Cultura

Remedios Zafra: "La cultura contemporánea es especialmente ansiosa"

La escritora considera que la cultura actual nos aboca a "autoenvasarnos y autoexplotarnos" en tiempos breves, como chasquidos, sin que se generen de verdad "situaciones para profundizar"

Remedios Zafra: "La cultura contemporánea es especialmente ansiosa"
Remedios Zafra: "La cultura contemporánea es especialmente ansiosa"

La escritora Remedios Zafra (Córdoba, 1973) es la voz de la pausa en un mundo saturado de voces que chillan y predican a toda velocidad. Su discurso suena a reflexión, tolerancia y feminismo y pudo escucharse el pasado jueves en Zaragoza.

Vino a hablar en el seminario "Crítica y Contracrítica. Comunicación cultural en España" sobre los profundos y sigilosos cambios que Internet está ejerciendo en nuestras vidas, y sus palabras habladas afectan tanto como las escritas en libros como "Ojos y capital" o el último, "El entusiasmo", premio Anagrama de ensayo el año pasado.

Afectan porque consiguen que nos pongamos delante del espejo y hagamos algo que apenas hacemos o hacemos mal: pensar.

La cultura contemporánea es especialmente ansiosa y nos aboca a autoenvasarnos y autoexplotarnos en tiempos breves"

Durante una entrevista con Efe, Zafra sostiene que "la cultura contemporánea es especialmente ansiosa" y nos aboca a "autoenvasarnos y autoexplotarnos" en tiempos breves, como chasquidos, sin que se generen de verdad "situaciones para profundizar".

En la era digital, bajo esa tiranía bicéfala que forman la saturación de información y el botón de "bloquear", la cultura se ha hecho excesiva porque se ha hecho excesiva su producción, así que entre tantas y tantas voces que crean, las obras caducan enseguida y a los creadores, y esto es peor, les va absorbiendo la precariedad.

Se mezclan ingredientes no muy saludables: la caducidad, la velocidad, el exceso y la vulnerabilidad, señala Zafra, profesora de la Universidad de Sevilla, y de la mezcla sale la "inercia de dar voz a todo el mundo", pero de tal manera que "se satura" la comunicación y se nos priva de "eso que es tan básico: el tiempo para pensar".

En un mundo más conservador

En la era digital comemos información tan rápido que nuestros estómagos (cerebros) la digieren mal. Las redes sociales, apunta Zafra, nos han situado en la necesidad de tener opinión sobre todo, por lo que al final construimos "opiniones rápidas, casi preconcebidas", puesto que son "las que mejor toleran esa rapidez". El mundo que dibujamos con tanta celeridad y precipitación es "un mundo curiosamente más conservador".

"La colectividad online se suele cohesionar ligeramente, crece de manera espontánea y se retroalimenta considerándose diversa cuando en verdad las redes nos caracterizan de modo muy parecido. Ese botón mágico de 'eliminar, borrar, bloquear' termina excluyendo al que disiente y evitando el conflicto", explica la autora de "(h)adas".

Porque, en la era digital, la discrepancia es implacable: pulsas un botón y fuera. "Esa tendencia nos pone como interlocutores a personas que refuerzan lo que pensamos", concluye la escritora cordobesa, "y eso es malo porque crea espejismo de diversidad en la homogeneidad".

Intimidad a subasta

Internet, además, ha difuminado la línea que separa lo público de lo privado. En su ensayo "El entusiasmo" vive una chica llamada Sibila que hace lo que tantas personas en sus rutinas: ver el mundo desde la pantalla, socializar desde la pantalla, amar desde la pantalla.

Dice Zafra que la posibilidad de entrar al mundo desde la habitación, un espacio cerrado e íntimo, genera una potencia "enorme", especialmente para tejer relaciones con otros/as, pues al final se cultiva el deseo a distancia, que es el más poderoso de los deseos. No es casual que la industria del "amor on line" arramble tanto dinero en la era digital (junto a la del porno).

Sin embargo, se avistan riesgos y peligros, como apunta la escritora, y uno de ellos ya convive con nosotros: "el mensaje de que cuanto más íntimo, más auténtico, más morboso y más real".

Determinadas plataformas fomentan esa "búsqueda del yo como producto", destaca Zafra, hasta el extremo de que se ha normalizado "el ofrecimiento público de nuestra vida privada".

Y esta subasta de intimidad, a diferencia de otras fases históricas, hace distinta la actual era digital.

Escuela pública y feminismo

Pensadores y autores como Emilio Lledó y la propia Zafra encendieron la luz de alarma hace tiempo y tratan de que los demás las veamos. Que sepamos en qué lugar vivimos.

La última ganadora del Anagrama de ensayo considera "necesaria la revitalización del pensamiento, de las humanidades y de la filosofía en una época que ha desterrado el pensamiento lento". Una época en la que prima la captura de pantalla, la información a través de titulares, resúmenes, tuits y posts.

Malos tiempos para pensar.

El primer sitio al que hay que llevar la pausa, "el espacio vacío", es a la escuela, porque "en el espacio vacío" es donde nos hacemos preguntas y donde pensamos. Donde cabe incluso la incomodidad.

Y sabemos que la incomodad facilita conocernos mejor, y en consecuencia, cambiar lo que no nos gusta.

Zafra se enorgullece de la "alianza feminista" que deslumbra ahora en la era digital"

La escuela pública debe ser también la vivienda habitual de la igualdad de género, del feminismo.

Entre tanta señal de alarma, no todo es desalentador. Zafra se enorgullece de la "alianza feminista" que deslumbra ahora en la era digital porque ha sabido aprovechar precisamente esa potencia intrínseca: compartir lo privado, "hermanando a las mujeres". En este caso, compartir situaciones de abuso que se habían normalizado.

Pero debe persistir la incomodidad. El 8M no es un logro, sino "un primer paso", y la reciente sentencia de La Manada lo acaba de confirmar.

Tal y como recalca Zafra, para que ese primer paso sea definitivo, para que en la era digital poco a poco prevalezca la educación sexual igualitaria, para que se asuma la visión de género en todas las cosas; y para que vaya brotando una nueva masculinidad, la escuela pública es crucial.

Como lo es para recuperar el tiempo. Para pensar de nuevo. Pensar despacio, a ser posible.



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