que existe entre las cámaras de vigilancia y las armas desde el siglo XIX, en el que el nacimiento de la fotografía fue unido a proyectos coloniales y el desarrollo de armas automáticas, hasta la actualidad, cuando las mismas empresas que desarrollan artilugios de vigilancia también idean armas. Así, en su búsqueda, el director muestra cómo la limitación de la percepción se convierte en sí misma en un arma. Ambas se disparan ("shoot", en inglés, significa disparar y también se usa tanto como sinónimo del verbo filmar) y ambas buscan limitar movimientos.

Como si se tratara del capítulo más imposible de Black mirror, Theo Anthony arranca esta cinta en un entorno real cargado sospechosamente de buenas intenciones: la visita a Axon Internacional, la empresa encargada de fabricar las cámaras que los policías llevan colgadas en su pecho, y que también elabora las famosas Taser, su producto estrella, unas pistolas eléctricas con las que la policía inmoviliza a los sospechosos violentos o peligrosos, y también "las menos letales del mercado", tal y como presume la empresa.

¿Qué hay detrás de lo aparente, de las industrias que fabrican estos productos? El encargado de abrir las puertas de Axon International es Steve Tuttle, el responsable de relaciones institucionales, que muestra con total convencimiento los procesos de elaboración de sus productos estrella en un ambiente que rezuma "honestidad y transparencia", según él mismo señala.

No obstante, él mismo entra en contradicciones al mostrar la "black box", el cubículo con cristales tintados donde se investiga sobre nuevos artefactos de seguridad y vigilancia, o cuando habla sin pudor acerca del efecto disuasorio que comparte una cámara y un arma. En palabras de este representante de Axon, las cámaras pueden cambiar el comportamiento de manera muy positiva y "sacar el lado más profesional".

Esta película es un ensayo revelador acerca de cómo el ser humano mira y si existe la veracidad de las imágenes que vigilan y los sistemas que las producen", según destaca el jurado de DocumentaMadrid

El jurado del Premio del Jurado a la Mejor película internacional de DocumentaMadrid ha destacado que esta película es "un ensayo revelador" acerca de cómo el ser humano mira y "si existe la veracidad de las imágenes que vigilan y los sistemas que las producen". "Invita a reflexionar sobre cómo funciona la mirada del espectador, los materiales con los que se construye y cómo absorbemos esa información. Indaga en ‘qué nos dice una imagen’ y argumenta cuidadosamente contra la neutralidad de las imágenes captadas por las máquinas contemporáneas de visión", señala el jurado.

Desde 2018, más de la mitad de la policía lleva una cámara corporal a la altura del tórax: lentes que imitan el ojo humano y que además pueden ver en la oscuridad. Según argumenta Tuttle, el objetivo es que esta cámara registre lo que el agente ve, desde su misma perspectiva, para poder llevar a juicio las imágenes captadas por un testigo objetivo.

Sin embargo, no se ve al policía, que se encuentra fuera del marco, a pesar de que siempre hay un cuerpo tras la cámara. Sobre este punto, Anthony lanza una reflexión al comienzo del documental. "Todas las imágenes tienen un marco y todos los marcos excluyen el mundo fuera de sus límites. Cuando entendemos algo decimos: ya veo", sostiene la voz en off.

Vigilancia y nuevos relatos

En su análisis sobre el papel de la tecnología en la vigilancia y la justicia, el director de All Light, Everywhere sitúa al espectador frente a máquinas que ven, miden y computan pero que, al contrario de lo que sostienen desde algunas de las empresas tecnológicas más importantes, no reproducen el mundo, sino que producen nuevos mundos, un nuevo relato, en línea con lo que Walter Banjamin sostiene en su ensayo La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (Das Kunstwerk im Zeitalter seiner technischen Reproduzierbarkeit, en alemán), de 1936, en el que el crítico y filósofo habla de la pérdida del aura de la obra de arte.

Este documental es en sí mismo un artefacto con el que Anthony invita al espectador a entrar en la era de la información y contemplar la complejidad: uno necesita varios visionados para reposar el volumen de información, nada más alejado de lo que ocurre fuera del marco de su propio documental. Y en todo este aparente desorden y empacho informativo, con referencias históricas y explicaciones físicas, lo que consigue transmitir es la deshumanización de los procesos tecnológicos y las paradojas que revelan las empresas que velan por la seguridad. Con una peripecia que ya mostró en anteriores trabajos, el director convierte un asunto técnico en una reflexión urgente.