¡Suena la campana!

Los uno contra uno han dejado de celebrarse en el cuadrilátero. Ahora Twitter es el escenario de pugnas anémicas, siempre tras las cobarde máscara del pseudónimo. Un vivo signo de los tiempos que corren. Andrés Calamaro decía en una reciente entrevista en ABC que un país sin interés por el boxeo era un país de cobardes. Un mensaje que se torna anacrónico en un mundo donde subir fotos a Instagram con un entrecot se ha vuelto "revolucionario".

Mal que les pese a algunos, el boxeo es el deporte que conjuga mejor con el lenguaje del séptimo arte. De las 100 mejores películas de la historia del cine según el American Film Instituto (AFI), solo dos tienen relación con el deporte, y ambas tienen que ver con el boxeo: Rocky y Toro Salvaje.

Y es que la épica del boxeo y los valores de valentía y heroísmo que representa son ingredientes que combinan de maravilla en el puchero cinematográfico. Las películas de boxeo nos hablan de un mundo que se fue. De héroes griegos que ofrendan, pedazo a pedazo, sus entrañas en el ring. Todo, en busca de una gloria que algún cantarán los bardos o, en su defecto, los cronistas deportivos. Rocky, Jake LaMotta, Rocky Graziano, Ali... demasiado duros para un mundo de caniches.

El boxeo como tragedia griega

Primera Ronda

"En el fondo, las historias de boxeo son como los dramas griegos, como los dramas de Ulises. Es La Odisea. En vez de llegar a Ítaca, los boxeadores intentan llegar a la cumbre y ser campeones. Terminan siendo víctimas de su propia ambición", explica el periodista y escritor Pedro García Cuartango.

El escritor Fernando Sánchez Dragó comparte esa forma de ver el boxeo: "El boxeador es un personaje anacrónico. Es increíble que en pleno siglo XXI haya sobrevivido, al igual que las corridas de toros, un ritual que se mantiene desde la época de Platón, primer cronista taurino. Esta nostalgia del heroísmo a la que apela el boxeo activa mecanismo ancestrales".

La marginación del boxeo es la sepultura de los héroes. Ya no se necesitan héroes, basta con un like en Instagram o Tik Tok. "Vivimos en un país de caniches, de mediocres que no saben admirar, ni practicar el heroísmo, la fuerza, los sentimientos.... Estamos en una sociedad de niñatos acostumbrados a la blandenguería del mundo actual. No pueden admitir un deporte como el boxeo, tendrían que amar y escribir de otra manera", continúa.

El 'cowboy de medianoche' Eduardo Torres-Dulce apunta que "hemos vuelto al siglo XVIII, cuando era clandestino. Un cierto buenismo de la salud tienen apartado al boxeo a nivel mediático. Es curioso que eso vaya acompañado del renacer de los gimnasios de boxeo. Nuestro amigo David Gistau perdió la vida allí".

Para el boxeador profesional y excampeón de España de peso medio, Jero García, "somos un país lleno de complejos. Cuando estás lleno de complejos eres una persona o una sociedad débil. Siempre vas a echar la culpa a los demás de lo que pasa para ser inocente. En Inglaterra, lo que rodea al boxeo es señorío y nobleza. Este estigma del boxeo solo lo hay en España. Pero está cambiando. Ahora es más ordinario conocer a gente que practica este deporte".

García cree que detrás de este estigma hay dos poderosas razones: su asociación con el dictador Francisco Franco, cuando era el segundo deporte más seguido después del fútbol, y por el manejo del boxeo en los últimos años. "Han sido más delincuentes que los de las películas", sentencia.

Hubo un tiempo, como recuerda Dragó, en el que incluso se "cruzaban guantes". El propio escritor cruzó guantes con el famoso director de cine Gonzalo Suárez, y reconoce que era mejor que él.

"En esta vida más vale que nos preparemos para encajar, que para esquivar, el golpe va a llegar tarde o temprano. Eso te lo enseña el boxeo. Todo lo que hecho ha sido gracias a una derrota. Por eso no tenemos que huir al puñetazo, no somos el golpe que recibimos, somos lo que hacemos después del golpe", dice García.

