"Fuerte, hermosa y negra". La cantante Billie Holiday poseía atributos suficientes para no doblegarse ante nadie y mucho menos ante la policía. Sin buscarlo, se convirtió con su canción Strange fruit en uno de los mayores enemigos del Gobierno de Estados Unidos, que la persiguió hasta su muerte. ¿El motivo? Las autoridades consideraban que la letra de su canción más famosa escandalizaba, revolucionaba, movilizaba a las masas e incitaba a los disturbios simplemente por denunciar lo que era un hecho: la violencia contra la población afroamericana no cesaba, especialmente los linchamientos a los que se sometía a la población negra en el sur del país.

Este es el argumento que plantea 'Los Estados Unidos contra Billie Holiday', que dirige Lee Daniels, película que llega este miércoles 31 de marzo a los cines españoles y que aspira al Oscar a la mejor actriz por el trabajo de la cantante Andra Day, que debuta en el cine con el papel de la célebre cantante norteamericana, por el que ya fue premiada en la pasada edición de los Globos de Oro.

Según muestra esta cinta y recogen varios testimonios de la época, cuando Billie Holiday comenzaba a cantar los versos de Strange fruit el público se quedaba en un silencio helado. "Southern trees bear a strange fruit/ blood on the leaves and blood at the root/ black bodies swingin' in the Southern breeze/ strange fruit hangin' from the poplar trees" ("Los árboles del sur dan una fruta extraña/ sangre en las hojas y sangre en la raíz/ cuerpos negros balanceándose en la brisa del sur/ extraña fruta colgando de los álamos"). Con estos versos, la célebre cantante de jazz transmitía una imagen que nadie quería tener en su cabeza: la de los cadáveres de ciudadanos negros ajusticiados, colgados de los árboles.

Esta canción se convirtió en un símbolo de denuncia ante el acoso racial y, por ello, también en un artefacto capaz de despertar la conciencia de un público que buscaba la diversión, lo que el Gobierno estadounidense vio como una amenaza"

Sin pretenderlo, esta canción se convirtió en un símbolo de denuncia ante el acoso racial y, por ello, también en un artefacto capaz de despertar la conciencia de un público que buscaba la diversión, lo que el Gobierno estadounidense vio como una amenaza. Así, el policía federal Harry Anslinger (en la película, interpretado por Garrett Hedlund), de la Oficina Federal de Narcóticos, tras intentar sin éxito que la artista sacara de su repertorio la polémica canción, consiguió encarcelarla acusada de consumo de heroína, algo que entonces estaba prohibido. Holiday pasó ocho meses en prisión y fue perseguida por la policía hasta su muerte, con su consumo de drogas como excusa, pero siempre en el punto de mira por cargar contra la moral del país con su Strange fruit.

Ella falleció a causa de una cirrosis y bajo arresto policial. Él fue condecorado por el presidente Kennedy en reconocimiento a los servicios prestados al país. Sin embargo, tal y como condensa esta película en uno de los diálogos entre ambos, ninguno de los esfuerzos del Gobierno consiguió borrar la huella de esta canción. "Sus nietos cantarán Strange fruit", le dice Holiday al inspector en esta película, que usa una entrevista concedida a un periodista como hilo conductor del relato.

El triángulo de esta historia lo cierra Jimmy Fletcher (a quien da vida Trevante Rhodes), un inspector negro encargado de perseguir a Holiday, en busca de un ascenso o reconocimiento en el cuerpo de la policía de narcóticos. Esta película lo sitúa no solo como el responsable de conseguir las pruebas definitivas para incriminar a la artista, sino también como amante y, probablemente, el único hombre al que amó la cantante y también la única de sus relaciones que no terminó en malos tratos.

Es innegable la importancia que cobra hoy en día reivindicar la persecución a la que se sometió a Billie Holiday durante casi dos décadas, en un contexto en el que las protestas sociales contra la discriminación racial, aglutinadas en el movimiento Black lives matter, no han encontrado aún respuesta en las instituciones estadounidenses.

Ahora, casi un año después de la muerte de George Floyd a causa de la asfixia que sufrió durante su detención policial, la ley antilinchamiento que fue debatida en el Senado en 1939 ha regresado a la cámara estadounidense para volver a ser tenida en cuenta, pero aún no se ha aprobado, tal y como recuerda esta película. A 'Los Estados Unidos contra Billie Holiday' se suma también el estreno esta semana de 'Judas y el mesías negro', una de las candidatas a ganar el Oscar a mejor película, que aborda la figura de Fred Hampton, líder de las Panteras Negras.

Billie Holiday: primera canción protesta

En 1999, la revista 'Time eligió como la canción del siglo XX Strange fruit, canción que para muchos fue pionera en el repertorio destinado a denunciar injusticias. En el libro 33 revoluciones por minuto. Historia de la canción protesta (2011), que en España editó Malpaso en 2015, el crítico musical británico Dorian Lynskey precisamente arranca este recorrido entre 1939 hasta 2008 con la que considera la primera canción protesta de la historia de la música popular: Strange fruit.

Tal y como destaca, con esta canción, escrita por un comunista judío, Abel Meeropol, "la canción pop abrazó enteramente la política", porque aunque no fue la primera canción protesta, sí "fue la primera que trasladó un mensaje político explícito al mundo del espectáculo" y que, además, según sostiene Lynskey, demostró que las canciones protesta "podían ser arte", en un momento en el que el linchamiento era el mayor símbolo del racismo en el país.

Billie Holiday, a quien se conocía por el apodo Lady Day, era, según muestra esta película, una mujer frágil, pero también dura y resistente, indomable, rebelde y tozuda. Según recoge el crítico musical Dorian Lynskey, era "egocéntrica, caprichosa e irascible", pero también "una compañía cálida y generosa". La cantante experimentó en sus propias carnes el racismo sistemático, a pesar de vivir en Nueva York, fue violada cuando apenas era una niña de diez años y tuvo que enfrentarse a las críticas de otros afroamericanos que, tal y como refleja esta película, le achacaban no parecerse a otras contemporáneas como la cantante de jazz Ella Fitzgerald o la estrella de ópera Marian Anderson.