Ella ha sido todas sus mujeres. La Marie Curie de La extraña idea de no volver a verte. La detective Bruna Husky, una replicante que apareció por primera vez en Lágrimas en la lluvia (Seix Barral, 2011) y a la que ha dedicado una saga. Incluso la Soledad Alegre de La Carne (Alfaguara), su más reciente novela. Hay trazas de sus personajes en esa mujer que repreguntaba a picotazos y que la vida convirtió en novelista, la misma a la que han reconocido con el Premio Nacional de las Letras, el más revoltoso de todos cuanto se hayan concedido. 

Rosa Montero (Madrid, 1951) vive instalada en esa forma tan suya de ser Peter Pan. Cuando habla, no para de moverse y deja al descubierto esa línea de pájaros tatuados que van de la muñeca al cuello. La Montero ríe y al mismo tiempo se resiste; escucha e interrumpe. Va a trompicones, con la fuerza de esas mujeres que ha imaginado para contarse a sí misma. 

 "Todas mis novelas son novelas de supervivientes", dijo sobre su reciente novela La Carne. Al momento soltó una de esas risotadas suyas, una risa carnívora, llena de pura lengua y dientes que suenan de solo verlos. “Estoy convencida de que la escritura salva. Los novelistas tenemos una conciencia muy aguda de que escribir nos salva de la locura y de la disolución, de lo contrario nos descoseríamos y nos haríamos pedazos”. Y de eso va su escritura. De eso.  De revolverse. De rebelarse. De ser una cosa y otra. Una hibridación. 

Estudió periodismo y psicología. Hizo teatro independiente. Escribió en Fotogramas, Pueblo, Posible y El País, cabecera en la que escribe desde 1976. En 1980, ganó el Premio Nacional de Periodismo para reportajes y artículos literarios, y en 2005 el de la Asociación de la Prensa de Madrid a toda una vida profesional.  Ha escrito novela, ensayo y hasta un taller de escritura ilustrado por Paula Bonet.