Ascenso y caída de un boxeador

Quinta Ronda

Antes de dedicarse al boxeo, Jero García delinquió, fue muy agresivo y coqueteaba con las drogas. Se abrazó al deporte de los guantes "como un náufrago a una tabla en el medio del mar". Cuartango define así la vida de un boxeador: "La historia de los boxeadores es de ascenso y caída, como la propia naturaleza humana".

"Primero hay que plantearse por qué te dedicas al boxeo. Nos dedicamos al boxeo por la gloria. Porque necesitas aplausos, porque tienes necesidades. Pelear en un ring es una forma de reafirmarte ante ti y ante la sociedad", defiende García.

Tras el ascenso, como decía Cuartango, viene la caída. Así lo vivió y lo sabe Jero García: "¿Qué ocurre cuando esa meta desaparece? Que tu autoestima se va abajo. Cuando estás hundido e intentas recuperar ese equilibrio emocional, la manera más fácil es Jugar, beber, drogarte... generar dopamina. Por eso, cuando se apaguen los focos, y no tengas nadie en tu esquina, debes intentar seguir teniendo objetivos".

La fórmula del ascenso y la caída del boxeador se puede ver en películas como la saga de Rocky o Fat City, de John Houston. Es más, al boxeador retirado le rodea un aura que lo hace misterioso, una suerte de atmósfera de ángel caído como la que acompaña a Marlon Brando en La ley del silencio.

El cine os sienta tan bien

Decima Ronda

Tragedia griega, ascenso y caída... la épica del boxeo es perfecta para la narrativa cinematográfica. Muchos en España no han visto un combate, pero han vibrado con Robert de Niro en Toro Salvaje, con Hillary Swank en Million Dollar Baby o con Paul Newman en Marcado por el odio. Dragó explica que "el boxeo es individualista al máximo. Hay dos personas que se enfrentan a solas. Comparo el boxeo con los toros. En el ruedo, que es una especie de cuadrilátero, sucede lo mismo, un hombre solo se enfrenta al adversario. Los subalternos no pueden intervenir. Todo eso convierte el boxeo en un material altamente cinematográfico. Por no hablar de la atmósfera que rodea a este deporte: chicas que persiguen a los boxeadores, la admiración de la fuerza física, la posible corrupción en esos ambientes, etc.".

En el mismo sentido que Dragó, Torres-Dulce cree que la clave están en que el boxeo es un deporte muy individual, en la atmósfera que lo rodea y en la profusa producción literaria sobre el tema: "La lucha individual se refleja muy bien en la pantalla. Es algo profundamente primitivo. Es el combate de uno contra otro por la supervivencia. Hay una cosa muy telúrica, que llama mucho la atención. Pierdes o ganas, y puedes perder la vida".

Alrededor del boxeo "se ha tejido un submundo, hay mucha controversia, dinero y corrupción. Se ha generado un hábitat lleno de aspectos novelescos. En Norteamérica, ya que hablamos de cine clásico norteamericano, es un mundo de gimnasios, bares, gángsters, amaños… Eso le ha dado un color local que le permite que las películas se generen varios géneros colindantes".

Dragó y Torres-Dulce también ven como uno de los motores cinematográficos del boxeo la extraordinaria carga literaria. En otros deportes no ha habido esa producción literaria. Hemingway, Jack London y muchos otros escribieron sobre este deporte. Incluso Conan Doyle tiene cuentos de boxeo.

También podríamos mencionar la mera estética. En pantalla grande, un gángster siempre estará mejor acompañado por un exboxeador, que por un culturista de gimnasio. Un puñetazo siempre sonará mejor en Dolby Surround, que una patada al balón. Y no hay mejor forma de representar el fracaso que un KO en el último asalto.

KO. Fin del combate

"Me llevo las manos a la cabeza cuando veo que no hay cines. La gente ya no va a las salas. Ya solo se ven películas en el sofá, con una birra y la parienta al lado. Es la era del cine de salón". Fernando Sánchez-Dragó.