La filósofa española Adela Cortina, catedrática de Ética de la Universidad de Valencia y Premio Nacional de Ensayo 2014, acuñó hace más de dos décadas el término "aporofobia" para referirse al miedo y al rechazo a las personas pobres o desfavorecidas y llevar así esta situación al debate público y conocer una realidad social que pasaba desapercibida. La Real Academia Española (RAE) lo introdujo en su diccionario en diciembre de 2017 y pocas semanas después la Fundeu la declaró palabra del año frente a otros términos como "bitcoin", "uberización" o "fake news".

La película francesa Bajo las estrellas de París llega este viernes a los cines españoles con el fin también de visibilizar la situación de los sin techo a través de una historia de esperanza y de denuncia dirigida por Claus Drexel y protagonizada por la estrella gala Catherine Frot, rostro, entre otras películas, de Dos mujeres (2017) o Quien me quiera que me siga (2019). Precisamente, de ella partió la idea de llevar esta historia al cine, después de ver el documental que Drexel había rodado sobre las personas sin hogar (Al borde del mundo, 2012), según ha señalado el realizador en una entrevista a Vozpópuli.

La urgencia de esta película se entiende en un momento en el que, al menos en España, las personas sin hogar suponen alrededor de 35.000 ciudadanos, según el último informe de la 'Estrategia Nacional Integral para Personas sin Hogar 2015-2020' elaborado por el Ministerio de Sanidad.

Cada vez hay más gente que a pesar de tener un trabajo no llega a fin de mes, y también universitarios, porque han perdido sus trabajos temporales y eso les obliga a hacer cola para pedir comida, literalmente"

La situación se agrava y las conocidas como "colas del hambre" crecen a causa de la crisis económica derivada de la covid, un problema que también se recrudece en Francia, donde "cada vez hay más gente que a pesar de tener un trabajo no llega a fin de mes, y también universitarios, porque han perdido sus trabajos temporales y eso les obliga a hacer cola para pedir comida, literalmente". "En París, este problema aumenta día a día", lamenta el director.

Bajo las estrellas de París plantea una historia tierna y esperanzadora, aunque no exenta de cierta denuncia. Su protagonista es Christine, una mujer sin techo, solitaria, aislada y sin amigos ni familia que sobrevive sin apenas higiene, sin un inodoro y sin luz en la ciudad más glamurosa del mundo. Está tan sola que apenas se comunica con los pájaros, no cruza palabras con otros sin techo en los comedores sociales y no se deja ver por desconocidos. Un día, en su escondite bajo las instalaciones del metro, un niño pequeño procedente de África se acerca. Suli (Mahamadou Yaffa), de ocho años, ha perdido a su madre, está solo y no habla francés.

Tal y como cuenta Drexel, su documental Al borde del mundo -proyectado en el Festival de Cannes 2013, dentro de la Sección ACID Cannes- fue rodado antes de la gran llegada de inmigrantes a Europa, que se produjo en 2015. Sin embargo, entre 2017 y 2018, cuando escribieron el guion, "era imposible hablar de los sin techo sin hablar de la inmigración, porque también están en la calle".

Aporofobia y empatía

Al director de esta película le ponen "un poco de mal humor" los miedos, las fobias y los rechazos al prójimo y defiende la empatía como herramienta para combatir la epidemia de la aporofobia. "El miedo que se tiene a la gente que vive en la calle es como el miedo a la muerte. Es algo desconocido que te puede ocurrir a ti. No es algo ajeno, pero lo curioso es que uno no termina en la calle sin motivos. Quienes viven en la calle han tenido un trauma, algo se ha quebrado en sus vidas, ya sea de niños, de adolescentes o de jóvenes, que les ha quitado la resiliencia, la capacidad de adaptarse", sostiene el director.

Lo terrible es no poder encontrar nunca la mirada del otro, no verse reflejado, no pertenecer a nada, no estar en la mirada de los vivos, por eso también hay que interesarse por el otro"

"Vivir en la calle es algo muy violento, muy duro y muy difícil. y no es solo la falta de comodidad -después de todo, nuestros antepasados durante la edad de piedra vivieron a la intemperie- pero lo terrible es no poder encontrar nunca la mirada del otro, no verse reflejado, no pertenecer a nada, no estar en la mirada de los vivos, por eso también hay que interesarse por el otro", defiende el director de esta película.

En cualquier caso, defiende que vivir en la calle también es algo "subversivo", porque supone renunciar a todo y, especialmente, a aquello que supone "vivir en la sociedad: trabajar, ganar dinero y gastar".