Pocas cosas quedan por decir sobre Mediterráneo (1971), el disco que consagró a Joan Manuel Serrat y aumentó el gancho de la canción de autor en castellano. Medio siglo después de su lanzamiento y triunfo inmediato, Vozpópuli consulta a tres músicos de prestigio, vinculados al álbum de distintas maneras. Cada uno nos cuenta alguna clave o secreto valioso, que sirven para profundizar en estas canciones sin fecha de caducidad, pegadas a la sensibilidad musical de nuestro país. En el caso de Xabier Baró, incluso se atreve a argumentar -con respeto y rigor- sus enmiendas artísticas. Lean y disfruten...

Ismael Serrano: “Uno pretende seguir esa tradición, pero no está a la altura”

“Probablemente Mediterráneo es uno de los discos más importantes de la música en castellano y, sin duda, de mi formación musical y sentimental. Para mí tiene que ver con mi infancia, mi crecimiento, mi formación… A veces, cuando escucho Mediterráneo me pregunto quién es hoy continuador de estas canciones, de esa tradición. Uno pretende hacerlo, pero evidentemente no está a altura. Me refiero a que son canciones que hablan mucho, o que apelan, al ‘nosotros’, a los paisajes colectivos, a los anhelos comunes. Mediterráneo cuenta una historia compartida por todos los que habitan su orilla, depósito de sueños, mitos, leyendas...'Pueblo blanco' se adelanta al mito de la España vacía en el sentido de que intuye que se van los jóvenes y que solo van a ir quedando los mayores. También apela a todos 'Barquito de papel', que es una referencia a la infancia. Para mí, todo eso habla de una cotidianidad compartida y yo no sé si alguien sigue haciendo eso ahora. Como hijos de una sociedad hiperindividualista, nos miramos más el ombligo y desatendemos los paisajes comunes que la canción de autor siempre ha atendido. Mediterráneo es especial por eso, por ejemplo canciones como 'Tío Alberto' o 'Vagabundear'.

¿Si cualquier músico joven compone ahora un equivalente a ‘Pueblo blanco’ van a pinchar las emisoras la historia de un lugar que se va deshabitando?", se pregunta Ismael Serrano

Mediterráneo también es representativo de la canción de autor porque establece vínculos entra la figura del cantor y el poeta, poniendo música a unos versos de León Felipe. Luego Serrat seguiría con Machado, Miguel Hernández y Benedetti (como hizo Paco Ibañez con Celaya, Goytisolo, Bécquer y tantos otros). Desde el punto de vista poético, es un hito porque no creo que se hayan escrito después canciones tan bellas como 'Lucía' y 'Aquellas pequeñas cosas'. 'Lucía' es una de las canciones más versionadas de la música popular española. También es muy de cantautor intentar dar una dimensión poética a las cosas cotidianas, una épica de lo rutinario. Eso conecta con la poesía de la experiencia y le da al disco un grado de profundidad distinto; engrandece nuestra vida con historias que parten de lo pequeño, de lo que todos hemos experimentado. También me pregunto si, en el caso de que alguien lograra volver a hacer un disco así, ese disco podría sonar en la radio actual. ¿Si cualquier músico joven compone ahora un equivalente a ‘Pueblo blanco’ van a pinchar las emisoras la historia de un lugar que se va deshabitando?

Desde el punto de vista musical, Mediterráneo rompe con el cliché de que los cantautores privilegian la letra por encima de la música. Aquí se consigue algo muy equilibrado. Mención aparte merece Juan Carlos Calderón, responsable del arreglo de Mediterráneo, que era un músico muy prestigioso de una época en que los cantautores trabajaban con los mejores profesionales. Ese arreglo, los primeros acordes, es muy reconocible y conecta con el tema jazz 'Take five', que era 5/4 y aquí es un ¾, un tiempo ternario que consigue llevarte al 'Take five'. Resumiendo: Mediterráneo es un hito que ha conseguido seguir acompañándonos medio siglo después. Eso no lo pueden decir muchos músicos".

Sergio Vinadé (Tachenko): “Serrat logra que un hijo de secano como yo sienta esas experiencias como propias

“Cuando una canción trasciende a su tiempo y se convierte en un himno, es que es muy buena. Mediterráneo es una de las mejores escritas en castellano por varios motivos. Formalmente, se consigue ensamblar un ritmo peculiar con una melodía impecable, y el asunto funciona. Pero, además, sus estrofas evocan experiencias que a mí -hijo del secano, escéptico ante el juego de las patrias-, me encanta escuchar, como si las hubiese vivido. El anhelo de fusionarse con algo más allá de la muerte, de pertenecer a algo en vida, porque crees que merece la pena (y luego, ya veremos, que sea lo que tenga que ser), me resulta admirable. Por eso es un himno: porque la puedes cantar trajeado en la boda de tus mejores amigos (sin olvidar darle la vuelta al cable alrededor del micro en mano). Porque recuerda versos como los de Machado, como los de Miguel Hernández. Porque es una canción de amor, como lo son todas las buenas canciones".

