Cultura

Sabino Méndez: “El exceso siempre es un error, no nos engañemos”

Sabino Méndez.
Sabino Méndez. Cortesía Anagrama

Sabino Méndez llegó a Madrid desde Barcelona en 1979. Tenía 18 años, a Loquillo por compañero de viaje y la firme intención de reventar la ciudad. Les fue bien, y mucho, con el Loco y los Trogloditas. A finales de los años ochenta, en la cima de su fama, Sabino Méndez abandonó la guitarra eléctrica y el grupo en el que tocaba para dedicarse exclusivamente a los libros. Debutó con Corre, rocker (2000),  al que siguieron Limusinas y estrellas (2003) y Hotel Tierra (2006). Ahora, Sabino Méndez regresa con una nueva entrega de ficción: Literatura universal, recientemente publicada por Anagrama.

A finales de los años ochenta, en la cima de su fama, abandonó la guitarra eléctrica y el grupo en el que tocaba para dedicarse exclusivamente a los libros.

A mitad de camino entre la parodia de la novela iniciática, la autoficción y la reflexión sobre la propia literatura, Sabino Méndez narra en esta novela la historia de Cárdenas, Simón y Valls, tres chicos que se conocen en un colegio de curas del tardofranquismo: son los más díscolos de entre todos. Procedentes de entornos muy contrastados, sus complicidades y entusiasmos se enfocan hacia los libros, el rock, las películas y las drogas. Su paso de Barcelona a Madrid dibuja una ruta -evidentemente autobiográfica- en la que Sabino Méndez se vale de la peripecia para tomar prestadas las palabras de los grandes maestros de la literatura. ¿Hasta dónde se es lector y escritor? ¿Quién copia y por qué?

Un libro que reflexiona sobre el trabajo literario con frases brillantes que, por cierto, Sabino Méndez no reconoce dentro de su propio libro; acaso por hacerse el irónico, o porque no las recuerda. Una de ellas, ésta: "Mi lucha con las palabras es insólitamente dolorosa porque descubrí que, a veces, modelo un montón de escombros con las manos".  Méndez, irónico, responde: "Debe proceder de una de las citas porque es demasiado buena como para haberla escrito yo". El paso de la música a la prosa, la idea sobrevalorada del exceso y, por supuesto, su vocación literaria. Esos son algunos de los temas de esta conversación. 

"A la hora de la verdad, todo sucede en el mismo momento y en el mismo plano dentro de nuestros cerebros. La lírica simplemente es prosa reconcentrada"

-De la lírica y la música a la prosa literaria, ¿cuán larga y llena de baches está esa carretera?

-No hay carretera, no hay desplazamiento, no hay trayectoria temporal. En realidad, todo eso del tiempo es un simple espejismo matemático. A la hora de la verdad, todo sucede en el mismo momento y en el mismo plano dentro de nuestros cerebros. La lírica simplemente es prosa reconcentrada. Hay días en que uno siente la necesidad de la esencia y la concentración, con los músculos y tendones tensos y la atención del cerebro afilada. Otros días, en cambio, uno se levanta disperso y quiere palpar con todo su cuerpo esa cualidad ondulante de la vida, sentir que nos inunda, va y viene. Y para eso la prosa es insuperable.

-¿Novela iniciática, parodia de la novela generacional o aparato meta literario?

-Hay de todo un poco de cada cosa de esas que citas. Y, además, gotas de autoficción, acertijos gentiles, bromas con la cultura y con el lector, etc. Todos esos ingredientes caben en la poción y le dan sabor. Incluso eso del "aparato meta literario" que suena un poco como a juguete erótico de una sex-shop.

"Aparato meta literario suena un poco como a juguete erótico de una sex-shop"

-Dice que la literatura lo salvó de la locura, ¿qué le hace pensar que está realmente a salvo?

-En realidad, era solo una frase para dar un titular épico de esos que tanto gustan a los medios. La terrible verdad es todo lo contrario: yo estaba contento por haber sido capaz de disimular mi locura durante cincuenta y cinco años y pasear por la calle, pasando desapercibido, con un símil bastante bien conseguido de trabajo y vida civil. Pero al final me he delatado de la manera más tonta. A raíz de este libro, todo aquel que lo lea se va a dar cuenta de cuán loco estoy. Porque hay que estar un poco loco para intentar un trabajo como este.

-Cárdenas, Simón y Valls, se mueven desde el pasado hacia el presente, entre Madrid y Barcelona… ¿Hacia dónde se mueven realmente sus protagonistas? ¿Al optimismo clausurado?

-Hacia la nada a toda velocidad, como bien indica el título de la última parte. Una nada que también tiene sus ventajas. Porque el optimismo puede clausurarse, la ilusión puede desencantarse, pero todas esas decepciones son imposibles con la nada. La nada tendrá muchos inconvenientes pero una segura ventaja: no decepciona porque no promete.

"La nada tendrá muchos inconvenientes pero una segura ventaja: no decepciona porque no promete."

-¿Cuál fue su punto de inflexión en lo que al mundo de literatura respecta?

-No existieron nunca puntos de inflexión, sino, desde los ocho años, una especie de inundación sólida, seria e imparable de todo mi cuerpo, personalidad y mente. Tras la pubertad, esa inundación alcanzó aproximadamente tres cuartas partes de mi globo mental. Últimamente, la proporción ha subido hasta tales extremos que me temo queda apenas un trocito de tierra firme. Necesitaba saber como desplazarme en ese océano y por eso busqué ayuda en la unidad de Estudios Biográficos o el departamento de Teoría Literaria de la universidad de Barcelona. Ellos me descubrieron como podía navegar en ese océano con un ágil balandro (ocho metros, casco de aluminio).

Un detalle de la portada de Literatura universal (Anagrama)
Un detalle de la portada de Literatura universal (Anagrama)

-¿De qué forma Literatura universal retoma Hotel Tierra

-Salvo en la construcción de la voz narrativa, no creo que haya grandes puntos de contacto entre Literatura universal y Hotel Tierra. E incluso, aunque el mecanismo de construcción de la voz fuera similar, los tonos, objetivos y resultados de esa voz creo que son diferentes. Puede quedar disimulado por algunos mínimos denominadores comunes (personajes cogidos del mundo de la música, el hecho de que ambos son a fin de cuentas operaciones de artificio literario) pero son libros bastante diferentes en forma y fondo, sin demasiado contacto entre sí.

-El exceso como forma de vida versus el exceso como género literario... ¿Con cuál se queda?

-El exceso siempre es error, no nos engañemos. Lo que sucede es que (gran paradoja) de la errata suele aparecer la mutación saludable, lo inesperado, la ventaja adaptativa, la superior eficacia que nos lleva muchas veces a interesantes descubrimientos tanto en vida como en literatura y cambia nuestra historia para siempre.



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