Cuando todo el mundo aún aplaudía a la película que aparentemente iba a ser la triunfadora de la pasada edición del Festival de San Sebastián, 'Druk', del danés Thomas Vinterberg, llegó el turno de la coproducción georgiano-francesa 'Beginning' y tanto el jurado, como la prensa y los asistentes del certamen se quedaron boquiabiertos. Esta cinta, dirigida por Dea Kulumbegashvili y que había sido seleccionada para participar en la Sección Oficial de Cannes, arrasó en las categorías más importantes del certamen (mejor película, mejor dirección y mejor guion, así como el galardón a la mejor actriz) y se convirtió así en el título más galardonado en la historia del festival. Ahora, tres meses después, los cines españoles son los primeros en acoger el estreno en salas de esta cinta, que llega con opiniones diversas entre quienes la vieron entonces: ¿es esta película la obra maestra del año o un "bodrio" difícil de digerir?

La propuesta de Kulumbegashvili es un drama de casi dos horas de duración que arranca con la plácida homilía de una comunidad de Testigos de Jehová de un pueblo de provincias. Unos desconocidos arrojan varios cócteles molotov que alteran la celebración y las llamas devoran el templo. Yana, la esposa del líder de la comunidad, también se está desmoronando lentamente y sus enseñanzas de las santas escrituras a los niños y jóvenes, en una dicotomía entre el bien y el mal, el cielo y el infierno, se cruzan en la crisis que vive sobre la culpa, el destino y el deseo.

Algunas de las voces más conservadoras y tradicionales en sus gustos cinematográficos de la crítica nacional tacharon a la película de "bodrio" y de "plomiza", algo que la propia distribuidora, Surtsey Films, ha aprovechado en su campaña de marketing de forma brillante

Algunas de las voces más conservadoras y tradicionales en sus gustos cinematográficos de la crítica nacional tacharon a la película de "bodrio" y de "plomiza", algo que la propia distribuidora, Surtsey Films, ha aprovechado en su campaña de marketing de manera brillante y muy inteligente, al incluir algunas de estas descripciones lapidarias acompañando a las imágenes promocionales del filme, para aprovecharlo como gancho para quienes habitualmente se sienten alejados de las voces menos arriesgadas de la crítica. En el otro lado, el de los admiradores, se encuentra la mayor parte de la prensa española e internacional, que se deshizo en elogios ante la ópera prima de esta directora y habló de "justicia" tras el anuncio del palmarés. Para esta gran mayoría, 'Beggining' es una obra maestra y se ha convertido en la "película del año".

Si bien la crítica no ha sido unánime en el dinamismo de esta historia, ya sea por lo dilatados que pueden resultar sus planos, por la duración de los espacios reflexivos o por el ritmo de la historia, sí hay cierto acuerdo en algo que parece indiscutible: el empeño estético de la directora inunda toda la película, sin excesos, sin sentirse frío ni calculado, sino con un buen gusto y equilibrio que poseen algunos afortunados, en una geometría exquisita, ágil y sencilla. Sus planos, la fotografía y la composición invitan al espectador a seguir buscando las respuestas, donde las palabras y la acción se detienen. Quizás para algunos estos momentos se alarguen demasiado tiempo, pero no parece que a la directora le importe demasiado y, una vez superada esta prueba, llega el momento de sumergirse en la cabeza de Yana.

'Beginning'

'Beginning'

Y, ¿quién es ella? La protagonista encarna a una mujer desdichada desde su nacimiento, que ha sufrido el desprecio desde que nació de una figura paterna ausente y que mantiene un sentimiento de culpa inamovible, incluso a pesar de la mayor de las aberraciones que puede sufrir una mujer. Aquello que debería protegerla, hacerle sentirse querida y necesitada se convierte en una especie de prisión que tarda en comprender. Precisamente, una de las escenas que también causó cierta controversia fue una violación que algunos críticos tildaron de innecesaria. Sin embargo, la directora toma la distancia suficiente, visual y sonora, para mostrar sin artificios el horror pero alejar el detalle del ojo cinematográfico. La belleza, una vez más, está omnipresente, por dura que pueda resultar la realidad.

Poco se sabía de Dea Kulumbegashvili (Georgia, 1986) en septiembre. Su nombre había sido seleccionado por el Festival de Cannes para participar en la sección oficial de su edición de 2020, cancelada a causa de la pandemia. Sus películas pasaron entonces a enriquecer las secciones de otros festivales como la Mostra de Venecia o el Festival de San Sebastián y el certamen donostiarra se hizo entonces con este drama de gran belleza estética. A pesar de tratarse de su ópera prima, la corta trayectoria de Kulumbegashvili ya mostraba entonces un futuro prometedor: tras estudiar dirección de cine en la Universidad de Columbia, en Nueva York, dirigió los cortometrajes 'Ukhilavi sivrtseebi' (Invisible Spaces, 2014) y 'Léthé' (2016), con los que compitió, respectivamente, en la sección oficial de cortometrajes de Cannes y en la Quinzaine des Réalisateurs del prestigioso certamen francés. Ahora, después de este deslumbrante debut en el largometraje, a nadie se le olvidará este nombre tan difícil de pronunciar como de recordar