Xabier Baró: “Al lado de ese cantante joven, guapo y desafiante muchos sonaban como antiguallas”

"Una amiga que se compraba todos los discos de Serrat me dejó este elepé, un disco que arrasaba. En 1971, Serrat era un ídolo pop, que atraía todo tipo de públicos: ‘progres’ y ‘no progres’, adolescentes, del sector femenino especialmente, y amas de casa. Hasta mi madre, que un día llegó a casa emocionada: habían coincidido en una tienda y había hablado con él -“quin noi més agradable!-”. Antes ya había caído rendida a sus pies con el epé 'Cançó de matinada'. En cambio, yo había dejado de escucharle con el fervor con que escuché sus primeros discos en catalán, no me gustaban las producciones grandilocuentes de su nueva etapa en Novola, prefería las más íntimas y sencillas de sus primeros discos en Edigsa. Pero me seguía interesando todo lo que hacía y le fui a ver en directo en varias ocasiones. Lo que no me acababa de conectar era su lenguaje, esos versos muy bien escritos que a mí me parecían un poco de manual de bachillerato. De unos versos hermosos que captaban tu interés, pasaba a otro que era un tópico, más de manual que extraído del corazón, y la magia se desvanecía. No era un poeta visionario y rebelde ni un compositor impredecible. Pero eso da igual, conectó con mucha gente y llegó a lo más alto.

Mediterráneo, el álbum, para mí no acaba de ser un disco definitivo. La mayoría de canciones tropiezan en versos tópicos, retóricos, excesivamente literarios. Algunas canciones, 'La mujer que yo quiero', 'Qué va a ser de ti', no están a la altura. Y los arreglos musicales me parecen fáciles y previsibles; nunca llevan la canción a otra dimensión ni detienen el tiempo. Pero hay buenas canciones, sí, como la delicada 'Aquellas pequeñas cosas', que recuerda al Serrat del principio, el autor de maravillas como 'De mica en mica' o 'Mi niñez'.

Para mí, la mejor canción del disco es 'Pueblo Blanco', con versos potentes: “Y me pregunto por qué nacerá gente/ si nacer o morir es indiferente”; o “Escapad gente tierna, que esta tierra está enferma, y no esperes mañana lo que no te dio ayer, que no hay nada que hacer”; o “Pero los muertos están en cautiverio y no nos dejan salir del cementerio”. También 'Barquito de papel', una canción sobre la niñez perdida y añorada, o la extraordinaria 'Vencidos', poema de León Felipe en torno a la figura de Don Quijote, con ese verso desgarrador “hazme un sitio en tu montura, caballero derrotado”, que Serrat canta haciéndolo suyo, y que cierra el disco en un tono comprometido que pone fin a la primera etapa de Serrat como ídolo pop, anunciando su futuro camino, más adulto y mesiánico.

'Mediterráneo' aglutina cien pueblos, millones de almas, de sueños, de tragedias...", destaca Xabier Baró

Y, claro, está Mediterráneo, la canción monumento, el himno que se alza como un gigante mitológico y trasciende el tiempo. Un regalo de la musa, sin ninguna duda. Con aire de milonga, la canción queda forjada con letras de fuego en la roca de los tiempos. Me parece una canción soberbia que escapa a todo análisis. Qué importa que el ritmo me parezca prisionero de un corsé rítmico de acordes poco luminosos y encerrados en sí mismos. Da igual, la canción los atraviesa como empujada por los espíritus de marineros de todas las épocas, y de niños, de enamorados… Me recuerda una canción tradicional catalana, 'La donzella de la costa', en que una muchacha está bordando un pañuelo frente al mar y es raptada por un marinero. Esa es la grandeza de esta canción, aglutina cien pueblos, millones de almas, de sueños, de tragedias. Viene del pasado y habla de la patria espiritual y pagana que es el Mediterráneo.

Cierro con un epílogo: nadie hasta entonces había escuchado un cantante en castellano, joven, desafiante, guapo, que cantara canciones inteligentes que sobresalían del resto de los cantantes de la época, dejándolos a años luz, con sus antiguallas, que era comprensible para todo el mundo y se situaba cerca de las clases populares y obreras (que entonces todavía existían). Creo que a eso se le llama un cantante popular. Sin olvidar, tampoco, que dio origen a todo un movimiento de cantautores. Pienso en Víctor Manuel, Valen, Mari Trini, Pablo Guerrero, Emilio José... no habrían sido lo mismo sin su influencia".